Rittoles: arte Vs virus

Artes Plásticas

Rittoles: arte Vs virus

Las obras del destacado pintor, grabador y escultor Yasser García Rittoles (La Habana, 1974), atrapan la esencia de la figuración para convertirla en paisajes antropomorfos de la razón existencial  del hombre y el medio, es decir, las circunstancias que le rodean, como si intentara trasmitir asuntos autobiográficos extraídos, con pasión maniqueísta e irónica, de situaciones espinosas y de sentimientos reprimidos que brotan sobre el lienzo o la cartulina a través de discursos que pueden ser percibidos como pesimistas, pero que en última instancia no son más que claves visuales y sensaciones kinestésicas muy relacionadas con la sicología individual.

Dentro de ese ideal artístico, durante el tiempo de aislamiento social este creador ha producido una serie de cuadros relacionados con la experiencia del paso del Coronavirus por Cuba, en los que recreó su repercusión en la vida cotidiana, mediante discursos que están en concordancia con la profunda visión humanística que caracteriza sus composiciones.

Rittoles comenzó a incursionar en la pintura, el grabado y la escultura tras pertrecharse de conocimientos y técnicas en el Taller preparatorio del Centro Experimental de Artes Visuales José Díaz Peláez (1999) y en la Academia de Arte San Alejandro (2005), amén de otros estudios previos, de forma autodidacta, sobre diferentes expresiones artísticas.

Desde que asumió la decisión de dedicarse al arte, optó por escudriñar, una y otra vez, en sus raíces y en las de la sociedad insular, en una suerte de viaje antropológico que parte de sí mismo, en la búsqueda de elementos definitorios de su identidad. De ahí que su producción plástica haya derivado hacia una intencionalidad ensayística en torno a su existencia, ahora señalada por la etapa de recogimiento individual ante el aislamiento social indicado por el Ministerio de Salud Pública.

 «La presencia de la Covid-19 en Cuba, a pesar de las devastaciones que ha causado en muchos hogares cubanos con el fallecimiento de cerca de 90 personas, y las incontables pérdidas a nuestra economía, ha sido una etapa que la mayoría de los creadores hemos aprovechado para reflexionar en torno a nuestra obra, en tanto dedicarle tiempo de producción bajo las condiciones higiénico sanitarias que esta situación nos impone», dijo el artista.

Para este prolífico creador el paso de la pandemia le hizo rememorar un período importante de su vida, que de algún modo refleja en sus trabajos. Me refiero a su desempeño, durante varios años, como enfermero especializado en oncología, tarea que asumió, además, con el interés de interceder en el mejoramiento de la calidad de vida de los niños que padecen diferentes patologías relacionadas con el cáncer, y creó el Proyecto comunitario Banderas por la esperanza, en la barriada de Santa Fe, en el municipio capitalino de Playa.

«Ahora estamos librando una gran batalla por la salud pública, y estamos venciendo el Coronavirus gracias, ante todo, a los esfuerzos que realiza el Estado cubano para evitar contagios. Por eso, aunque estamos ya en el proceso de recuperación, no podemos bajar la guardia en cuanto al cuidado y a la observancia de las orientaciones higiénico sanitarias», apuntó el artista.

Sus más recientes trabajos, surgidos a través de un cosmos interpretativo del tiempo-espacio que transita y ocupa, en tanto aluden a la actual situación que atraviesa el mundo debido a la proliferación del virus, también hurgan en su tránsito existencial, en su heredad física, espiritual y sicológica en la que reaparecen, una y otra vez, sus antepasados afrodescendientes que marcan sus pasos por esta época tan adversa, como compleja y diversa.

Con un estilo que circula entre la figuración abstraccionista, el arte minimalista y el art brut, Rittoles se expresa, esencialmente a través del color —generalmente plano, bucólico, cálido y etéreo— en volúmenes que aluden a su corpulenta fisionomía, en disimiles posiciones a través de la cual simboliza gestos que sugieren estados de ánimo, sentimientos y emociones que no solo tienen que ver con sus experiencias personales, sino también con la de sus semejantes.

Sobre su producción iconográfica ha dicho: «La deconstrucción de la realidad es una tarea ardua, y más aún cuando se tiene en el horizonte de expectativas disímiles visiones. Perseguir fantasmas en el universo personal se ha convertido en referente asiduo del arte contemporáneo. Y es que la experiencia te premia con la bondad o la desesperanza de lo vivido, hecho que engendra imaginarios diversos en las mentes individuales. Los artistas –entes inquietos en la búsqueda de su expresión— no permanecen ajenos a ello y se encuentran tentados a representar las inquietudes derivadas del duro proceso de la subsistencia en colectividad».

Cada obra de Rittoles es, categóricamente, una tesis con infinitas posibilidades de lectura y reflexión. En ellas el espectador puede detener su pensamiento sobre una frenética exacerbación de la subsistencia humana o un enérgico desafío al pesimismo, amén de los panoramas oscuros que la vida nos sitúa en el camino. Los matices y los trazos de las pinceladas funcionan como notas descriptivas, como apuntes que provocan la insinuación, muchas veces sugeridos con huellas negras de su propia fisionomía, como el rostro y las manos, en un juego con el arte con fuerte vigor expresionista, acentuado con salpicados, líneas, chorreados y manchas grises, naranja y rojo. 

La figura o forma sugerida a través del cuerpo como ente representativo tiene que ver con la temática seleccionada para cada cuadro, en los que las manchas y chorreados de pigmentos atrapan diferentes instante de la (su) realidad contemporánea insular, así como relevantes pasajes de la historia de los más de 275 mil negros nigerianos, apresados y convertidos en esclavos,  quienes entre los años 1820 y 1860 arribaron a las costas cubanas, trayendo consigo su creencia Yoruba y su carácter bravío que los convertía en cimarrones, historia “narrada” en una de las piezas en las que aparece un negro con el machete en la boca, como símbolo de rebeldía.

Igualmente interesado por las herencias familiares, en lo concerniente al arte de tejer, introducido y desarrollado en Cuba durante la época colonial española, el artista ha conformado, con iguales intensiones éticas, un conjunto de cuadros en los que las imágenes no son trabajadas con colores solamente, sino también aparecen bordadas sobre el lienzo, lo que puntualiza la intensión de valerse del arte como medio para labrar sorprendentes vías en la búsqueda de experiencias vinculadas con la vida del pintor, e incentivar los más puros sentimientos del hombre.

Para este artífice con unas 20 exposiciones personales en diferentes galerías de la capital cubana, Estados Unidos y México; así como una decena de colectivas en otros países, es premisa «utilizar al arte como idioma capaz de labrar caminos insospechados en la búsqueda de alternativas sicológicas y humanas».