Rafael Lay Apesteguía: eterno director de la Orquesta Aragón

Música

Rafael Lay Apesteguía: eterno director de la Orquesta Aragón

En el contexto de los aniversarios 59 de la constitución de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y en el 38 de la desaparición física del maestro Rafael Lay Apesteguía (1927-1982), quiero evocar —a través de esta crónica— la sagrada memoria de uno de los más ilustres miembros fundadores de la Asociación de Música de nuestra casi sexagenaria organización.

A los 12 años de edad, en su natal sureña Perla del Sur, Lay Apesteguía se incorporó a la Orquesta Aragón; agrupación charanguera de la que —a los 21 años— fue nombrado director cuando su fundador, el maestro Orestes Aragón, tuvo que abandonar dicha tarea por motivos de salud.

Desde ese momento, la Charanga Eterna comenzó a imponer el sonido Aragón, en el pentagrama caribeño y universal, como resultado de las suaves caricias que Lay Apesteguía les imprimía a las cuerdas de su violín; sonido que fue adaptándose a los demás instrumentos de cuerda (piano y violines), viento (flauta) y percusión (tumbadora, güiro y pailas), que configuran una orquesta típica, unido al perfecto empaste de las voces que identificaban —e identifican— a la Reina de las Charangas Cubanas.

Conocí personalmente a Rafael Lay Apesteguía, en febrero de 1959, en un baile que amenizaron los «estilistas del cha cha cha» en el hoy municipio cienfueguero de San Fernando de Camarones. No obstante, ya les seguía los pasos a los «aragonísimos», como los califica la maestra Carmen Solar, Premio Nacional de Radio, desde que se presentaban ante las cámaras de CMQ Televisión, en el gustado espacio El Show del Mediodía, que animaba y conducía el primerísimo actor, laureado locutor y periodista cultural, Germán Pinelli (1907-1996). En ese programa vespertino, la Orquesta Aragón alternaba con la Orquesta de Fajardo y sus Estrellas.

¡Un verdadero show las encendidas polémicas —preparadas para la ocasión, según me confesaron, posteriormente, Lay y Pinelli— que entablaban el director de la Orquesta Aragón y el genial profesional de la palabra hablada!

Entre el eminente violinista y el autor de esta evocación literaria se estableció una relación afectiva, que se mantuvo incólume hasta que un lamentable accidente automovilístico nos privó para siempre de su talento, caballerosidad y demás virtudes que lo caracterizaran en vida, no solo como músico, sino también como padre, esposo y fiel amigo.

¡Gloria eterna a la memoria del maestro Rafael Lay Apesteguía, cuya alma noble y buena duerme en paz el martiano sueño de los justos!