Portinari: el amigo brasileño de Nicolás Guillén

Artes Plásticas

Portinari: el amigo brasileño de Nicolás Guillén

  • Cándido Portinari. Foto Internet
    Cándido Portinari. Foto Internet
  • Durante la restauración del mural "Guerra y paz" de Portinari en la sede de la ONU. Foto BBC
    Durante la restauración del mural "Guerra y paz" de Portinari en la sede de la ONU. Foto BBC

Se conocieron en Buenos Aires, en 1947, cuando el relevante pintor exponía en una galería de la capital argentina, a la que asiste el poeta cubano varias veces –lleno de admiración por el artista brasileño—, que se reiteran los encuentros y traban sólida y hermosa amistad que duró toda la vida.

A “Candinho (Candito)” dedicó Guillén

 

Un son para Portinari

 

                           Para Cándido Portinari,

                           la miel y el ron

                           y una guitarra de azúcar

                           y una canción

                            y un corazón.

Amigos con muchos puntos en común e igual ideología —comunista—; las artes del brasileño y del cubano —pintura y poesía—, fuerte, extensa, profunda, solo respondían al compromiso contraído con su gente, con los trabajadores de sus respectivos países. Tal como Cándido Portinari pinta el Brasil de la caña de azúcar, lo hace el gran poeta antillano en Cuba desde la literatura.

Cándido Portinari vivía con su familia en Río de Janeiro, pero mantenía su casa natal en Brodosqui, pueblo de la provincia de Sao Paulo, donde naciera en 1903. Hasta esa región cafetalera paulista se fue en tren en varias ocasiones el poeta de Motivos de son acompañando al “italianito” que adoraba siempre volver a la familiar hacienda Santa Rosa, a la casita construida por su padre, hoy “Museo Portinari”. Allí bautiza el poeta cubano a Juan, hijo del célebre pintor.  

Nicolás Guillén tenía gran admiración por el arte pictórico de Cándido Portinari, por sus famosos lienzos Café; Paisaje de Brodoski; Labrador del café; Ante Cristo; La fuma (Tabaco); Guerra y paz, mural pintado en 1956 para la sede de la ONU; entre otros.

Como escribió de Portinari otro gran amigo brasileño del poeta cubano, el novelista Jorge Amado, este pintor “fue uno de los hombres más importantes de nuestro tiempo, de sus manos nacieron el color, la poesía, el drama y la esperanza de nuestra gente. Con sus pinceles él tocó el fondo en nuestra realidad”.