Rostros en secreto

Rostros en secreto

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Plásticos, Villa Manuela, arte cubano, Rubén Rodríguez, Santiago Rodríguez Olazábal

Lo oculto siempre posee ese halo de misterio que hace al hombre interesarse por fenómenos de esa índole. El querer hurgar en lo prohibido, en lo ajeno y en lo que a veces resulta poco conocido es un placer furtivo entre el deseo y la realidad. Pero, ¿qué sucede cuando ignoramos el semblante del otro, cuando desconocemos por completo su vida? En la más reciente muestra de los artistas Rubén Rodríguez y Santiago Rodríguez Olazábal titulada Lo secreto, en la galería Villa Manuela de la Uneac hasta mediados de este mes, se encuentra la respuesta.

El primero es conocido por recrear universos sexuales y eróticos. Con fino trazo deja al descubierto zonas del cuerpo prohibidas para la sociedad y sus cánones, que solo el placer de la desnudez conoce. Los amantes pueden contemplar sin pudor ni sacristía el cuerpo del otro a plenitud. Allí no existen reparos para el amor.

Manos que encubren su paradero, poses exóticas y miradas ausentes abren paso a un discurso que revela una máxima: no hacen falta semblantes para advertir una historia. Mediante la acción recreada en la pintura, el espectador puede descubrir lo que el lienzo testifica. Reproducciones que calan en el inconsciente, precisamente, por su poder de insinuar sin imponer verdades, de sugerir sin caer en absolutismos y dar paso a que cada cual construya su propio relato.

Rubén Rodríguez utiliza tonalidades grises en su propuesta, matizada por fuertes colores en Loto rojo y Reposo y vértigo, ambas del pasado año. Al visualizarlas afloran desde la mente en cuántas ocasiones no hemos disfrutado de las acciones expuestas en el lienzo. La vida ostenta la incógnita de dejarnos entrever realidades placenteras, en principio ignoradas, por pertenecerle a la rutina y sus desmanes. 

Por su parte Santiago Rodríguez Olazábal se apropia de otras esencias. Su obra es portadora de memorias referenciales, igualmente desde la cotidianidad, pero a diferencia de su homólogo, este si muestra los rostros de sus protagonistas.

Se vale de matices intensos con la intención de resaltar aquello que puede causar mayor impresión. Es ahí donde radica la pulsión de imaginar una semblanza ligada a la existencia humana, lejana y solitaria, pero en la medida en que vamos identificándonos con sus descripciones son tan inmediatas como las intensas miradas de Awo Merin Laye (2016).

Tanto Rubén Rodríguez como Santiago Rodríguez Olazábal poseen una fructífera carrera como creadores. El primero ha sido merecedor del Premio Colectivo Fundación Jaume Guasch de Barcelona, España, y del Premio Salón de Grabado del Museo Nacional de Bellas Artes, entre otros reconocimientos; mientras que Rodríguez Olazábal en el 2007 recibió el diploma al Mérito Artístico del Instituto Superior de Arte. Siete años más tarde se le otorgó mención especial por la obra más original en el Knoke Art Fair, en Bélgica.  Esta última exposición deja huellas de su activo quehacer como artistas.