Reinaldo García Blanco: Me parece estar escribiendo siempre el mismo poema

Premio Casa de Las Américas

Reinaldo García Blanco: Me parece estar escribiendo siempre el mismo poema

Etiquetas: 
Escritores, Premio, Santiago de Cuba, entrevista
  • Reinaldo García Blanco.
    Reinaldo García Blanco.

Fuegos que arman la luz IV

Reinaldo García Blanco acaba de ganar el Premio Casa de Las Américas en el género poesía con Esto es un disco de vinilo donde hay canciones rusas para escuchar en inglés y viceversa, libro, sin dudas de original título.

Ni que decir que fue un alegrón para muchos pues, además de merecido por su talento creador, se trata de alguien de extraordinarios valores personales. Rey, desde Santiago, accede, a pesar de su modestia, a esta breve entrevista para el Sitio Web de la UNEAC donde solo unos días antes de conocerse el galardón, publicamos, como premonición, una reseña de su obra.

Así pues, ¿qué queda en el flamante premiado en Casa de Las Américas de aquel muchacho de Venegas?

Mucho queda de aquel niño. Oficio de caminador. Me gusta palpar nombres sonoros como Las Tozas, Macaguabo, Taguasco, Las Tunitas, El Corojo, Carraballaná, El paso de jagua, La tienda de Jobosí, la Guanaja… nombres sonoros que he ido descubriendo en otras partes del país. Es la Cuba profunda que también está en las ciudades. Soy madrugador por excelencia. Atisbar el amanecer desde un tren varado en las llanuras de Camagüey. Asomarme al brocal de un pozo artesano. La magia de poder escuchar el olor de las vacas y las mieles en la madrugada…

¿Cuándo se aparece y cómo la poesía en tu vida o mejor, cuándo te le apareces tú a la poesía?

Cuando iba al río a escondida de mis padres veía círculos de agua. Las tojosas tenían un dorado que no podía explicar. Al final del patio había un jazmín de noche que era el sitio predilecto para orinar. Vivir en casas difíciles. Uno o dos hospitales. Un libro por azar. Mi madre en el patio y unas sábanas blanquísimas. Un gato amarillo que respondía al nombre Sol y que un vecino envenenó… y coño, me puse a escribir de esas cosas…

¿Por qué Santiago de Cuba?

Vine a Santiago de Cuba por primera vez en septiembre de 1987. Fue un mítico festival de Poesía que organizaron León Estrada, Odett Alonso, Alfredo Quintana Hidalgo y otros que no recuerdo. Fue lo mejor que pasó a finales de esa década. Lograron reunir a casi todos los que habíamos comenzado a escribir a inicio de los ´80 con varia gente de la llamada generación del ´50. En marzo del ´89 voy de Sancti Spíritus a La Habana a una especie de jolgorio poético que llamaban Seminario de Invierno. Asistían tres o cuatro poetas de cada provincia. Allí conocí a Mirna Figueredo Silva, poeta y escritora para niños. Vino el flechazo. Al año siguiente ya estaba montando mi casa de campaña en esta ciudad. Es decir, vine por amor y por amor me he quedado. Eran los tiempos en que los poetas de mi provincia emigraban fuera del país o para La Habana. Edel Morales escribió un poemario titulado Mirando pasar los autos hacia el Occidente. Estuve muy tentado a escribir Mirando pasar los autos hacia el Oriente.

Al margen de lo conceptualizado por los críticos y estudiosos ¿en cuál generación, grupo, escuela te insertarías?

Creo estar en eso que llaman… de los ´80. Al final de todo, esto de las generaciones es un acomodo de los críticos y estudiosos. Ahora mismo en el país hay como cuatro generaciones que están escribiendo al son del país que somos.

¿En cuáles poetas reconoces influencias?

Cuando topé con César Vallejo pensé que no podía escribir más. Tuve la suerte de encontrarme en la biblioteca provincial de Sancti Spíritus a un ángel llamado Martha Picart. Me puso al tanto de un sistema llamado préstamos inter bibliotecario. Por ella pude leer todo Borges, todo Octavio Paz y al dilecto Roque Dalton. Casi a la par conozco a dos poetas cercanos en edad: Rito Ramón Aroche y Caridad Atencio que tenían las lecturas un poco más organizadas. Asistía a un taller literario que tenían a mentores como Mario Rodríguez Aragón, Maritza Martinez Valdivia y Gertrudis Ortíz Caballero que me abrieron los ojos sobre todo en poesía francesa sobre todo Rimbaud, Paul Valery y Saint-John Perse. El poeta Esbértido Rosendi Cancio me prestaba en la sala de su casa aquella antología de poesía norteamericana que armaron Ernesto Cardenal y José Coronel Urtecho. Si mal no recuerdo ese ejemplar era de la biblioteca de Santa Clara y él nunca lo devolvió. Rosendi también permitió que yo conociera y memorizara la poesía de Fayad Jamís. No teníamos Internet pero los libros circulaban como correos de brujos. Por ahí andan mis primeras lecturancias y creo que las primeras influencias pues eso sí, en el arte y la vida, siempre somos hijos de alguien.

¿Cuáles valores consideras irrenunciables en la poesía?

Honestidad. Honestidad con tu discurso. Honestidad con el modo de ver las cosas. Eso ha de permitir que no te montes en cualquier moda. Ya he dicho que me parece estar escribiendo siempre el mismo poema. Mis preocupaciones no han cambiado mucho desde que escribí un texto como Casa del fabulador pasando por Textos para elogiar la novia y el país o un texto reciente que habla del regreso de los tranvías a Santiago de Cuba.

¿Cómo ves el entorno de la poesía que se escribe actualmente en Cuba?

Mucha gente escribiendo. Hay un caldo de cultivo nacional muy interesante y cambiante. Pero mucha gente fraccionada. Se ha perdido el espíritu de grupo. Hay provincias, ciudades en que los poetas están divididos en Montescos y Capuletos. Se han ido a los golpes aunque la sangre ni la tinta ha llegado al río. Por otro lado hay algunos poetas que quieren borrar de un golpe de dados (y no de Mallarmé) toda una historia. No dan cabida a otra manera de escribir que no sean la de ellos. Y lo peligroso es que están en zonas de poder, toman decisiones. Son francotiradores y no perdonan. Eso me abisma. El entorno social es arduo. Hay rabia suficiente como para escribir otra oda al Niágara. Y hay que tratar de convivir lo mismo en los predios de una tierra baldía que en el medio de campos roturados que en el borde de la carretera central. Pues al final de todo, la poesía es un acto de fe, de salvación y no se puede perder el tiempo en guerritas mundiales por un premiecito ahí o una beca que no nos dieron.

Háblame de tu labor como promotor ¿por qué te has dedicado por entero a esto?

Dar es recibir. Dar es gozo. En este largo camino de lecturancias y escriturancias mucha gente me tendió mano. Y lo que hago es reciprocar. Mi biblioteca se arma y desarma de a poco. He caminado monte adentro con una caja de libros para que la gente pueda tener en sus manos un algo que le asombre como pasó en mi infancia. Me place encontrarme con una persona que lee a Corin Tellado y que paso a paso llegue a Benedetti o García Márquez. Desde la radio he podido llegar a muchas personas que no conocen a Pound oel Haiku y al otro día van por la librería buscando información. Promocionar la literatura casi que es algo congénito.

Confiésame el proyecto con que sueñas.

Siempre tengo un proyecto en mente. Hace unos años soñaba con una librería-café-editorial de nombre La rama dorada, pero los impuestos para ese tipo de proyecto son muy altos, ja, ja, ja. Lo más inmediato es seguir escribiendo y leyendo. Seguir con mi espacio radial que me da los dinerillos para el pan de cada día. Y bueno, el Taller literario Aula de Poesía que me da mucha fraternura y gozancia (que son dos palabras que creo no están aceptadas y que vienen del reino de la Educación Popular) y me permite estar al tanto de lo que se escribe en buena parte del país.

¿Qué es Esto es un disco de vinilo… ¿de qué va?

En Esto es un disco de vinilo… hay cierta ironía, cierto humor político. Alguna añoranza. Un texto lúdico. Son como anotaciones, un cuaderno de apuntes con guiños a Lennon y Lenin, a los tocayos Walter Benjamín, el del pájaro loco y el filósofo. Por ahí anda ese disco de vinilo. Ojalá se pueda escuchar bien y que no esté rayado ni con mucho crahs.