Rodrigo Prats: una Rosa de Francia

ANIVERSARIO 40 DE SU FALLECIMIENTO

Rodrigo Prats: una Rosa de Francia

Rodrigo Prats Llorens (Sagua la Grande, 7 de febrero de 1909 - La Habana, 15 de septiembre de 1980). Músico, compositor, director de orquesta, violinista, pianista y fecundo compositor. Una verdadera institución musical. El Teatro Lírico de la ciudad de Holguín lleva su nombre, así como el Museo de la Música de Sagua la Grande.

Colaboró y apoyó a una gran cantidad de cantantes y músicos en su formación, con sus consejos expertos y generosos. Es uno de los músicos más integrales de Cuba.

Esta dinastía de los Prats parte del flautista y compositor Jaime Prats (1883-1946), autor del famoso bolero «Ausencia», fundador de una de las primeras big bands del país, y fecundo autor de música para la escena teatral vernácula.

Yo fui amigo de un hijo de Rodrigo Prats, era músico de la Banda del Hospital Psquiátrico de La Habana. A través de ese hijo, invitamos a su padre Rodrigo Prats, en el verano de 1980, a un programa de la Televisión llamado Todo el mundo canta. Esa fue la última aparición de Prats ante el público, después falleció. Aclaro que el pianista de Camagüey Jorge Luis Prats no pertenece a esta dinastía.

Precisamente con su padre, Rodrigo Prats se inició en el estudio de la música; después fue discípulo de Mauricio Ortega y Emilio Reinoso. Ingresó en el Conservatorio Orbón, en La Habana, para recibir clases de solfeo y teoría con Cándido Herrera.

Sus maestros de violín fueron Juan Torroella, Joaquín Molina Torres y Fernando G. Aday. Benjamín Orbón fue su profesor de piano, y Buenaventura Sánchez, de armonía y composición. En el Conservatorio Iranzo concluyó su formación musical.

Prats me contó también que su casa era una verdadera tertulia de música, visitaban Jorge Anckermann, rey del teatro Alhambra, Tata Pereira, Pepe Mauri, Luis Casas Romero.

Por cierto, el primer danzón de Prats fue estando muy joven, «eso me costó un suspenso en Geografía Universal. Me consideraban un revoltoso, porque montábamos danzones y cualquier tipo de música irreverente en la Academia Habana. Eso se veía mal, por eso nos llevaban recio. Ese estigma casi llega hasta nuestros días».

Debuta en 1922 en la Cuban Jazz Band que dirigía su padre, y en el mismo año ingresó en la recién fundada Orquesta Sinfónica de La Habana, dirigida por Gonzalo Roig. Antes había integrado las orquestas de Tata Pereira, Rojito Barba y Felipe Palau.

Condujo varias agrupaciones: En 1926 la orquesta de la Compañía Teatral de Arquímedes Pous, como antes lo había hecho su padre. Más tarde fue fundador y director de la Orquesta Sinfónica del Aire, así como de la Orquesta de Cámara del Círculo de Bellas Artes, y subdirector de la Orquesta Filarmónica de La Habana. Dirigió musicalmente la radioemisora RHC Cadena Azul, que se especializaba en programas musicales de varios géneros.

A inicios de la década de 1930, junto con su colega Gonzalo Roig y el director y escritor teatral Agustín Rodríguez, libretista de muchas zarzuelas y autor de letras de canciones, Prats se incorporó, en calidad de maestro concertador, a las temporadas de arte lírico cubano del teatro Martí, durante más de un lustro.

En ese marco estrenó las zarzuelas Soledad, María Belén Chacón y Amalia Batista, considerada esta la más completa de las que escribiera. Obtuvo por oposición el cargo de director de la Orquesta Sinfónica del Ministerio de Educación, y al inaugurarse la Televisión, en 1950, fue nombrado director musical del Canal 4.

Rodrigo Prats también fue fundador y director de la Orquesta Sinfónica del Aire y de la Orquesta de Cámara del Círculo de Bellas Artes; maestro concertador en las temporadas de arte lírico cubano del teatro Martí.

En 1954 organizó una orquesta con calificados músicos, para interpretar danzones con arreglos suyos en el disco que se tituló Danzones para bailar, que distribuyó la firma Puchito. Esa orquesta danzonera de lujo estaba integrada, entre otros, por José Antonio Fajardo (Flauta); Jesús López (Piano); Israel "Cachao" López (Bajo); y Ulpiano Díaz (Timbal). En enero de 1960, el maestro Rodrigo Prats dirigió la Orquesta Típica Nacional, conformada para el Festival del Danzón por los mejores intérpretes del género.

Su Misa Cubana, compuesta originalmente para la boda de su hijo, fue cantada en la celebración litúrgica que tuvo lugar en La Habana en 1998, durante la visita del papa Juan Pablo II a Cuba.

Su repertorio estaba compuesto por piezas consideradas clásicas del género, como «Masacre», de Silvio Contreras; «Virgen de Regla», de Pablo O’Farrill; «Fefita», de José Urfé; «La Gioconda», de Juan Quevedo; «La flauta Mágica», de Antonio María Romeu; «La mora» y «Si muero en la carretera», de Eliseo Grenet.

El éxito que alcanzó la producción discográfica permitió que el maestro Prats repitiera la experiencia y, básicamente con el mismo elenco, grabó Danzones para bailar. Vol. II para la firma Puchito, y Danzones completos, para el sello Montilla. En esas placas se encuentran arreglos danzoneros de «Una rosa de Francia», «Amalia Batista» y «Ausencia», de Jaime Prats.

Otra producción relevante en la trayectoria discográfica de Rodrigo Prats fue Estampas de Cuba, con arreglos instrumentales del maestro, de danzas de Ignacio Cervantes, José White y Ernesto Lecuona, y de canciones de Eduardo Sánchez de Fuentes, Gonzalo Roig, Jorge Anckermann, Eliseo Grenet y Moisés Simons.

En ese disco, grabado para la marca Kubaney con notas al programa de Luis Carbonell, se incluye la obra de Prats Canta el carretero cuando dan las seis. Esta pieza fue orquestada años más tarde por Gonzalo Roig para ser interpretada por la Banda Nacional de Conciertos.

En 1961, con su obra «Yo sí tumbo caña», interpretada por el cuarteto D’Aida, obtuvo el gran premio del Primer Concurso de Canciones Cubanas celebrado tras el triunfo revolucionario de 1959.

Como cosa curiosa, se estima que Rodrigo Prats sea el compositor cubano que más manuscritos originales diversos haya en los archivos particulares de músicos y cantantes cubanos. En una época que no existía la fotocopiadora y la imprenta musical en Cuba tenía sus limitaciones impuestas por razones económicas, Rodrigo Prats copiaba de su propia mano canción por canción, obra por obra, que cualquier artista le pidiese.

A veces no copiaba, sino que volvía a escribirla de memoria y de ahí resultan sutiles diferencias de un manuscrito a otro, teniéndolos todos como válidos, unos nos dan unas u otras posibilidades que perteneciendo todas al lenguaje musical pratsiano nos conducen hacia una interpretación acertada. Ayudaba en el montaje de sus obras a los cantantes en sesiones privadas para que llegado el momento del concierto o de la representación teatral estuvieran todos los detalles logrados previamente.

Según los músicos de su tiempo, era un hombre verdaderamente querido por todos los que lo conocieron, trataron y compartieron el escenario con él. Siempre tenía a mano una anécdota, un consejo, una palabra de aliento y de impulso a los jóvenes intérpretes. Un hombre exigente en su trabajo y en el de los demás cuando de música se trataba, pero siempre de buen humor, con mucha sabiduría, una gloria de la música cubana.

El músico e investigador Alberto Joya sostiene que «Amalia Batista» es, en la obra de Rodrigo Prats, lo que para la zarzuela cubana son «María la O», de Ernesto Lecuona, y «Cecilia Valdés», de Gonzalo Roig. Conforman estas obras una tríada que representa al teatro lírico cubano.

Sus argumentos son similares, y tienen como protagonistas a tres mulatas representativas de la exuberancia, la sensualidad y la pasión del trópico, en amores ocultos con hombres blancos. Los romances ilegítimos conducen a situaciones dramáticas que se nutren de ilusiones, esperanzas, pasiones, desdichas y venganzas. Tales tópicos, usuales en el teatro lírico, respondían en las tres obras a problemas vivos de la sociedad cubana de entonces.

«Amalia Batista» se estrenó como sainete con clamoroso éxito, en el teatro Martí de La Habana, el 21 de agosto de 1936. Su libreto era de Agustín Rodríguez, y los papeles principales estuvieron a cargo de la soprano Maruja González y el tenor Miguel de Grandy. El rol protagónico había sido concebido para Rita Montaner, quien por su parte la interpretó el 9 de agosto de 1940 en el teatro Nacional. En 1952 Prats refundió la obra en un solo acto, y en 1979 estrenó otra versión con la que le otorgó definitivamente la categoría de zarzuela.

Prats llevó su música por Puerto Rico, allí estuvo en el teatro Tres Banderas y visitó, además Caracas, Venezuela. Aprendió la dirección orquestal con los maestros: Eric Klaiber, Pedro San Juan, Gonzalo Roig, Amadeo Roldán, «ellos me guiaron, porque en mi tiempo de estudiante no existía el estudio de la dirección de orquesta».

Después de 1959 el maestro fue asesor musical del Instituto Nacional de la Industria Turística (Init), asesoré el grupo de Jorge Anckermann, presenté varias puestas en escena, me hicieron Trabajador de Avanzada, ayudé al Teatro Lírico de Holguín y la Orquesta Sinfónica de Oriente. En 1980 dirigió la Egrem. Su última obra se tituló «Yo soy así».

            ALGUNAS DE SUS OBRAS:

Pregones: El churrero / El tamalero / El verdulero / El Heladero.

Canciones: Una rosa de Francia / Aquella noche / Espero de Ti / Tú que no sabes mentir / Creo que te quiero / Eres rayo de sol / Miedo al desengaño /  Yo sí tumbo caña.

Zarzuelas: Amalia Batista / La Perla del Caribe / María Belén Chacón / La Habana que vuelve / Guamá / Soledad

UNA ROSA DE FRANCIA (1924) / Rodrigo Prats/Poema de Gabriel Gravier

            Una rosa de Francia cuya suave fragancia

            Una tarde de mayo su milagro me dio,

            De mi jardín en calma aún la llevo en el alma

           Como un rayo de sol

            Con sus pétalos blancos es la rosa más linda

            Hechicera que brinda su elegancia y honor,

            Aquella rosa de Francia cuya suave fragancia

            Una tarde de mayo su milagro me dio.

Rodrigo Ricardo Prats Llorens es uno de los autores de la canción «Una rosa de Francia», la letra le pertenece al poeta Gabriel Gravier de Santiago de las Vegas, los datos me los ofreció su coterráneo Helio Orovio que era el alcalde musical de Santiago de las Vegas.

Pues bien, Orovio, sentado en la UNEAC, donde acudía diariamente como a dar el parte musical del día, me contó que el texto inspiró al joven poeta Gabriel Gravier en 1924, por una mujer llamada María Teresa que tenía la pinta de ser una pura francesa. El carácter metafórico del poema obedece a que la dama era esposa de un importante personaje de la localidad.

«Ese poema –me explicó Prats— lo musicalicé convirtiéndolo en una criolla-bolero, la estrena –poco después, antes de suicidarse— el Rey del Danzonete, Fernando Collazo. El vate Gabriel Gravier era de Santiago de las Vegas, pueblo que yo visitaba asiduamente para tocar en el cine-teatro Minerva. La canción se convirtió en un fenómeno de popularidad, después fue grabada por Barbarito Diez».

Prats falleció unos días después de esta entrevista, el 15 de septiembre de 1980. Como dato especial informaré que esta es la canción preferida de Miguel Barnet, Presidente de honor de la UNEAC. Lo manifestó a Beatriz Cifuentes, en la revista Opina, no. 124, junio de 1988, p.3. «Después que escuché “Una rosa de Francia”, de Rodrigo Prats, me dije, esta va a ser una de las canciones favoritas de mi vida. Y ha sido así. En alguna ocasión he dicho que cambiaría todo lo que he escrito por haber compuesto una canción así».

Prats le puso música cuando contaba con sólo 15 años, en la flor de su juventud. Hay una grabación con su propia orquesta, de esa canción que es pura cubanía; puede escucharse en Radio Enciclopedia.

FUENTE: Periódico 5 de Septiembre, Revista Somos Jóvenes / Enciclopedia EnCaribe / Radamés Giro / Helio Orovio / Cristóbal Díaz Ayala / Leticia Guerra / Entrevista personal de Rafael Lam.