Recibe la UNEAC a los Pastores por la Paz

Recibe la UNEAC a los Pastores por la Paz

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UNEAC, Miguel Barnet, Pedro de la Hoz
  • Los Pastores por la Paz tienen un amplio programa en nuestro país. Fotos: Héctor Navarro
    Los Pastores por la Paz tienen un amplio programa en nuestro país. Fotos: Héctor Navarro
  • Los Pastores por la Paz tienen un amplio programa en nuestro país. Fotos: Héctor Navarro
    Los Pastores por la Paz tienen un amplio programa en nuestro país. Fotos: Héctor Navarro

“Para la institución que me honro en presidir, constituye un honor recibir con afecto y cariño a los integrantes de Pastores por la Paz, y a la vez, evocar la memoria del reverendo Lucius Walker, principal artífice de ese movimiento solidario que, desde hace décadas, realiza puntuales donaciones al pueblo cubano para paliar los efectos negativos del antiético, antihumano y anticristiano bloqueo estadounidense impuesto a nuestro país desde hace más de 50 años […]”.

Con esas emotivas palabras, el poeta, escritor y etnólogo Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba acogió, en la sala Villena a los representantes de Pastores por la Paz, quienes visitaron la sede capitalina de la UNEAC.

El también presidente de la Fundación Don Fernando Ortiz reseñó las vivencias y experiencias juveniles durante su estancia en Estados Unidos, a donde fue a estudiar en la década de los 50 de la pasada centuria por iniciativa de sus progenitores. Por lo tanto, él conoce muy bien al poderoso vecino norteño, caracterizado —fundamentalmente— por las virtudes y defectos que mediatizan la evolución histórica de esa nación, donde residió el Apóstol durante 15 años de su corta, pero fecunda vida.

De ahí, que confesara ante el auditorio sentirse muy feliz de que los miembros de Pastores por la Paz se encontraran en esta sala, y además, muy orgulloso de los entrañables vínculos afectivo-espirituales que estableciera con el inolvidable Lucius Walker.

Por otra parte, explicó que la UNEAC se fundó en 1961, hace exactamente 55 años, y tiene como eje referencial el histórico discurso Palabras a los intelectuales, pronunciado por el entonces primer ministro del Gobierno Revolucionario, Fidel Castro Ruz, ante los escritores y artistas reunidos en el teatro de la Biblioteca Nacional José Martí, para definir la política cultural del naciente proceso revolucionario.

Explicó que esa fue la génesis de la institución, que si bien es una organización no gubernamental, responde íntegramente a los principios de la política cultural trazada por el Gobierno y el Partido.

La UNEAC tiene sus órganos de prensa, así como una casa editora, donde no existe restricción ni censura alguna, pero sí se combate con energía la ideología y las acciones contrarrevolucionarias, porque defender la Revolución es defender la cultura, y al cabo de más de medio siglo de existencia, se ha llegado a la siguiente conclusión: defender la cultura nacional es defender la Revolución, a pesar de los defectos y contradicciones objetivo-subjetivas que pueda presentar, y que no hay razón alguna para negar u ocultar.

Nuestra institución tiene filiales en todas las provincias, y fue la primera en combatir la discriminación racial, que existe como las aguas albañales que corren por los fétidos pantanos de la sociedad, como una secuela que —desde tiempos de la colonia, y posteriormente, de la república— arrastra la subjetividad de quienes vivimos, amamos, creamos y soñamos en la patria del venerable padre Félix Varela, José Martí y Antonio Maceo.

Para luchar contra esas manifestaciones racistas se creó la Comisión José Antonio Aponte, primer negro ultimado por los colonialistas españoles por rebelarse contra el despotismo de la metrópoli hispana. El mayor general Antonio Maceo y Grajales y José Antonio Aponte, sin duda alguna, devienen paladines de la independencia y la libertad de Cuba.

El crítico y periodista Pedro de la Hoz, vicepresidente de la UNEAC, se refirió a los integrantes de dicha Comisión, quienes pueden ser miembros de nuestra organización o no, así como a los objetivos esenciales que aquella persigue: luchar contra la discriminación y los prejuicios raciales; promover, a escala nacional, el legado cultural y espiritual por los africanos a la mayor isla de las Antillas; objetivos que se podrían resumir en uno solo: defender la identidad del pueblo cubano.

Entre otros temas de palpitante actualidad, señaló que en la mente y en el alma de muchos cubanos todavía se encuentran arraigados —de manera consciente o inconsciente— el racismo y los prejuicios raciales.

Según el intelectual caribeño, la cultura, la educación y la elaboración de programas sociales desempeñan una función básica indispensable en la batalla frontal decretada contra esas manifestaciones racistas hasta que sean eliminadas de raíz de la personalidad básica del cubano. Para hacer realidad ese loable esfuerzo, se trabaja directamente con el Ministerio de Educación (MINED) y con los medios de comunicación, para alcanzar los objetivos diseñados por la Comisión Aponte, la cual se ha empeñado —además— en divulgar la cultura afronorteamericana, que se desconoce casi por completo, ya que posee elementos comunes con la cultura insular, que ignoramos, y que nos unen como pueblos vecinos que somos.

Por último, el doctor Salvador Morales, profesor titular de la Universidad de La Habana, destacó la complejidad de la línea temática relacionada con el racismo y los prejuicios raciales en la Perla del Caribe.

Ilustró su magistral intervención con el dato histórico de que nosotros fuimos colonizados por supuestos blancos, que en realidad no lo eran, porque no hay que olvidar que la península estuvo sojuzgada durante siglos por los moros (árabes); por consiguiente, la etnia y la cultura orientales (moriscas) se mezclaron con la etnia y la cultura ibéricas; de ahí que tanto unas como otras interactuaran, y consecuentemente, desapareciera la mal llamada “pureza de sangre”.

Los conquistadores y colonizadores españoles solo tenían a su favor la cruz y la espada; armas con las que dominaron a los primitivos habitantes de la Llave del Golfo y a los negros esclavos, traídos a la fuerza procedentes del cuerno africano, y que se incorporaron a las labores agrícolas en el territorio nacional. Como hombres solos que eran quienes desembarcaron en la «tierra más hermosa que ojos humanos vieran» (frase atribuida al gran almirante Cristóbal Colón), las necesidades psicosexuales que experimentaran los empujó a establecer relaciones íntimas con indias y negras, lo cual dio lugar al intercambio de etnias y culturas diferentes, cuya más genuina expresión resultó ser el mestizo único e irrepetible que somos y seremos per se culom saeculorum.

Ahora bien, precisa el ilustre sociólogo e investigador, los problemas raciales en Cuba no están colocados sobre el tapete, como ocurre en Estados Unidos, por ejemplo, sino que están solapados, escondidos debajo de la mesa, o entre telones, para utilizar el lenguaje teatral.

Según el profesor Salvador Morales, en nuestro medio hay personas que padecen de racismo, el cual se encuentra agazapado en las más oscuras regiones de la psiquis y el alma humanas; por ese motivo, lo subestiman. Las imperfecciones de nuestra sociedad, las cuales esbozara el doctor Miguel Barnet en sus palabras iniciales, refuerzan —con creces— esas actitudes negativas que emergen a la superficie en forma de actos fallidos o lapsos mentales, y que permean a un porcentaje nada despreciable de la población cubana. Esas manifestaciones hay que combatirlas desde la escuela (desde la primaria hasta la universidad), pero la academia sola no es suficiente, sino que se debe visibilizar desde el punto de vista mediático y debatir a todos los niveles de la sociedad para ganar esa batalla contra el racismo y los prejuicios raciales que aún nos azotan.   

Una vez finalizadas las intervenciones, los integrantes de Pastores por la Paz formularon infinidad de preguntas, que fueron respondidas con lujo de detalles por los disertantes, y que —en mi criterio— pudieron satisfacer las acuciosas necesidades cognoscitivas y espirituales formuladas a ellos por nuestros hermanos estadounidenses y de otras naciones del orbe.         

A dicho encuentro matinal con los Pastores por la Paz asistieron miembros de la Dirección Nacional de la UNEAC, la señora Walker, hija del fallecido reverendo, artistas, intelectuales y representantes de la prensa local.