Sartori: estreno mundial de Acosta Danza

Sartori: estreno mundial de Acosta Danza

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Escénicos, Acosta Danza, Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso
  • La agrupación deviene un espacio de renovación, de búsqueda y experimentación. Fotos: Cortesía de Acosta Danza
    La agrupación deviene un espacio de renovación, de búsqueda y experimentación. Fotos: Cortesía de Acosta Danza

Sartori, del joven y talentoso bailarín Raúl Reinoso y música del maestro José (Pepe) Gavilondo, es el título de la obra que la compañía Acosta Danza, dirigida por el primer bailarín y coreógrafo Carlos Acosta, Premio Nacional de Danza, estrenó este fin de semana en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

El bisoño artista se inspiró en nociones del Budismo Zen para crear un espectáculo, cuyo punto focal o eje central gira alrededor de la búsqueda de la iluminación espiritual. 

El programa artístico lo integran, además, las obras End of Time, del coreógrafo inglés Ben Stevenson; Impronta, de la artista catalana María Rovira; y la reposición de la coreografía De punta a cabo, versión sobre la original de Alexis Fernández (Maca), que —en esta ocasión— incluye imágenes audiovisuales realizadas por el músico y compositor X Alfonso.

Desde el debut escénico de la emblemática compañía, se ha trazado como objetivo priorizado ofrecer al público nacional y foráneo espectáculos de danza en plena correspondencia con las nociones más actuales desarrolladas en el orbe danzario, no solo en materia del movimiento y el dinamismo de los cuerpos, sino en todo lo relacionado con la escena.

La agrupación deviene un espacio de renovación, de búsqueda y experimentación, no solo para artistas insulares, sino también para coreógrafos, músicos, diseñadores, artistas visuales y de la plástica de todas partes del planeta.   

Para los fieles admiradores y seguidores de Acosta Danza, en nuestro archipiélago y fuera de él, no constituye un secreto que las funciones que lleva a cualquier escenario local o extranjero se caracterizan —fundamentalmente— por fundir en cálido abrazo virtuosismo técnico-interpretativo, dominio del clima emocional del auditorio, así como erotismo y sensualidad; rasgos que singularizan la personalidad básica de la población cubana y de los danzantes que integran la compañía.

En Sartori, por ejemplo, los bailarines —con una clara percepción del estilo y el mensaje que les transmite a los espectadores— adaptan los movimientos corporales al objetivo principal que la obra persigue, y que no es otro que la búsqueda y el encuentro —en el centro mismo del “yo” esencial— de la iluminación espiritual; fin último que trata de alcanzar el Budismo Zen como manifestación religiosa de la cultura oriental, madre nutricia de la sabiduría y la espiritualidad.

No me asiste la más mínima duda de que los amantes del arte de las puntas y los colegas de la prensa especializada que cubrimos y disfrutamos esas presentaciones de Acosta Danza en el Coliseo de La Habana Vieja, recibimos una suave caricia que llenó de luz nuestro mundo interior.