Paquito López Segrera: 80 años de una vida dedicada al desarrollo de las ciencias sociales

Paquito López Segrera: 80 años de una vida dedicada al desarrollo de las ciencias sociales

Del primer día de clases en la universidad, al entrar en el teatro del Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI) Raúl Roa García –entonces en Miramar—, lo que más recuerdo es el nombre de quien nos dio la bienvenida y organizó esa primera semana de adaptación: Francisco López Segrera. «Llámenme Paquito», dijo, y desde entonces pasó a ser una referencia en el estudio y la vida que comenzábamos, como ya lo era para los estudiantes en años superiores y para el mundo diplomático cubano.

Paquito está cumpliendo 80 años este 15 de septiembre de 2020 y exhibe una destacada labor como investigador, profesor y ensayista. Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de la Sorbona, en París, tras ser Vicerrector del ISRI en los años 80 del pasado siglo. Fue funcionario de la UNESCO entre 1994 y 2002, donde se desempeñó –entre otros cargos— como director del Instituto Internacional de Educación Superior de la UNESCO para América Latina y el Caribe (IESALC).

En 1968 ganó el premio de ensayo Enrique José Varona de la UNEAC con su libro Los orígenes de la cultura cubana (1510-1790). Desde entonces ha escrito 37 libros y es coautor o autor de capítulos en otros 42 textos, algunos de ellos publicados en 7 idiomas.

En 1972 obtuvo mención en el Premio Casa de las Américas con su libro Cuba: Capitalismo dependiente y subdesarrollo (1510-1959) y en 1973 con Cuba neocolonial: clases sociales y política (1902-1959). Sus mayores lauros los obtuvo con el Premio Nacional de Ensayo en dos ocasiones: en 1980 con Raíces Históricas de la Revolución Cubana y en 1987 con La política de la Administración Reagan hacia Cuba.

Miembro de la Asociación de Escritores de la UNEAC, en la sección de Crítica y Ensayo, otros de sus libros han tratado temas como el pensamiento social latinoamericano, la globalización y la educación superior en América Latina, los escenarios mundiales y los desafíos de los estudios universitarios ante el nuevo milenio.

Ha tratado con amplitud lo relacionado con la prospectiva de la educación superior en el mundo, analizando las tendencias y los escenarios hasta el 2030 en un esfuerzo por identificar «los futuros posibles» para escoger los más convenientes y desarrollarlos desde el presente, diseñando una estrategia adecuada.

Ha sido profesor visitante y conferencista invitado en más de 140 universidades, entre ellas: la Universidad Autónoma de México, la Universidad de San Pablo en Brasil, las universidades de Boston, Binghamton, Berkeley, Stanford, Oxford, Riverside, el Instituto de Barcelona de Estudios Internacionales, la Universidad de Salamanca y la Politécnica de Cataluña. Considera que «la clave para permanecer en la docencia es la vocación y el trabajo de superación que debe realizar cada docente desde lo personal».

La docencia es, para él, esencial para mantenerse activo en el aporte de las técnicas de enseñanza y la formación de los alumnos. En ese sentido ha dicho que «aunque seas el Rector, no debes dejar las clases». En la actualidad sigue siendo profesor titular adjunto del ISRI y ofrece periódicamente cursos de Prospectiva de la globalización, Educación Superior Internacional Comparada y en Historia de Cuba.

A partir de su vasta experiencia educativa ha dicho que «los docentes debemos crear y fomentar valores para ser un ejemplo, y tratar de poner en práctica en nuestra vida diaria valores como la humildad», sobre todo porque ve en el alumno «un constructor de futuro».

Ante las nuevas tecnologías y los saberes más actualizados, ha insistido en la necesidad de «continuar en la búsqueda de apropiarse de los nuevos escenarios académicos que demanden calidad y resultados a los retos y exigencias de la educación superior». Pero la principal atención debe recaer en el egresado, en la importancia del conocimiento y en darle seguimiento a su desarrollo como profesional, pues «ese es el mejor indicador de la calidad de las universidades».

Luego de participar en diferentes escenarios sobre las tendencias mundiales de la educación superior, ya fuera como funcionario supervisor o participando directamente en la implementación de prácticas concretas, ha compartido experiencias de extraordinario valor.

Una de ellas fue en 1995, cuando trabajaba en la División Superior de la UNESCO en París, y participó en la fundación de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial (UNGE) ante la necesidad de responder a la compleja realidad de que los estudiantes de ese país estudiaban en Europa y después no regresaban al continente africano.

«Contribuimos a crear la universidad brindando asesoría al Ministro, al Rector y a los académicos de Guinea», dice con orgullo y, a partir de su experiencia en Cuba, facilitó que profesionales cubanos también participaran en el fortalecimiento de la experiencia en ese país. «Eso contribuyó a evitar el “éxodo de competencias” o “fuga de cerebros”», reafirmó complacido.

En otro momento, radicando en Caracas en 1996 como Consejero Regional de Ciencias Sociales de la UNESCO para América Latina y el Caribe, contribuyó también a crear una cátedra en la comunidad indígena de los NASA, en Toribio, Cauca, cerca de la ciudad de Cali. «La primera tarea fue lograr que los indígenas recuperaran su propia historia, escribiéndola», pero como no podían darle diplomas formales de licenciados o máster se les ocurrió otorgar diplomas de ‘maestros en sabiduría’. «Esto tuvo un gran impacto en la comunidad indígena y en la sociedad colombiana», indicó, a tal punto que uno de sus graduados llegó a ser electo como senador de la República.

Esta y muchas otras anécdotas forman parte de su vasta experiencia profesional en Cuba y el mundo, desarrollando la educación superior y participando activamente en la más correcta formación de nuevas generaciones de estudiantes, que jugarán un papel primordial en el desarrollo futuro de la humanidad.

En su entorno más cercano, en relación con Cuba, ha sido sistemática su incursión en las investigaciones y destaca la necesidad no solo de actualizar el modelo económico, sino de «recrear, y crear, un nuevo modelo», a partir de la inversión que el proceso revolucionario ha hecho en el capital humano en más de 60 años. «La Revolución cubana ha sido grande por una ideología y unos valores muy sólidos, que no se pueden perder», ha reafirmado.

En el contexto de la complejidad de las relaciones con los Estados Unidos, publicó un libro titulado Cuba-Estados Unidos: de enemigos cercanos a amigos distantes y ha insistido en que, dentro de los grandes retos que tiene la sociedad cubana, este es un desafío esencial para la supervivencia de Cuba como estado independiente, a partir del interés permanente de los Estados Unidos para no ceder en concesiones sobre lo que consideran su “posesión” desde los tiempos de Jefferson.

Sirva este homenaje a las ocho décadas de una vida dedicada al estudio y al desarrollo de las ciencias sociales, de quien se ha consolidado como referente para los que lo hemos conocido en plena faena o para los que hemos estado al tanto de sus valiosos aportes a las instituciones y tareas que ha desarrollado o a las investigaciones y textos que ha presentado.