Rosa Campo es la música infantil

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Rosa Campo es la música infantil

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Al inicio de su carrera, algunas personas le aconsejaron que abandonase las canciones para niños, que era una utopía, que no iba a tener remuneración por su sacrificio; en fin, mil jarros de agua fría para (intentar, solo eso) calmar la pasión casi ígnea de Rosa Campo por componerle a los pequeños.

Quiso la buena fortuna que nada frenase en su empeño a la que se convertiría en uno de los paradigmas de la composición infantil en Cuba.

A la artista varias generaciones de cubanos le deben la sana alegría de haber crecido entre esas letras de canciones suyas que les despertaban (despiertan) cada amanecer, lo mismo en programas infantiles de emisoras radiales que en la sección para los pequeños de la revista televisiva Buenos días.

Y es que los amaneceres con Rosa Campo son literalmente felices, como igual cada momento del calendario en que los niños accedan a su cosmos sonoro de cálidas imágenes, cadencia musical, proposición de virtudes y valores.

La ganadora del Premio Cubadisco 2000, 2003 y 2012 con los fonogramas Amanecer feliz, Parampampín de la Tía Rosa y Trocacuentos; así como de numerosas ediciones del Concurso Infantil Cantándole al Sol  (1995, 1996, 1997, 1998, 2002), nació en Sancti Spíritus hace 63 años, pero se aplatanó hace muchas décadas en Cienfuegos, donde representa una de las integrantes más destacadas de la filial de Música del Comité Provincial de la UNEAC.

Estima la compositora que dicha organización de vanguardia (a cuyo 9no Congreso fue delegada) se preocupa por cada una de las facetas del desarrollo cultural y la música infantil es una de estas, bien significativa a su juicio.

Ejemplifica el relieve de dicha preocupación constante a través del caso de la sede de Cienfuegos, donde en sus Jardines existen tres peñas mensuales dedicadas a esa parcela artística. Allí, también, los Novo organizan su Concurso de Trova Infantil, inédito en Cuba, destaca.

Rosa, muy respetada en el seno de la organización, resulta una presencia activa en su filial, así como en los distintos procesos de la UNEAC y en sus asambleas. Ella es del criterio que la función de salvaguarda cultural de esta deviene ineludible en nuestro contexto, sobre todo en los tiempos actuales, cuando existe mucho talento cultural pero sin la todavía necesaria jerarquización.

Piensa que «en Cuba tenemos mucha riqueza, y a veces, por tenerla, existen decisores que no la valoran. Creen que está hecho: los niños ya tienen canciones infantiles. Sin embargo, en cumpleaños, fiestas de fin curso, no ponen música infantil o para niños. En casa mamá o papá pueden escuchar la de su preferencia; ahora, que en las instituciones, en las aulas, celebren un fin de curso con reguetones, que no dicen nada y lo poco que dicen mejor ni repetirlo….

«La promoción de la música infantil es insuficiente. No está en los círculos infantiles ni en las escuelas por falta de voluntad. Tenemos 27 años de música infantil cubana, con no menos de 2 mil obras finalistas en los concursos Cantándole al Sol. Eso no lo vamos a encontrar en otro país.

«He visitado México, Venezuela, Brasil, Chile y no disponen del patrimonio nuestro. No tienen un certamen donde los niños canten, con dignidad, canciones infantiles. Cuba es una nación próspera en música, en todos los géneros, y en todas las especialidades, donde también la música infantil se viste hermosa, primorosa; es una princesa dentro del panorama sonoro de la Isla. Pero, ¿qué hacemos con una princesa metida en una caja?».

Además de por liderar en Cienfuegos el Proyecto de la Tía Rosa (centenares de niños artistas se formaron en dicha estructura, entre ellos Jayler Martín, finalista en el actual Concurso Adolfo Guzmán), la creadora es conocida por su versatilidad, la cual le hace ensanchar su diapasón hacia la literatura, la actuación radial y la pedagogía, entre otras ramas.

La Hija Ilustre de Cienfuegos, quien se ha granjeado innumerables reconocimientos a escala provincial y nacional, escribió, dirigió, condujo e interpretó durante quince años el espacio El rincón de la Tía Rosa, anclado en la emisora Radio Ciudad del Mar, de Cienfuegos. Y en la pasada Feria Internacional del Libro presentó su libro-cancionero Carrusel musical (2019).

La autora de Maní, Chivirico rico y Amanecer feliz, ya sexagenaria pero con un entusiasmo que ya quisieran muchos ventiañeros, continúa activa, llena de energía creadora y con un cúmulo de proyectos por cumplir en su alforja de sueños.

Habrá nuevos discos, libros y hasta quién sabe otros programas radiales en el decurso profesional de Rosa. Todo siempre como parte colateral de un proyecto artístico infantil al que le ha dedicado su esfuerzo y su talento, el cual prosigue asistida por el éxito.

Aquella a quien un día la intentaron alejar del trabajo con los niños, pero quien sin embargo se convirtió en emblema de la música infantil, está en permanente ebullición. Y, por consecuencia, cabe esperar nuevas y gratas sorpresas.