Retorna Don Quijote al Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso

Retorna Don Quijote al Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso

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  • Los papeles protagónicos del ballet Don Quijote fueron interpretados por la  bailarina principal Ginett Moncho (Kitri), y el bisoño danzarín Ariel Martínez (Basilio).Foto:Nancy Reyes
    Los papeles protagónicos del ballet Don Quijote fueron interpretados por la bailarina principal Ginett Moncho (Kitri), y el bisoño danzarín Ariel Martínez (Basilio).Foto:Nancy Reyes

Don Quijote es el título la obra que el Ballet Nacional de Cuba (BNC),  dirigido por la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza, está presentando durante todos los fines de semana del mes de enero, en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, para evocar el bicentenario del maestro Marius Petipa (1818-1910)

Esa gema de la danza universal cuenta con la coreografía de la eximia ballerina, dirección artístico-coreográfica de las maestras Marta García y María Elena Llorente, Premio Nacional de Danza, sobre la original de Petipa y la versión del maestro Alexander Gorski, y la música del maestro Ludwig Minkus.

Don Quijote tuvo su estreno el 26 de diciembre de 1869 en el moscovita Teatro Bolchoi, inspirada en un episodio de la famosa novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de don Miguel de Cervantes y Saavedra (1547-1616)

La versión cubana se presentó por vez primera el 6 de julio de 1988, en el Gran Teatro de La Habana, aunque —desde 1950— la emblemática compañía incorporó a su repertorio el grand pas de deux del III acto. Por ser un ballet creado a partir de la obra cumbre del genio cervantino, y estar profundamente vinculada a la cultura insular, Alicia realizó un cuidadoso trabajo alrededor de la legitimidad de las referencias folclóricas en el aspecto coreográfico-dramatúrgico, sobre todo para tratar de dignificar y respetar al máximo el personaje de Don Quijote, icono del idioma castellano y de la cultura de raíz hispánica

Los papeles protagónicos del ballet Don Quijote fueron interpretados por la  bailarina principal Ginett Moncho (Kitri), y el bisoño danzarín Ariel Martínez (Basilio), junto a otras jóvenes figuras, solistas y miembros del cuerpo de baile de la agrupación que este año cumple siete décadas de fundada por los maestros Alicia, Fernando (1914-2013) y Alberto Alonso (1917-2007).

Este escribidor pudo percibir —desde una óptica objetivo-subjetiva por excelencia— cómo Ginett Moncho y Ariel Martínez les prestan pie y alma a la encantadora Kitri y al barbero Basilio. Verlos y admirarlos en escena equivale a evocar —a través de la bien cohesionada interpretación que Ginett y Ariel hacen de esa joya danzaria— la época de oro de la literatura española, cuya obra cumbre es El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, gloria de las letras ibéricas y de mucho más allá de las fronteras geográficas peninsulares.

Ginett baila, salta y gira con gracia, naturalidad y seguridad en lo que hace. Por otra parte, le aporta al personaje de Kitri la exquisita sensibilidad que la particulariza, no solo en el proscenio, sino también fuera del medio danzario; recursos técnico-expresivos que, al intelectualizarlos y espiritualizarlos, generan en el mundo interior del espectador local o extranjero los más disímiles estados afectivo-emocionales…, pero se debe destacar que Moncho posee, sin discusión alguna, pleno dominio de la técnica académica y la interpretación teatral, que combina magistralmente, así como el más absoluto respeto al estilo al cual se subordina —íntegramente— dicha obra antológica del repertorio clásico del BNC.

Ariel, con el brío y la fuerza que le sirven de motor impulsor a su espíritu juvenil, le imprime al barbero Basilio las características personográficas (incluida la dosis exacta de humor y picardía), que lo identifican en ese contexto coreográfico-dramatúrgico.

Martínez danza con virilidad y energía, que mediatizan los movimientos corporales que nacen y crecen en el centro mismo de su universo subjetivo, sin olvidar —en modo alguno— la hilaridad que, en ocasiones, singulariza al personaje llevado a las tablas; forma muy original de bailar, que lo distingue en cualquier escenario nacional o foráneo.

No creo que a los amantes del ballet clásico, ni a los colegas de la prensa especializada que cubrimos esa función , pueda quedarles la más mínima duda de que la representación de Don Quijote fue —es— uno de los mejores homenajes que el BNC le tributara al eminente coreógrafo, maestro y bailarín francés por el aniversario 200 de su nacimiento.