Rasgos ateístas en la literatura cubana

Rasgos ateístas en la literatura cubana

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Escritores, sociedad cubana, Literatura, Ediciones UNIÓN
  • La narrativa de la década del setenta se caracteriza por elementos ateístas como reflejo de la época.
    La narrativa de la década del setenta se caracteriza por elementos ateístas como reflejo de la época.

“Hoy soy otro, que no tiene casi nada que ver con el que fui. Muchos me han preguntado que cómo si fui abakuá, hoy soy revolucionario. Yo les respondo que no es raro, es más, es natural y lógico. Soy de clase humilde, viví en la miseria y la ignorancia, entre dioses bellos pero inútiles”.

La frase anterior le corresponde a Cristino Mora, protagonista de la novela Cuando la sangre se parece al fuego, de Manuel Cofiño. Parlamento que enuncia, de manera explícita, cómo es vista la religión en esta obra. Momentos en que una gran parte de la producción literaria cubana asume una postura didáctica, y como consiguiente, una tendenciosa propuesta ateísta acuña las letras en este período.

El llamado quinquenio gris (1971-1976) fue una época marcada por estas concepciones en la literatura, y caracterizada por la pobreza y el dogmatismo literario, atraso o tabú, en correspondencia con los imaginarios sociales de esta etapa.

La narrativa enarbola el ateísmo partiendo de su carácter “científico”, la doctrina al uso constituyo la única vía para “alcanzar un nivel de pensamiento más evolucionado” y el hombre nuevo.

Uno de los autores más prolíferos de la época fue Manuel Cofiño López. Escritor cubano de cuentos, novelas y noveletas, que marcan el periodo de transición de la Cuba revolucionaria.

Sus obras narran los tiempos de cambio, las transformaciones sociales, los desgarramientos familiares y sociales de la época. Fue uno de los autores más publicados de la década del setenta. Está situado entre los mayores exponentes del “Realismo Socialista” en la Isla. Entre sus obras más destacadas se encuentran los cuentos, Tiempo de cambio, Los besos duermen en la piedra y las novelas, La última mujer y el próximo combate y Cuando la sangre se parece al fuego. Falleció en 1987 a los 51 años.

Analizar su obra no solo significa otorgar juicios de valor, desde la mirada de hoy sino muestra cómo el universo literario en su función de vehículo de comunicación, puede convertirse en un espacio propicio para reproducir ideologías, filosofías y religiones.

Es el caso de la novela Cuando la sangre se parece al fuego, publicada en1975 por Ediciones UNIÓN, que evidencia el vínculo de la religión y su impacto en la literatura de época.

Catalogada dentro del realismo socialista, su temática trata sobre la conversión de un personaje abakuá a la ideología marxista-leninista, punto donde se declara el conflicto de un individuo que se debate entre sus creencias y una nueva corriente de pensamiento con la cual se identifica, así como el dilema de dejar atrás la cultura de sus ancestros y su incorporación a las luchas revolucionarias.

En este período se verifica una fuerte tendencia ateísta muy bien ilustrada en la novela aludida de Cofiño. Esta ideología, que se ajusta al modelo vigente en la URSS, queda delineada en el Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura (1971) y, más tarde, en el Primer Congreso del Partido (1975).

El ateísmo, del que se deriva, su negación de todo lo referente al mundo religioso se reflejan de forma marcada en la literatura de este período, el cual discurre, entonces, en varios sentidos:

  1. Cómo una “reminiscencia de un pasado burgués”, en el caso del catolicismo.
  2. “Rasgo de la marginalidad”, en lo que a las religiones populares de origen africano respecta.
  3. De manera indocta en cuanto a la generalidad religiosa. La idea —explícita o implícita— es que los seres humanos tendrán que superar esta forma de pensamiento con el surgimiento del hombre nuevo.

Estas perspectivas de la religión, encuentran lugar en la obra desde la propia caracterización de su personaje principal:

“Para Cristino, en pleno siglo XX, los santos y sus poderes son tan reales como los objetos en los que ellos supuestamente habitan. Cree en amuletos o resguardos, en maleficios y en la protección de los dioses”1.

De acuerdo al punto de vista de esta autora, el contenido religioso del personaje está comprendido desde una perspectiva más amplia, en la escala del conocimiento que, irremediablemente, el ser humano debe alcanzar. Este no será el único criterio con un fuerte contenido ateísta.

La crítica no estuvo exenta de la línea tendenciosa presente en la novela. Las obras de este período, también enfocan su mirada en el elemento religioso. El escritor Luis Beiro Álvarez, coincide con esta línea cuando plantea:

“(…) enlazar el pasado con el presente a través de la crítica y la autocrítica, principios leninistas que el autor utiliza para emprender el análisis objetivo de los factores concretos que existen en una sociedad económica dependiente del capital extranjero y que inciden en el comportamiento y la adquisición de costumbres, vicios, y otras usanzas intrínsecas del medio, que pueden ser asimiladas por quien no se encuentre preparado ideológicamente para combatirlas”2.

Palabras que orientan hacia un código de ética donde no solo queda apartada la religión, sino se halla unida a la estructura política y económica del gobierno precedente; cataloga a los religiosos —junto a otras personas— de tener conductas morales inconvenientes. Para asegurar su tesis señala los estándares ideológicos del texto:

 “Estos factores sacan a la novela del ayer, desde el punto de vista temático, y la convierten en una especie de examen de conciencia del personaje principal —hoy es un prestigioso dirigente revolucionario—, en un dialéctico recorrido por el pasado recién dejado atrás, en un salto hacia el futuro. La ideología de Cristino Mora en estos momentos, y su plena identificación con los principios que rigen en una sociedad sin explotados ni explotadores, es lo que permite clasificar esta obra, por su tema en nuestro presente histórico”3.

Esclarece además, la posición del autor, discurso que no solo resalta la perspectiva ateísta sino que expresa lo religioso desde el punto de vista cultural:

“En primer lugar, la sabia construcción de los dioses de la mitología yoruba”4. … “Claro que para recrear estos elementos, Cofiño no solo necesitó el asesoramiento del Instituto de Etnología y Folklore de la Academia de Ciencias de Cuba sino que también tuvo que convivir durante varios años con gente de pueblo que practicaban estas creencias, infiltrarse en sus vidas, conocer sus costumbres, para reflejar lo más representativo”5.

Mostrándonos como el autor pone la literatura en función de la ideología revolucionaria, el ateísmo, y para ello es necesario dejar claro que este conocimiento religioso es totalmente didáctico e investigativo.

Cuando la sangre se parece al fuego y los estudios realizados por la crítica de la época, sobre esta obra, tienen una tendencia hacia el ateísmo coherente con la manifestación e imaginario social del momento. Por lo que es fácil deducir, que la literatura, en su función de instrumento comunicativo, concedió al ateísmo un lugar preponderante que puede registrarse como otro rasgo del período denominado quinquenio gris, ya que es uno de los elementos que caracteriza e identifica esta etapa de las letras cubanas.

 

1 Cruz, Mary: Ensayo acerca de Manuel Cofiño. Metodología y realidad, Letras Cubanas, La Habana, 1989, p. 387.

2 Ibidem, p-395. Luis Beiro Álvarez: “La segunda novela de Cofiño a través de sus dos personajes principales“.

3 Ídem.

4 Ídem.

5 Ídem.