Otro Aire de luz

Otro Aire de luz

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Aire de Luz, Basilia Papastamatiu, Escritores, poesía cubana, Centro Cultural Dulce María Loynaz
  • Basilia Papastamatíu compartió con Rito Ramón Aroche y Edwin Reyes Zamora otro Aire de luz. Fotos del autor
    Basilia Papastamatíu compartió con Rito Ramón Aroche y Edwin Reyes Zamora otro Aire de luz. Fotos del autor
  • Basilia Papastamatíu y Edwin Reyes Zamora. Fotos del autor
    Basilia Papastamatíu y Edwin Reyes Zamora. Fotos del autor
  • Basilia Papastamatíu y Rito Ramón Aroche. Fotos del autor
    Basilia Papastamatíu y Rito Ramón Aroche. Fotos del autor

Basilia Papastamatíu nos entregó este jueves otro Aire de luz. Esta vez nos trajo a Rito Ramón Aroche (La Habana 1961) y a Edwin Reyes Zamora (La Habana 1971).

Ambos poetas han estado ya más de una vez en el espacio de Basilia. Una repitencia que tiene que ver con el rigor que guía en su selección a  la emblemática promotora. Un encuentro a la sombra iluminada de la sala Federico García Lorca del Centro Cultural Loynaz en el Vedado habanero al que concurrieron como casi siempre disímiles generaciones y en consecuencia variadas apetencias literarias.

De manera que, de dos y con dos se hizo la tarde. Como otras veces, Basilia induce al público a que pregunte tras la muestra ofrecida por los autores y, como otras veces, se establece el diálogo feraz e inteligente. Edwin es un poeta que ha publicado poco, pues, según asevera visita y revisita sus manuscritos hasta que al fin decide  darlos a imprenta. Su mayor lauro es el Premio Luís Rogelio Nogeras en el 2004. Lo obtuvo con Catalepsia un poemario cargado de experimentaciones.

Su poesía es a todas luces desafiante, transgresora e inconforme. Leyó poemas inéditos de dos libros en preparación con versos a ratos cargados de un raro lirismo entrecortado y ríspido, sentenciosos y con evidente tono filosófico. Dos libros distintos en su estética pero no en su esencia.

Y a pesar de  ciertas coincidencias, Rito es pues, harina de otro costal.

La poesía de Rito Ramón Aroche  no ha de buscarse en la epidermis del discurso. Jamás en el azucarado símil de intención preciosista. Hay en este poeta el intento del palimpsesto, una poesía de segundas y terceras lecturas donde de la supuesta esencia brota la novedad poética. Nada de partes blandas en su “escozor espléndido”.

Rito es con justa razón, considerado como uno de los poetas más controvertidos de su generación. Revelador de los enigmas a veces siendo él mismo el enigma, se nos acerca por detrás para tender sus redes. Poeta de atmósferas, de misterios que obligan a seguir las pistas a cada palabra para sus desciframientos. Su perspectiva suele ser la de una poética de la resistencia.  Como una aventura suele ser la lectura de sus versos de impronta inusual. Y no cabe otra fórmula que la de reconstruir con él la realidad que esboza en sus textos.

Se trata pues de un poeta que nos implica en sus tejidos. No da margen a lo fácil, lo manido, lo supuesto, pues en su interpretación de la vida están siempre esos reflejos ocultos de la espalda del asunto. A veces se le  imagina blandiendo  su mpaka —aquel recipiente mágico de tierra de hormiga y mieles, salvaguarda de los cimarrones— destellando las otras luces porque la suya es una poesía a la que no nos queda otro remedio que cuestionarla, como, al parecer una clave, para llegar al fondo de su voz. Ripia conceptos añejados y los tiende al sol y ahí, en ese acto,  se descubre su belleza inasible: una categoría de lo onírico fragmentado e inconcluso. Precisamente, como suele ser la vida.

Ambos autores mostraron lo que pudieron en poco más de una hora. Sacaron de sus alforjas las provocativas cartas credenciales y cada cual con su impronta demostró porqué la carismática anfitriona del espacio les invitó para empezar el 2016 con ese sospechoso aire de luz que nos traza, como en un mapa extraño, por dónde van los caminos de la poesía en Cuba.