¿Por qué ese afán de Brantmayor de fotografiar los rostros?

¿Por qué ese afán de Brantmayor de fotografiar los rostros?

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Plásticos, Casa de las Américas, exposición, fotografía
  • Jorge Brantmayer utiliza la fotografía en la utilidad a la antropología física.
    Jorge Brantmayer utiliza la fotografía en la utilidad a la antropología física.

Desde hace años el fotógrafo chileno Jorge Brantmayer persigue los rostros de los chilenos. Es una manera personal de hacer antropología social. Su trabajo se puede comprobar en su muestra personal Muchedumbre que se exhibe por estos días en la Casa de las Américas hasta el final de diciembre. La exposición llega a La Habana después de haber sido presentada en el Instituto Cervantes de Nueva York y en el Museo de las Américas en Washington. Como su título indica, pretende mostrarnos un gran conglomerado humano en una significativa diversidad.

Parece que este experimentado artista se ha tomado muy en serio la conocida expresión ampliamente conocida de “ser el rostro el espejo del alma”, pues desde hace diez años realiza estudios, organizados en series, que centran su atención en la captación fotográfica de esa parte del cuerpo humano. En la actualidad, suman varios miles las fotografías de rostros que ha realizado. Lejos de buscar una identidad personalizada de las personas ha utilizado por el contrario un modo igual de tratamiento, mostrándolos de frente, con la mirada dirigida al fotógrafo, utilizando la misma iluminación. Se trata en su mayoría de jóvenes. Es su intento de acercarse a ese segmento social del cual puede que como artista espere sean partícipes de futuros cambios en la sociedad chilena. Al menos, esa parece haber sido su intención artística en sus inicios, esperanzado en salir de ese espectro tan amplio una parte significativa de los agentes sociales dinamizadores de la sociedad de su país.

Es la suya una fotografía útil a la antropología física, porque pone de manifiesto a los rasgos anatómicos en su variabilidad y en sus constantes. Y de utilidad además a la antropología social porque da una gama amplia de los estratos sociales representados. Se propuso seguramente reducir la impronta de la subjetividad de cada fotografiado al dejar un margen sumamente estrecho a la expresión elocuente de sus personalidades. Para eso ha empleado un método común en su manera de presentarlos, al reducir las cualidades de las personas a términos comparables, como se acostumbra a hacer en la sociología, al desarrollar indicadores en la descripción de los rasgos fisionómicos y sociales. En correspondencia, pone a todos bajo un mismo régimen visual de presentación formal: con sobriedad, sin foto a color, reducida la gama a las crudas tonalidades contrastantes de la fotografía en blanco y negro, capaces de marcar sutilmente los detalles del rostro, del vestuario y de sus ademanes, trazados con un resalte de líneas duras. No hay suavidad en la presentación de los retratados. Hay sin embargo, una zona sumergida sumamente valiosa de la experiencia que no aparece en las fotos y es la experimentada personalmente por este artista al establecer contactos de diálogo con todas esas personas, por lo cual la obra desplaza su acento de objeto terminado al interés de su carácter procesual que condiciona el modo y los resultados semejantes de las imágenes a pesar de ser tan disímiles los fotografiados.

Parece dirigir a los tomados de muestra en esa selección aleatoria, a la manera emprendida por un director teatral, quien pide un tipo de interpretación a los actores, en este caso a los fotografiados, encaminado a sacar el interior sicológico de una manera muy contenida. Es, por consiguiente, el público quien deberá ejercer el papel de escrutador, con vista a desentrañar qué hay detrás de esos rostros, cuáles son los rasgos ocultos de su temple, cuál puede ser su comportamiento en determinadas circunstancias no mostradas. En el fondo, Brantmayer parece expectante e inquieto sobre cuáles pueden ser los derroteros de estos grupos, especialmente de jóvenes, en el Chile de hoy y de mañana.

Esta serie denominada Muchedumbre es una obra abierta, siempre en proceso. De hecho, su creación en forma de serie permite un no agotamiento del tema, porque es un álbum susceptible de ser continuamente enriquecido a partir de tomar una muestra mayor de su país. Es altamente significativo no ser de su interés captar los rostros de la gente adinerada. Le atraen especialmente aquellos que no han sido favorecidos por la posesión de bienes económicos. Son hombres y mujeres de pocos recursos, vestidos de manera cotidiana. Rostros algo endurecidos por las contingencias atravesadas en sus vidas personales. Los identifica por su nombre y ocupación, escritos en un extremo inferior de la foto. Se muestran deseosos en esas imágenes de provocar en el público la interrogante de quiénes son realmente estas personas. ¿Por otra parte, cómo un país que se propone unitario —Chile, chilenos, susceptible de aplicar a otros países— puede contener interiormente tanta diversidad? Porque lo unitario es falso sino se percibe como coexistencia de lo múltiple.

Estos personajes en las fotos miran al espectador como si desearan atraer su atención, demandándoles preguntas sobre ellos. No se cierran sobre sí mismos. Están dispuestos a responderles acerca de sus historias de vida tan variadas. Son pequeñas microhistorias que guardan silencio en espera de públicos interrogadores. Por otra parte, recuerdan poderosamente las fotos de carné de identidad en todo el mundo, un tanto neutras, encargadas de significar la identidad física del sujeto de una manera escueta, como hacen por su parte igualmente los naturalistas con las especies de animales, buscando acercarse a su estudio tipológico.

También tienen el aire de la pose de las personas fotografiadas en otras épocas. Es muy probable que pasado un siglo, estas fotografías de Brantmayer pudieran adquirir un valor documental, testimonio del aspecto visual de la población del primer cuarto del siglo XXI de esa nación latinoamericana. Ya ha ocurrido con el retrato escultórico y la pintura de épocas pasadas al permitir trazar un panorama visual caracterizador de esas sociedades mediante las imágenes artísticas. Posiblemente ese afán de dejar un legado historicista sería su mayor triunfo y repercusión posterior de su obra. Puede hayan contribuido los estudios de formación universitaria en las artes plásticas, donde el tema del retrato tiene una larga historia milenaria, recién estudiada a profundidad en distintas regiones por historiadores, sociólogos y críticos del arte.

Cabe agradecer a Brantmayer su denodado interés por dejarnos ver una selección de los mejores resultados de ese trabajo llevado a cabo desde hace años, que no da muestras de agotarse, de cambiar a otros rumbos. Al menos se ha ganado el derecho a continuar presentándose ante quienes, curiosos o deseosos de indagación, se pregunten cómo lo más visible de las personas es siempre un recinto extremadamente oculto, enigmático, sicológicamente su baluarte, donde la mirada del otro choca sin poder realmente penetrar.