Pequeñas piezas de una obra misteriosa

Pequeñas piezas de una obra misteriosa

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Escénicos, Argos Teatro, Carlos Celdrán, Sala Adolfo Llauradó
  • Caleb Casas y Daniel Romero en Misterios y pequeñas piezas. Foto tomada de Cubaescena
    Caleb Casas y Daniel Romero en Misterios y pequeñas piezas. Foto tomada de Cubaescena

Casi en el último tren logré ver la función Misterios y pequeñas piezas, obra con la cual Carlos Celdrán y su colectivo Argos Teatro, se sumaron a las celebraciones por los noventa años del nacimiento de Vicente Revueltas, una de las figuras esenciales en la escena cubana.

Su programación fuera del espacio habitual, la sede de la compañía, situada en Ayestarán y 20 de mayo, permitió que otros muchos espectadores pudierámos apreciar esta obra que resulta muy expresiva de las nociones que su director ha defendido como son la utilización de una escenografía minimalista, el trabajo con los actores desde la fundamentación de enca(r)(n)ar no un papel, sino una vida o un fragmento de esta; desde esa poética de la contención, como ha sido caracterizado el modelo de Celdrán, frente al hecho escénico.

Misterios… toma su nombre de un espectáculo presentado en París por Living Theater, uno de los principales grupos de la escena contemporánea. También por esta razón es el homenaje a Vicente, a sus enseñanzas, a sus aprendizajes, pues fueron los años en que llegó a París, donde conoció otras formas de enfrentar la concepción teatral.

La pieza teatral posee el don de ese misterio que lleva en su título, quizás la sugerencia proviene de llamarla así, aun sabiendo que no es una pequeña pieza. Pero quien puede restarle méritos a una obra que resalta por su calidad probada, por el despliegue actoral de sus intérpretes, aunque los más aplaudidos sean Caleb Casas y Daniel Romero, no podemos negar la experiencia que derrochan José Luis Hidalgo y Yailín Coppola en sus respectivas encarnaciones.

Celdrán ha apostado en sus dos últimas piezas en redescubrir ese espacio interior, esas pequeñas historias de uno mismo que parecerían no llegar a constituir tema para una obra teatral. La maestría en la escritura de 10 Millones y Misterios… proviene de esa mirada personal, de ese prisma de representación, de adentrarse en un escenario casi confesional, donde las dudas y los miedos constituyen lenguajes de expresión de sus vidas y de sus comportamientos.

Aunque la interacción con sus tres estudiantes (A, B, C), con su siquiatra y después con la Mujer que lo cuida, constituyan momentos de enriquecimiento de la historia y de crecimiento dramático, Misterios… es casi un monólogo. Después de la función, varios amigos conversábamos sobre esa posibilidad y es que la obra alcanza un punto tan alto con la historia y con la interpretación de Caleb Casas, que merecería la pena intentarlo.

Cada nueva obra de Argos es una revelación, un punto más para nutrir su itinerario escénico.