Olga Montes. Escena 1. Toma 1

Olga Montes. Escena 1. Toma 1

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Artemisa, Cuba, Olga Montes Barrios, Literatura, Literatura Infantil y Juvenil, narrativa, Cultura

La vida de Olga Montes Barrios bien pudiera ser el guión de una película. Pasiones, metamorfosis, amor, dolor, sacrificios, triunfos y reveses darían para una enjundiosa cinta que seguro sería el deleite de los amantes del género. Pero quienes conocemos su obra ya hemos visto los trailers de ese filme. La escritora artemiseña ha ido entregando parte de sus vivencias en sus textos.

En ellos levanta una tribuna. Por esta vez el entrevistador decanta hacia el manejo certero que hace esta artista de la llamada literatura infantojuvenil. El cuestionario está preparado y Olga Montes sonríe sin nervios. Es una mujer que sabe lo que quiere igual que sus personajes. Ellos se sientan frente a ella. Maluja, el niño de chocolate, Chimbe… Todos se quedan quietos y en silencio cuando comienzan las preguntas. 

― ¿Por qué escribir para los niños?

Escribir para niños supone un compromiso igual al de escribir para adultos. No existen diferencias ni ventajas. Este es un público lector que además de crítico y sensible, es sincero, no acepta poses ni entiende de grandilocuencias, si el libro no le gusta no lo lee ni te alaba para complacerte, por tanto, cuando te diriges a él te expones a la agravante del rechazo. Pudiera decirte que escribo para las niñas y los niños porque disfruto establecer comunicación con ellos/as y lo consigo a través de mis historias. Para colaborar de alguna manera en su formación personal. Para acompañarlos y sentirme acompañada. Además de divertido, me resulta reconfortante.

También pudiera decirte que descubro en este género mi medio de expresión artística y siento la libertad que no encuentro en ningún otro contexto; porque escribir es mi estado natural. O quizás solo sea por la vanidad de trascender, lograr que mi paso por el mundo no sea solo el efímero momento de existir, sin dejar huellas. O por la prepotencia de crear universos y adecuarlos a mi manera. O quizá, ¿por qué no? por la ingenua presunción de intercambiar una experiencia de vida, compartir sueños, miedos, esperanzas.

También pudiera decir que intento pagar una deuda de gratitud con esa etapa de la vida que es la infancia, porque fue allí donde descubrí el placer de la lectura y en los libros encontré herramientas que me ayudaron a ser una mejor persona. Porque siento que me corresponde proporcionar una experiencia similar a las niñas y los niños que me preceden. Pero todo esto no serían más que subterfugios, puros pretextos. Realmente nunca he sentido la necesidad de replantearme una motivación, además, las cosas nunca se hacen por una sola causa. Disfruto escribir para las niñas y los niños, soy feliz mientras lo hago y confío en ser capaz de compartir esa sensación de bienestar.

―Aunque existe en algunos escritores la tendencia a tratar a los niños con diminutivos y alejarlos de algunos temas álgidos presentes en la vida cotidiana, en tu caso defiendes una literatura que familiariza a los pequeños con la realidad. ¿Por qué?

Más que ideología o estilo se trata de una cuestión de respeto. Con las niñas y los niños convivimos y compartimos el mundo. Si los/as menosprecias, si los/as tratas como a seres ingenuos, ajenos a la realidad que los circunda, a los que se debe aleccionar o proteger y no como seres sociales, razonables y activos, que intervienen y participan en el contexto donde cohabitan, si le ofreces una poética banal y pacata, donde no ven representada su realidad inmediata, que no les ayude a pensar por sí mismos/as, entonces estarías subvalorándolos/as, además de privar a la literatura de su poder emancipador para convertirla en un instrumento de manipulación y engaño.

Ciertamente existen temas difíciles de tratar, que requieren más cuidados que otros y si no se abordan con el enfoque adecuado, pudieran ofender, dañar, confundir o generar polémicas, pero estoy convencida de que no es el contenido sino la forma. Con las niñas y los niños se puede y se debe tratar cualquier tema, siempre que encontremos la manera adecuada de exponerlo.

¿Cuáles son a tu juicio los códigos de la literatura infantil?

Yo no me guío por códigos a la hora de escribir. No me gusta enfocarlo así, tan esquemático, ni tampoco he buscado una formulación personal para expresarlo. La persona que pretenda hacer literatura para niños/as debe tener sensibilidad (y no sentimentalismo), respeto por lo que hace, sentido del humor, imaginación, sencillez, algo de fantasía y una responsabilidad tremenda con el tema que se disponga a tratar, además de estar completamente convencido de escribir desde la literatura y no desde otros supuestos, que susciten en ellos la necesidad de seguir leyendo.

―Existe una gran discusión académica alrededor del término infanto-juvenil. Quiero saber tu valoración sobre este tema. ¿Cómo crees que influye en la formación de los menores y su cosmovisión?

Para mí la literatura, la verdadera literatura, es una sola, sea para los niños, jóvenes o adultos. El término infanto-juvenil se lo dejo a los académicos. Siempre que cumpla con su función primordial: colaborar en el crecimiento personal del ser humano, deja que la enmarquen en la palabra que deseen. Cuando el hábito de la lectura se adquiere a una temprana edad, los/as niños/as han obtenido un recurso para mejorar su calidad de vida. No solo para un desarrollo sano de su universo emocional e intelectual, que les ayuda a prepararse mejor para el futuro, sino que en ella encontrarán numerosos beneficios para su progreso individual: desarrollan su empatía, su creatividad, fortalecen su pensamiento crítico, amplían su capacidad de razonamiento y comprensión del mundo. Los niños que leen serán siempre más felices, capaces de definir sus opiniones y expresarlas. 

―En las actividades de promoción literaria que haces por las escuelas y centros, ¿cómo reacciona este público ante las propuestas?

He tenido la posibilidad de llevar mi proyecto de promoción literaria Libros como jardines a las comunidades rurales, zonas de difícil acceso y escuelas. Créeme que es una experiencia extraordinaria.  Ver la reacción de los niños mientras disfrutan del espectáculo es inigualable, además de ser una propuesta que se degusta de ambas partes. Mi objetivo es promover el libro y el hábito de lectura desde la perspectiva del juego y el entretenimiento, que no sea visto como un mecanismo impuesto (porque esto sí es fatal), orientado por la escuela o el adulto, sino como otra variedad de recreación, donde además de divertirse y aprender se enriquecen espiritual y culturalmente.  El contacto personal les permite ver al escritor(a) como una persona real, de carne y hueso, con la que pueden interactuar: hacer preguntas, conversar sobre las historias y personajes, debatir. Deberían hacerse más actividades como estas.

―A partir de tus premios y logros en la literatura te has convertido en Artemisa en una mujer con «fama». ¿Cómo lidias con eso y qué valoración tienes de la promoción que se hace en Cuba a los escritores para el público infantil?

―La fama es una burbuja y para nada me considero una mujer con fama. Puedo decirte con satisfacción que la gente conoce a mis libros más que mí y eso me enorgullece sobremanera. Famosos son Maluja, Chimbe, Doña Basura, El niño de chocolate y todos los demás personajes de mis historias, no yo. Escuchar a las personas en la calle hablar de ellos sin siquiera conocerme me da una alegría tremenda.

En Cuba existen muchos proyectos de promoción de la lectura. Los que ya conocemos de alcance nacional como la Feria Internacional del Libro, el Festival del Libro en la Montaña, FULL y demás. También actividades comunitarias integrales donde se combinan la promoción del libro y la lectura con otras manifestaciones artísticas, como es el caso de Libros como jardines.  Yo considero que pudieran ser muchas más. En la televisión nacional no existe un programa encaminado a la promoción de la literatura infantil y juvenil y sus autores, por ejemplo. Esa pudiera ser una buena propuesta, de mayor alcance. 

― ¿Crees en las hadas, las brujas y los príncipes o te parecen que ya pasaron de moda?

Creo en las hadas, los príncipes, los gnomos, las brujas y todos esos personajes fantásticos y extraordinarios, de lo contrario no pudiera escribir para las niñas y los niños. Ellos/as habitan en algún lugar de este universo, aunque solo sea en el imaginario de ciertos/as escritores y en la capacidad interpretativa de la infancia. Solo que las brujas y las princesas de hoy –así como los príncipes, ogros y todos los demás— no son los mismos de antaño.

Debemos seguir rompiendo estereotipos, construir historias que se correspondan a los nuevos tiempos, darles un enfoque de equidad a las princesas y los príncipes, contextualizarlos. Hay otra mirada al respecto y eso hay que mostrárselo a las niñas y los niños. La fantasía nunca pasará de moda, porque entonces el mundo se volvería demasiado aburrido. Estoy a favor de crear nuevas hadas, príncipes, ogros, brujas y princesas. Se hace necesario.

―Háblame de Maluja.

Maluja es una bruja vieja -así como lo son las historias de brujas- que debe cargar sobre su espalda la maldad de todas las brujas que le anteceden. Las brujas siempre han sido representadas como las malvadas de los relatos, claro, como son mujeres emancipadas, con cierto poder, que se atrevieron a trasgredir las normas, había que diseñarlas bien malas para que fueran odiadas y así poder ajusticiarlas y hacerles pagar su desacato, quemándolas en hogueras. La pobre Maluja no ha conseguido liberarse de este estigma. Ella quisiera chupar caramelos, pero como es una marginada, no tiene más remedio que disfrazarse, montarse en su escoba e ir a los cumpleaños para intentar robarse las piñatas. Pero los niños de hoy son tan listos que siempre le tienden alguna trampa, en la que ella cae ingenuamente. Ya sabes, habrá que ver si esta vez consigue salirse con la suya. Las niñas y los niños ya no temen a las brujas, creo que ahora es al revés.

― ¿Cuánto de niña hay en Olga Montes?

Mucho. Y no quiero madurar. Ojalá esa niña que habita en mí no crezca, que no envejezca nunca.

―Literatura para adultos, para niños, para la tv, para el teatro… ¿Qué te falta por hacer?

Me falta un montón de cosas, de todo eso que mencionas y más. Ojalá el tiempo me alcance para terminar al menos la mitad de los proyectos que quisiera, pero respondiendo a tu pregunta, me falta o me gustaría hacer cine, escribir un guión cinematográfico y verlo realizado.

― ¿Te consideras una mujer realizada profesionalmente?

De la persona que fui, a la que soy, de la persona que pude haber sido, por la vida que me tocó vivir o la que yo escogí, a la que he llegado a ser, siento que hay un crecimiento inmenso. Eso se lo debo en gran parte a la literatura. No puedo decir otra cosa. Sí, me considero, soy una mujer realizada.

― ¿Cómo te ves en 20 o 30 años?

Rodeada de libros, de niñas y de niños y creando más historias para todo el que quiera disfrutarlas.

―Valora la salud de la literatura infantil en Artemisa.

Somos unos pocos, los escritores que escribimos LIJ en Artemisa, pero creo que vamos bien encaminados. Nos estamos haciendo sentir y eso es bueno.

―Proyectos nuevos para los pequeños.

Recientemente acaba de salir el libro Cuento de Maluja y otras brujas, por la editorial Unicornio. El libro Un mensaje sin leer, Premio La Edad de Oro 2018, continúa en proceso editorial por la casa Editorial Gente Nueva; también en proceso El celular encantado, Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2020, que debe publicar la editorial Capiro el próximo año; algunos libros inéditos, unos en concursos, otros no, esperando su oportunidad para existir por sí mismos. Y otras sorpresas, relacionadas con el mundo audiovisual.

 

Olga Montes sonríe. También lo hacen sus personajes que no la abandonan ni un instante como si quisieran protegerla. Pero no es necesario. A esta artemiseña la acompaña el cariño de las niñas y los niños que reciben sus entregas literarias. Esa gratitud que habita en el disfrute de las obras que he visto en manos de pequeños y adultos porque, como Olga, muchos tenemos dentro un niño o una niña que se rehúsan a crecer.