Nuevas presentaciones del Ballet Nacional de Cuba

Nuevas presentaciones del Ballet Nacional de Cuba

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Ballet Nacional de Cuba, Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso
  • Esta temporada marca el “debut” en el papel de Carmen de la primera bailarina Grettel Morejón, así como el de un grupo de jóvenes talentos, cuya madurez artística, humana y espiritual se puede apreciar en cada personaje. Foto: Nancy Reyes
    Esta temporada marca el “debut” en el papel de Carmen de la primera bailarina Grettel Morejón, así como el de un grupo de jóvenes talentos, cuya madurez artística, humana y espiritual se puede apreciar en cada personaje. Foto: Nancy Reyes

A medio siglo del estreno del ballet Carmen y al centenario del natalicio del maestro Alberto Alonso (1917-2007), figura histórica de la danza escénica cubana, el Ballet Nacional de Cuba (BNC) y su directora, la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza, dedican esta temporada a evocar la memoria de uno de los fundadores de la casi septuagenaria Escuela Cubana de Ballet, en la sala García Lorca del Gran Teatro de la Habana Alicia Alonso durante dos fines de semana del mes de octubre.

El programa artístico incluye tres de las obras más aplaudidas del repertorio de la emblemática compañía: Umbral, con coreografía de la eximia ballerina, música del maestro Johann Christian Bach, y escenografía de la carismática artista de la plástica Zaida del Río.

A la luz de tus canciones, con coreografía de Alicia Alonso y música de los maestros Ernesto Lecuona (1895-1963), Orlando de la Rosa (1919-1957) y Adolfo Guzmán (1920-1976), deviene una obra dedicada a la ilustre cantante lírica Esther Borja (1913-2013), por el centenario de su natalicio.

Umbral, con coreografía de Alicia Alonso, quien le rinde tributo de admiración y respeto a su inolvidable maestro George Balanchine al evocar determinados aspectos de su estilo en esa coreografía, que tiene como solistas a Ginett  Moncho, Claudia García  y Raúl Abreu.

Cierra esas funciones de lujo, Carmen, con coreografía y libreto de Alberto Alonso, quien se inspirara en la novela del escritor francés Prosper Mérimée y en el libreto de los narradores Henry Meilhac y Ludovic Halevy, para la ópera homónima del maestro Georges Bizet, y música del maestro Rodion Schedrin, sobre la original de Bizet

Esta temporada marca el “debut” en el papel de Carmen de la primera bailarina Grettel Morejón, así como el de un grupo de jóvenes talentos, cuya madurez artística, humana y espiritual se puede apreciar en los disímiles personajes protagónicos que interpretan en esa joya de la danza universal. Entre ellos, Rafael Quenedit, Patricio Revé, Ariel Martínez, Bárbara Fabelo, Claudia García, Glenda García, Adrián Sánchez, Luis Fernández y Adniel Reyes.

Junto a los bisoños danzarines, el público puede percibir —con meridiana claridad— la excelencia artístico-profesional que identifica, en cualquier escenario del mundo, a las primeras bailarinas Anette Delgado, Viengsay Valdés, Sadaise Arencibia y Ginett Moncho; todos ellos muy bien secundados por solistas y miembros del cuerpo de baile.

Desde hacía algún tiempo, los amantes nacionales y foráneos del arte de las puntas, así como los colegas de la prensa especializada, esperábamos con fervor que dicha agrupación danzaria reapareciera en el legendario Coliseo de La Habana Vieja, para recibir esa caricia única e irrepetible que los integrantes de la compañía les otorgan a los fieles admiradores cubanos y extranjeros, quienes pueden deleitarse con la maestría que los caracteriza en cualquier teatro de los cinco continentes, a donde Alicia y su “troupe” han llevado lo mejor del arte danzario de todas las épocas y todos los tiempos.

Entre otros aspectos de puntual interés, habría que destacar —sobre todo en la obra Carmen— la entrega en cuerpo, mente y alma de las bailarinas que interpretan el papel de la sensual gitana, signada por Tanatos (la muerte), desde que aparece en el proscenio; contexto donde combinan —a la perfección— la técnica académica y la interpretación teatral (dúo que configura una unidad indivisible), el respeto al estilo, la letra y el espíritu de la obra creada por el genio y el ingenio del eminente coreógrafo insular, la limpieza —no exenta de elegancia— en los movimientos corporales, así como la elocuencia del lenguaje gestual; elementos —entre otros— en que se estructura el ballet clásico.

Por otra parte, es necesario insistir en el hecho de que la danza es una realidad que fluye y refluye, como las olas de un mar apacible o bravío, dentro de lo inmóvil, y se hace movimiento físico, que implica emociones, pensamientos, vivencias, experiencias, contradicciones. Al mismo tiempo, la danza deviene efímera y eterna, porque procede del sentimiento, hacia el cual lleva a los danzarines, y los empuja, con la misma fuerza que —según el Apóstol— “el huracán arrastra y destruye”. Indicadores teórico-conceptuales y metodológicos que los bailarines han interiorizado e incorporado a su estilo único e irrepetible de danzar.  

No creo, sinceramente, que a nadie que haya asistido a las recientes presentaciones del BNC albergue la más mínima duda de que los intérpretes, tanto los debutantes, como los ya consagrados, han evocado —con “afecto y respeto ternísimos”, al decir martiano— la sagrada memoria del maestro Alberto Alonso, con motivo de las cinco décadas del exitoso estreno de Carmen.