Nunca me he sentido una víctima

Nunca me he sentido una víctima

Etiquetas: 
: Escritores, Eldys Baratute, Guantánamo
  • “Junto a eso, el trabajo que hago desde la AHS me complementa y también a mi obra”, confiesa Baratute. Foto: Cortesía del entrevistado
    “Junto a eso, el trabajo que hago desde la AHS me complementa y también a mi obra”, confiesa Baratute. Foto: Cortesía del entrevistado

La obra de Eldys Baratute (Guantánamo, 1983) ha despertado emociones —digamos de variadas índoles— en el público lector. Juzgado unas veces, admirado casi siempre, las temáticas que aborda en sus historias ofrecen una muestra del oficio y perspicacia de un autor que conoce —con certeza— el sendero a transitar. A sabiendas de lo que realmente adquiere valor en la escritura, no se ha limitado a tratar en su obra lo que le ha interesado, no se ha sometido ante prejuicios ni miradas escépticas que ofrecen aquellos que se escandalizan ante lo que consideran “inaceptable” en literatura para niños y jóvenes.

“Quisiera que en mis libros la gente descubra emoción, sentimiento, felicidad y tristeza. Cuando el hombre se emociona está prevaleciendo su condición de ser humano y eso es lo que se necesita hoy: seres humanos”, de esta manera se expresa un creador que, aunque joven, logra transmitir realidades afines a muchos a través de sus personajes, incita al cuestionamiento y a la reflexión, siempre desde perspectivas que encuentran sustento en la realidad.

En función de otros

Recientemente te fue otorgado el Premio Nacional de la Crítica Literaria, por tu libro Otras tonadas del violín de Ingres[1]. ¿Qué de nuevo trae este cuaderno a tu obra ya conocida?

El premio de la crítica llegó en un año en el que no había recibido ningún otro premio (sólo menciones) y aunque resulte cliché decirlo: no me lo esperaba. Sin embargo, que lo haya ganado exactamente mi cuaderno Otras tonadas del violín de Ingres, me anima a continuar con proyectos nobles como este. En el libro aparecen nueve historias inspiradas en obras de pintores de la vanguardia cubana. Me refiero a Fidelio Ponce con Los niños, Amelia Peláez con Flores amarillas, Víctor Manuel con Gitana Tropical, Marcelo Pogolotti con El Intelectual, Wilfredo Lam con El rey del juguete, René Portocarrero con Retrato de Flora, Mariano Rodríguez con Las Comadres, Carlos Enríquez con Rapto de la guajira y Eduardo Abela con La joven de la mano verde.

La idea era crear una historia que reflejara mi lectura sobre la pintura y al mismo tiempo incorporarle elementos de la vida del pintor. Como debes suponer, fue un libro que demandó un largo proceso investigativo, pero al final valió la pena porque a la gente le ha gustado, se han publicado varias reseñas y ahora resulta que ganó el premio de la crítica, así que definitivamente ha corrido con mucha suerte.

¿Qué representa para un escritor joven como tú tan importante galardón?

Evidentemente mucho temor, saber que otros autores con libros imprescindibles para la literatura cubana lo han ganado, da un poco de temor, obliga a que respetes más a los lectores y que pienses cada línea que vas a publicar.

Guantánamo es tu ciudad natal, ese espacio donde te has formado como hombre y escritor. Más allá de eso, ¿qué relación guarda la ciudad, su movimiento cultural con el autor que eres hoy?

Guantánamo ha sido el espacio que me vio nacer como creador. Creo firmemente que uno se parece al medio en el que vive, y yo me parezco bastante a mi ciudad. Una ciudad tranquila, apacible, romántica, melancólica, cuando lo requieren las circunstancias y al mismo tiempo, si es necesario, se puede ser la otra cara de la  moneda y notarse apasionada, en ebullición, pragmática, demasiado cerebral. Eso es Guantánamo y al mismo tiempo es Eldys Baratute.

Junto a eso, el trabajo que hago desde la Asociación Hermanos Saíz

(AHS) me complementa y también a mi obra. En la AHS materializo mi vocación de promotor cultural. Este trabajo te obliga a ser más humilde y a olvidarte de tus libros publicados y tus premios y trabajar en función de otros, ese que quizás esté comenzando a dar sus primeros pasos y necesita tu ayuda. Es un trabajo difícil porque hay que lidiar con muchos caracteres, pero cuando veo un libro de uno de mis asociados, o un video clip, o escucho un tema nuevo, veo una coreografía o una obra de teatro que hicieron gracias al apoyo de la organización, siento (aunque suene cursi) que esa obra es también mía y me olvido de los dolores de cabeza que a veces paso, y de las horas que le robo a la lectura y al estudio de la literatura.

Por otro lado, convivir entre bailarines, actores, músicos o artistas de la plática me obliga a beber de referentes artísticos que después salen en mis libros. Como no tengo formación de carrera en humanidades, vivir entre ellos me ha obligado a estudiar para tener criterio a la hora de tomar decisiones, no sólo en lo referente a los artistas, sino también a las instituciones culturales a las que estos pertenecen. Si a esto le sumas que después de conocer a tanta gente distinta, fuera de lo común, uno termina escribiendo sobre su mundo, que también es el mío: los artistas que me rodean, que van a mi oficina todos los días, que comparten conmigo las fiestas de año nuevo, los cumpleaños y también comparten mis tristezas, son primero mi familia y después mis personajes.

Soy un escritor que escribe para la familia

Tu obra dirigida a niños yjóvenes ha sido reconocida con diversos premios literarios, así como por la crítica y los lectores. Al margen de esto, ¿qué bonanzas —desde el punto de vista emocional y profesional—  concede a Eldys Baratute el escribir para este público?

¿Bonanzas? Muchas, sin dudas. Pero, sobre todo, primero divertirme y, segundo, contribuir con la formación de mejores seres humanos, en un país donde tanto se necesita que la gente apele a su humanidad. No quiero que en mis libros se encuentren recetas para comportarse mejor, estudiar o, en fin ser bueno, inteligente y aseado. Quisiera que en mis libros la gente descubra emoción, sentimiento, felicidad y tristeza. Cuando el hombre se emociona está prevaleciendo su condición de ser humano y eso es lo que se necesita hoy: seres humanos.

¿Existen límites claros, objetivos, que permitan establecer diferencias entre la literatura para el lector más joveny la de los adultos? ¿Qué es, desde tu status de autor, la literatura para niños y jóvenes?

Yo, la verdad, no tengo bien claro esos límites. Soy un escritor que escribe para la familia, que es lo mismo que decir que escribo para el que me quiera leer. Los críticos, editores, ilustradores, e incluso algunos lectores, me encasillan en uno u otro grupo etario. Yo no creo en la edad física del lector sino en su edad mental, la misma que está influenciada por la familia, la escuela, el centro de trabajo, en fin, el contexto. El gusto por este o aquel libro siempre está signado por situaciones determinadas que marcan la vida de los lectores, no importa la edad que tengan.

Nunca me he sentido una víctima

Algunos te consideran un autor —digamos escabroso— por los temas (muerte, soledad, religión, sexualidad) que usualmente abordas en tu obra. ¿Qué conjeturas al respecto?

He escrito de todo lo que me ha interesado, desde el cambio de roles, la búsqueda de la felicidad, lo locura, el amor, la incomprensión, la religión, la muerte, y de otros temas que en el momento de la escritura me han conquistado, si aparece algo o alguien que logre conquistarme me dispongo y lo escribo. Yo creo que los temas no determinan la obra de un autor, aunque los encasilladores piensen lo contrario, sino la forma en la que el autor los trata en sí.

Existen diferentes tipos de lectores, influenciados sobre todo por el medio social en donde se desarrollen. Dos niños de la misma edad, aunque estudien en la misma escuela, pueden demandar libros y temas diferentes, porque su formación como lector es otra. Y la formación como lector se debe sobre todo a la influencia de los mediadores y al contexto en donde se desarrolle ese niño. Con respecto a eso me han pasado cosas simpatiquísimas, sobre todo con los libro Marité y la Hormiga Loca y Cucarachas al borde de un ataque de nervios. Cuando Marité… en una escuela muchos maestros ponían cara de indignación porque la niña tiene más de un novio al mismo tiempo, o se burla de sus maestros, o la perra duerme cerca de ella, en la cama. Con las Cucarachas… fue mucho peor, me cuentan que en Jiguaní, un municipio de Granma, una señora fue a la Dirección Municipal de Cultura a quejarse porque ellos, la pobre gente de Jiguaní que no saben ni siquiera quién soy, permitían que se publicaran esos libros. En Guantánamo, en una iglesia protestante, el pastor llevó el libro a la misa y le prohibió la lectura a sus seguidores, al igual que una lectora del periódico Trabajadores que escribió una carta al mismo, con copia a la editorial Oriente, insultada con lo que se estaba escribiendo en el país, todo porque en dos cuentos, de los nueve del libro, hablaban del amor sin barreras y de otras formas de orientación sexual que no son las más tradicionales. Sin embargo, de la misma forma que algunos adultos tienen esas lecturas alarmantes, los niños, que no son más que sus hijos, nietos y vecinos, disfrutan los libros y simpatizan con esos personajes que ya los adultos han condenado. ¿Será que la niñez es más inclusiva, o que las nuevas generaciones serán mejores seres humanos que nosotros? Por eso nunca me he sentido una víctima, por el contrario, cuando me pasan algunas de esas situaciones duermo con la seguridad de que alguien me leyó y se emocionó, para bien o para mal, ah y que además ayuda a hacerme de cierta forma famoso, je, je, je.

Partiendo de tu experiencia personal y escritural, ¿cuál tópico no abordarías en tu trabajo?

Algo que me sea ajeno, que no me estimule, algo que no padezca con dolor o disfrute con alegría, algo que no crea que sea verdad, o que reniegue. La literatura, el arte, es emoción, es sensibilidad, es sinceridad, si no tienes esas herramientas a la mano, entonces no puedes escribir. Ahora mismo no puedo decirte un tema específico, porque quizás de lo que no me interese escribir hoy, mañana, por determinadas circunstancias, termina interesándome.

El mayor reto

¿Cuáles retos enfrenta, en los días que corren, un escritor que concibesu obra enfocada en el público más joven?

El mayor reto es lograr que esos jóvenes te lean. Que sepan que alguien piensa en ellos. Después, cuando abren el libro el mayor reto consiste en lograr que el texto dialogue con los lectores. Es verdad que los temas siempre han sido los mismos, pero la forma en la que el autor las escribe tiene que comunicar, decirles algo a los lectores de este siglo. No pretendo que eliminemos de la literatura al clásico narrador omnisciente. Por el contrario, hay que seguir usando, cuando sea necesario, al narrador omnisciente o a cualquier otro, siempre que la historia lo necesite, y eso matizarlo con elementos del contexto, con buena caracterización psicológica de los personajes, con desenlaces atractivos. Cuando todo eso está bien hecho, y escribimos desde la más sincera emoción, entonces estamos comunicando. Y eso es lo que necesitan los lectores, que se le digan cosas que ellos sientan que son dichas solo para ellos, si no, no hubiese tanta gente pegada a las redes sociales esperando cometarios, a veces lacónicos, sobre cualquier cosa.

 

¿Consideras que existen estereotipos y prejuicios en relación a esta literatura?

Querido, vivimos en un mundo lleno de prejuicios. Existen prejuicios hacia las mujeres, los negros, los gays, los hombres, los blancos, los heterosexuales, los ricos, los pobres, así que imagínate si no habrá prejuicios contra la literatura para niños, a veces por parte de los propios escritores y lo que es peor, en ocasiones por parte de los propios autores para niños. Pero creo que los prejuicios no son importantes si uno no les da crédito, los sufre, los siente. Y a mí casi nunca me hacen mella, no los escucho, es como si no existieran. Prefiero pensar que son muchos los que leen mis libros, se emocionan (no importa si esa emoción incluye la rabia) y tienen un criterio de ellos (no importa si bueno o malo).

Soy alguien que apuesta por el hombre

En otra entrevista[2] opinaste: “Creo infinitamente en el papel transformador de la cultura”. Desde esta aseveración, ¿qué espera el escritor que eres de sus personajes, sus historias?

Yo definitivamente soy alguien que apuesta por el hombre. Por el hombre cívico, que respeta al prójimo, incluso aunque no comparta sus criterios, el hombre que se emociona, se avergüenza cuando obra mal, se le ponen los pelos de punta ante la belleza. El hombre que sueña poder contribuir con el mejoramiento del mundo y que, por lo tanto, lo que sufre el mundo lo sufre él mismo. Ese es mi ideal de ser humano y yo escribo para que, desde mis personajes, mis historias, la gente se acerque más a ese hombre con el que sueño.

Notas:

[1] Diario digital Venceremos: Guantanamero Eldys Baratute obtiene Premio de la Crítica Literaria, Dayana Mesa Giralt:

http://www.venceremos.cu/guantanamo-cultura-noticias/11253-guantanamero-eldys-baratute-obtiene-premio-de-la-critica-literaria

[2] Eldys Baratute: Creo en el papel transformador de la cultura, María Carla Gárciga:

http://www.ahs.cu/eldys-baratute-creo-en-el-papel-transformador-de-la-cultura