Rolando Escardó: el poeta soñador y explorador de su ciudad natal que lo perpetúa (I)

Rolando Escardó: el poeta soñador y explorador de su ciudad natal que lo perpetúa (I)

El legado del poeta, pintor abstracto, espeleólogo y revolucionario Rolando Escardó (1925-1960), se mantiene vivo en Camagüey, la ciudad de rojiza piel de barro que durante su niñez, adolescencia y juventud desandó con aquel espíritu soñador y visionario que lo caracterizó siempre. Distinguió por su poética de indagación en las contrariedades humanas y el entorno social, La Cuidad de los Tinajones en la que nació el 7 de marzo de 1925, lo perpetúa y rinde homenaje, a través de los encuentros anuales de escritores, en el contexto del aniversario de la Villa de Santa María del Puerto del Príncipe, el 2 de febrero de cada año.

El crítico de arte Pavel Alejandro Barrios Sosa, compiló una parte importante de la obra de Escardó. Dedicó horas para estudiar sus poemas, pinturas, pensamiento y palabras persuasivas: «Haz que las buenas acciones se hagan costumbres en tu vida».

Expone Barrios Sosa que Escardó «se vinculó al nacimiento mismo de Los Once cuando escritores, críticos y artistas maduraban ideas y se nutrían unos a otros de las experiencias personales, y de los contenidos del Expresionismo Abstracto».

El espeleólogo poeta, «fue un explorador de su ciudad, de la historia primigenia de sus gentes, y desandó calles y callejones, desvalidó cuevas y cavernas, capturó piedras y restos», enfatizó Pavel.

El pozo, la caverna

La luz transforma

esa pared silenciosa

el pozo, la caverna.

Nada queda, nada

sólo el polvillo de sales

que no pasan.

Escardó, quizás por la penuria del tiempo que le tocó vivir se sentía un peregrino en la comarca de pastores y sombreros: «Mudo. No me encuentro a nadie que me salude ni me diga nada. Soy un extraño en mi Ciudad, mi gran Ciudad de calles polvorientas y enfangadas».

En Camagüey, donde estudió la enseñanza primaria, transcurrieron sus primeros años de adolescencia y juventud. Su educación fue autodidacta. Estaba inmerso en la lucha clandestina como integrante del Movimiento 26 de Julio. Quería una patria donde «…la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre», como soñaba José Martí.[1]

Escardó tenía la convicción que la única forma de lograr la dignidad plena del hombre y poner fin a los desgobiernos de turnos era con las armas: «Yo te veo –Ave María— en todas esas muertes, en todas esas vidas y el llanto de las horas que fluyen en mi corazón».

La prosa de José Martí influyó en su pensamiento literario y revolucionario. Fundó en 1953, en su provincia el Grupo Los Nuevos, que publicó una selección de versos del autor de La edad de Oro.

Eran tiempo de represión, del ensordecedor sonido de la sirena de autos patrulleros, con las luces parpadeando y de lucha clandestina en la que fue protagonista. No obstante, a Escardó le fascinaba su entorno: «Amo esta agua, todo esto amo; lo que ha sido este espejo en que me veo viéndome y me espanto».

Sentía el sufrimiento ajeno como propio: «Digo que mi dolor es el dolor de todos y que no sé qué hacer con tanta pena. Reunido junto a mí, están las cosas de la vida. Ofrezco mi corazón a cambio de lo que te suceda. ¡Tú! Que estás ahora tan distante de mí, que no sabes quién soy, que quizás no comprendas lo que hay en mi canto».

En 1958 constituyó el Grupo Yarabey. Estuvo entre los perseguidos por testaferros batistianos, apaleados y encarcelados durante sus prácticas revolucionarias en la clandestinidad. Entonces se vio precisado ir al exilio. Viajó a México con unos pesos que le regaló Cintio Vitier. Escribió profundos poemas que reflejaban su mundo interior. Fue considerado como una de las voces cimeras de la literatura cubana de la segunda mitad del siglo XX. Encontró en la prosa el alma del espíritu:

Equilibrios

…Aguántenme esta tarima en donde estoy subido

que no se incline a un lado y caiga o cuelgue

mi ardoroso cuerpo.

Aguanten una pena

Aguántenme

que no quiero que pase y suceda lo de siempre

caer sin cumplir.

Aguanten la tarima

ayúdenme a aguantarla

que ya caído antes y no quiero jamás.

Dedicó sentidos poemas a la familia: a la madre, al abuelo...

La familia

Madre me acoge en su pecho caliente

día a día.

Abuelo y su cojez retumban el tablado.

Aurora es joven, no piensa aún en casarse:

sueña.

Olema ya comienza por pintarse las uñas.

Aún Perucho no ha muerto.)

Mamá de vez en vez teclea en el piano.

Antonio es cocinero

y Salvador es el que empuja el carro.

iEnrique!

iFalta Enrique! …

(Enrique fue el que malgastó el dinero…)

La lírica de Rolando Escardó llega al alma de lectores. Al partir para México, lo acompaña la nostalgia de las calles de adoquines, de sus amigos de niñez, adolescencia y juventud….

Veo tu rostro en mis incendios

Veo tu rostro en mis incendios

y estoy solo;

tus ojos y tus labios,

tu rostro lleno de misterios

y cosas innombradas.

Extraña niña,

bestia, animal mío,

cómo no amarte,

cómo no estar amándote

cercado de hilos turbios,

de tu recuerdo.

¿Por qué destruye el tiempo lo que amo?

Pero no sé

sólo veo tu rostro

y estoy solo

y me quemo.

Los poemas de Rolando Escardó expresan igualmente la lejanía, la ausencia...

Poema de tu presencia

Estás en mí

y acaso no lo sabes

como yo estoy en ti

sin que tú lo presientas.

A veces muchas penas

me asoman a los ojos

y a veces muchas quejas

me asoman a los labios

y muchas veces, siempre,

muchas veces, me callo.

Estás en mí

sin tú no lo comprendes

y yo también en ti

sin que lo adivines.

A veces crecen flores

que todos pisoteamos

y a veces en un gesto,

en uno sólo, hablamos

y muchas veces, siempre,

muchas veces, callamos.

Estás en mí

sin que pueda saberlo

y yo también en ti

sin que pueda decirlo.

Frente a frente, de cerca

a veces, muchas veces

quiero hablarte y no puedo

y muchas veces, siempre

en tu boca hay un beso.

Estás en mí

y aunque no lo adivines,

yo también estoy en ti,

con mi gesto callado,

A veces el silencio

se bebe sin tu amargo

y a veces en un sueño

puedo hablarte y te hablo

y muchas veces, siempre

puedo decir, que te amo.

Estás en mí

y aunque tú no lo sabes

yo estoy sobre tu amor

sin que tú lo presientas.

A veces te me acercas

caminando en un sueño

y a veces nos amamos

plenamente, sin miedo

y muchas veces, siempre

te vas, cuando despierto.

Rolando Escardó dejó constancia, con precisión, su definición del creador: «Artista y arte son dos elementos completamente opuestos entre sí, vinculados únicamente por una necesidad producto de una circunstancia causal del espacio. El artista, dimana del hombre; el arte es motivado por la conciencia superior del artista, no del hombre. Ahora bien, el arte en sí no representa la visible personalidad del hombre, sino del artista, quien, a su vez, desdoblado en el anhelo interior, despersonaliza su personalidad de hombre, para convertir su actitud en arte, la que se desprende permaneciendo, distante y fija, en el espacio».

 

[1] 26 de Noviembre de 1891 - Palabras de Martí en el Liceo cubano de Tampa