Ruslán Torres: laboratorios de conducta

Ruslán Torres: laboratorios de conducta

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Plástico, Centro de Arte Contemporáneo Wilfredo Lam, arte cubano
  • Ruslán Torres, artista cubano de la plástica.
    Ruslán Torres, artista cubano de la plástica.

Desde su etapa estudiantil al término de los años noventa en la Facultad de Artes Plásticas del ISA, el hoy avezado artista conceptual Ruslán Torres, dio muestra de separase de los modos de creación tradicionales, decidido a indagar entrecruzamientos entre el arte y la ciencia. Ha ido progresivamente desarrollando una perspectiva de análisis de lo artístico desde el comportamiento conductual de pequeños grupos humanos, observados en condiciones de laboratorio, sobre los cuales ha ido construyendo un corpus teórico psicosocial. Los testimonios de esos numerosos experimentos artísticos se constatan, a manera de resumen, en su muestra personal de octubre en la Galería Wifredo Lam de La Habana.

En el transcurso de sus avances en ese campo de exploración fue otorgándole una mayor importancia al público, sacándolo de la acostumbrada pasividad observacional, al permitirle intervenir de forma activa como sujetos participantes en la experimentación de procesos de construcción creativa. Involucrando, desde la selección preliminar, quienes podrían participar.

Llama la atención el estar fundados tales experimentos en desentrañar las maneras en cómo se establecen las relaciones de poder dentro de pequeños grupos, entre personas que no se conocen previamente, y en cómo se van conformando entre ellas los vínculos emocionales, perceptuales y afectivos que provocan enlaces nuevos entre las personas; objeto en este caso de relaciones puestas bajo observación de experimentación bajo la óptica del arte.

Estos sujetos tenían la particularidad de haber sobrepasado la condición de público-observador para pasar al de público-participante-activo, involucrándose íntimamente en esas condiciones experimentales del arte. Siendo motivo también de análisis, los estímulos y experiencias que cada uno de los sujetos participantes iba aportando a la formación de vivencias más intensas y duraderas, que las logradas por la percepción exterior del público contemplativo.

Las aplicaciones de los resultados de estos experimentos pudieran ser varios, incluido procesos de recepción activa que las teorías contemporáneas acentúan como posibilidades abiertas al público de interaccionar con las obras de arte, y modos sociales diferentes de establecerse vínculos entre las personas en el espacio social del arte que desbordan cada vez más los espacios institucionales acostumbrados.

Los ambientes físicos donde desarrollaban estas experimentaciones no necesariamente respondían a espacios institucionales del arte. Posibles de activarse en condiciones de lugares extra-artísticos, siempre y cuando fueran capaces de soportar la sobrecarga en el desarrollo ambiental favorecedor de esos inter vínculos, sin tener obstrucciones significativas.

El problema nuevo era estudiar el comportamiento y las conductas del público en las artes visuales, en condición no de sujetos observadores sino de sujetos activos, participantes directos. El trazado resultante de las direccionalidades de esos derroteros era sometido a un sistema ulterior de visualización y registro de los gráficos, mediante su representación pictórica y en dibujos abstractos de los esquemas interactivo-comunicativos de las relaciones conductuales entre las personas que actuaban en el experimento.

Esa abstracción permite llevar a expresiones matematizadas de tipo gráfico los resultados de esas interacciones, punto de partida para inferencia de modelaciones de las maneras de realizarse en la realidad social. En esos experimentos sobresalía siempre que los resultados dependían del contexto; de la situación de quienes intervenían en el experimento.

Los análisis conductuales devienen una fundamentación antropológica a nivel de las relaciones establecidas en el marco de la esfera situacional del arte. Sirven de plataforma científica al estudio de las formas de estructurarse las comunicaciones humanas a una escala de grupos mayores. Entendido de ese modo lo antropológico social en sentido amplio, como ejercicios de núcleos de poder y de subordinación espontánea o situacional que van surgiendo entre las personas.

Es significativo que los experimentos llevados a cabo por Ruslán Torres con gran sistematicidad y variedad de situaciones permitan tal vez en principio una posible extrapolación metodológica en relación a los modos de darse relaciones interactivas de los sujetos en la sociedad. Pero él no trata de desbordar el campo analítico de experimentación y enrumbar su proyección hacia la psicología y la sociología general. No es ese el campo de su estudio porque se mueve dentro de la esfera del arte, en la cual se gestan también relaciones de poder y núcleos estructuradores, peculiares, que tienen en el artista y el público a dos grandes polos, los cuales sí son objeto principal de la atención teórica y práctica en su propuesta de estudios.

El artista, en el caso de Ruslán, pasa a desempeñar un rol diferente, no el de productor de obras acabadas para ser contempladas, sino el de artista-creador, desencadenador intencional de procesos conductuales que dirigen una parte del público a intervenir y experimentar el arte desde dentro, acompañando al artista, obteniéndose de esa práctica una mayor profundidad, intensidad y durabilidad transformadora en los efectos estéticos sobre ese público activo.

A la manera de demiurgo, el impulso inicial era marcado por Ruslán, quien estructuraba las bases del experimento. Luego el sistema de las relaciones reales surgido entre los sujetos participantes se comportaba en su evolución de acuerdo a las motivaciones que cada uno de esos aportaba en el despertar de esas interacciones, dentro de los condicionantes motivacionales establecidos de partida.

La secuencia de las interacciones era volcada posteriormente por Ruslán a registros visuales de los diagramas de desplazamientos. Los cuales revelaban una estructuración que se iba gestando de un modo espontáneo, siguiendo las pautas iniciales dadas por el artista.

En dichos esquemas abstractos se reflejaban núcleos reforzados de vínculos concentrados en algunos sujetos, mientras otros permanecían un tanto aislados, evidenciado simbólicamente en el trazado de las rutas y sus contactos. Responden esas concentraciones a los intereses y motivaciones de quienes intervienen en el experimento. Se crea así una dinámica de relaciones humanas interactivas de acuerdo a las simpatías de quienes devienen líderes grupales —a pesar de desconocerse mutuamente antes de preparar el experimento— y a ciertos rechazos o menor afectividad respecto a otros participantes.

Las grafías de la expresión artística las vuelca Ruslán en formatos acostumbrados del arte: pintura, dibujo y la fotografía testimonial del experimento. Además, como acostumbra el arte conceptual, en documentos variados que prueban la ejecución de esos experiencias artísticas. Sin que el producto visual obtenido de esa representación pictórica deba verse con los atributos del arte autónomo, aunque sí con un grado de desprendimiento en esa dirección como constatan sus grandes formatos y la distribución espacial curatorial realizada en el Centro Wilfredo Lam.

Recuerdan esos trazos pictóricos y dibujos en su transferencia plástica, a los esquemas realizados por antropólogos, especialmente estructuralistas, al estudiar poblaciones muy antiguas en cuanto a los comportamientos, a las topologías representadas de un modo abstracto de los espacios sociales de concentración, siguiendo las regularidades y frecuencias de los recorridos efectuados por los miembros de esa población bajo estudio etnográfico.

Se constata de ese modo la cientificidad a la cual se adscribe su propuesta artística, sustentada en la experimentación de tipo laboratorio, ligado a lo performativo. Parece estar emparentada con estudios científicos de la conducta que transcriben los comportamientos a formas de objetivación visual, sin entrar a matizar los condicionantes psicológicos en juego, aunque parte de estos.

Se trata de objetivar los recorridos y flujos de las interrelaciones humanas y sus respectivos contextos. Se sabe que obedecen a determinados factores, pero lo importante es describir los movimientos de esos comportamientos, visibilizar esos esquemas de ruta y llevarlos a su representación espacial. De modo que en los resultados de su análisis prima la visualidad. Es ese horizonte en el cual lo observado revela sus propiedades, saca a relucir lo escondido y da margen a interrogarse porqué se dan esas maneras de vincularse las personas, e intentar darle una formulación científica desde el arte.