Secretos de Leo Brouwer

Secretos de Leo Brouwer

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Músicos, Leo Brouwer, guitarrista, música cubana
  • Leo Brouwer cumple aniversario cada primer día del mes más primaveral.
    Leo Brouwer cumple aniversario cada primer día del mes más primaveral.

El genio musical cubano Leo Brouwer cumple el 1 de marzo 77 años, vive para dejar su obra, para alcanzar todos los honores y para quedar como “Capo Scuola” (Cabeza de Escuela) de la guitarra y la música internacional.

Juan Leovigildo Brouwer Mesquida (Leo Brouwer) es un clásico de la composición guitarrística, tiene el privilegio de revolucionar el mundo de la guitarra, sacándola del ghetto andaluz y haciendo una auténtica revolución de la creación contemporánea.

Tuve el privilegio de conocerlo desde hace muchos años, cuando visitaba la casa de su primera esposa Georgia Guerra, hija de la musicóloga Carmen Valdés Sicardó, mi mecenas.

Carmen y Georgia me contaron todos los secretos de Leo en su juventud. Entre las cosas que me revelaron se encuentran los avatares del joven en su lucha por la música.

Cuando Isaac Nicola lo recibió en sus clases —llevado por su padre Juanito Brouwer—, no había dinero para pagar las clases. “Yo le daba clases —me dijo Isaac Nicola—, sabía que muchas veces no podía pagar; pero vi en Leo una luz especial en sus ojos, un interés muy grande, una gran pasión y amor. Nunca me gustó dármelas de profeta, por eso no hice ningún pronóstico, pero en todo momento observé un interés que crecía y se superaba en el rigor del estudio y un concepto muy severo. Eso me hizo comprender que llegaría muy lejos, que merecía la pena”.

Uno de los temas que recordamos fue el de su estancia en EE.UU., justo el 7 de julio de 1959, cuando ganó una beca en la escuela Juilliart de Nueva York, aparecida en la Gaceta Oficial, ofrecida por el Gobierno Revolucionario a varios alumnos.

“Yo salí el 14 de octubre de 1959 para Nueva York, recuerdo que nos aparecimos con un baúl mundo, de esos que eran muy grande, era algo asombroso (Leo se ríe de aquella locura). En realidad, sobre guitarra no había mucho que aprender allá, mis maestros fueron Gertrude Weinberger (austriaca) y el compositor Vicent Persiquetti”.

En esa primera etapa Leo no había recibido el dinero y pasó mucho trabajo en aquella ciudad fría, una verdadera selva de asfalto. “Ahí fui conociendo aquel mundo que nunca me gustó; al extremo que, cuando se rompen las relaciones entre EE.UU. y Cuba, el 4 de julio de 1960, regresé de inmediato a mi país, no lo pensé dos veces. Me ofrecieron trabajo en la firma disquera Columbia —gran consorcio industrial del disco— y muchas giras de conciertos; pero yo prefería regresar a Cuba donde se gestaba un proyecto de arte y cultura de mucha trascendencia”.

Prácticamente a Leo no hubo mucho que enseñarle, en los dominios de la guitarra Leo ya lo sabía casi todo, al extremo que quisieron contratarlo como empresario para la firma Columbia. Y como acompañante del cantante Harry Belafonte, rey del calypso de salón.

Con relación a las relaciones con Ernesto Lecuona Brouwer me expone que, “de Lecuona aprendí como profesional, en su forma de componer: Lo hacía en su mesa y abriendo las partituras de referencia en forma de abanico y escribía un poco en cada hoja. Además, hice lo mismo que Ernesto: Puse por encima mi obra composicional que las interpretaciones del instrumentos musical. Lecuona trasciende y tiene una honda significación para la cultura nacional, sin dudas y la seguirá teniendo”.

Otro misterio que nunca entendió Leo fue el hecho de que Lecuona mantenía cerrado con llaves el piano. Nunca lo abría, no lo estudiaba, eso fue para mí un enigma”.

Acerca del misterio de Lecuona con su pianismo y su manera de tocar el maestro me explica: “Lecuona fue de los primeros concertistas en dirigir, dos o tres conciertos en un mismo programa, desde el piano. La factura de su obra es muy cuidadosa, muy profesional, con valores trascendentales. Para tocar su obra hay que tocar mucho piano, ser un verdadero pianista. No es un pianismo fácil, es brillante.

Cuando Leo llega a Cuba, los celos empezaron muy pronto, el talento mete miedo, Leo venía con la última y tenía conceptos muy modernos ante los anticuados músicos de peluca blanca formados con las tesis de Europa. Al extremo que no lo dejaron ejercer en el Instituto Superior de Arte, porque no tenía “papelitos” (el documento de graduado universitario que no llegó a alcanzar en la Juilliart. “Tuve que regresar a Cuba sin la graduación —me explica Brouwer—, porque EE.UU. rompió relaciones con Cuba y, no la pensé dos veces, regresé porque sabía que en Cuba había lugar para el arte y la cultura”.

Los ataques a Leo nunca faltaron, pero, el joven “flotaba” sobre las diatribas. Se fue imponiendo poco a poco, los constantes conciertos en Europa, en la década de 1970 le ofrecieron un despegue inusitado y, ya nuca más sus detractores pudieron con el poderío musical que traía el gran músico.

Pero, no vaya a creer que la resistencia era solamente en su propio país, en Alemania, en uno de sus ensayos, los músicos vieron que Leo era un cubano y demasiado joven y se manifestaron un puco incrédulo. Leo en el ensayo, lápiz en mano fue marcando los errores cometidos por algunos instrumentistas. Al final le fue diciendo a cada uno esos errores y se quedaron atónitos ante la sorpresa del cubanito director de orquesta.

Tengo el privilegio, invitado por Leo, de asistir a algunas de sus grabaciones del Grupo ICAIC (GESI), donde grababan Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Emiliano Salvador, Sergio Vitier. En aquel entonces el adiestramiento no era perfecto, algunos se equivocaban en la presión de las grabaciones. Leo decía estas palabras: “Caballeros vamos a poner atención”. Entonces, las cosas salían.

Del trabajo creativo de Leo me expuso su método de trabajo: “Yo tengo la suerte de trabajar en la casa, y cuando digo trabajar hablo en serio. Reparto el trabajo, preparo conciertos, pero mi trabajo de creación siempre lo hice en mi casa, al abrigo de mi familia, donde he encontrado equilibrio entre el trabajo profesional y mis deberes sociales”.

 

Finalmente llegaron los honores

Leo Brouwer es el más importante compositor viviente de obras para guitarra (Athenas New/1978). Las composiciones para guitarra de Leo llevan el sello de su perfecto entrenamiento en la tradición clásica. Y a su vez, todas sus obras son el resultado de un artista que se ha liberado de las perspectivas usualmente limitadas del guitarrista clásico (The Times de Londres/1980).

Es la magia de la versatilidad en la era de la especialización musical el sigue siendo uno de los gigantes de la guitarra de concierto (Toronto Star/ 1982)

Posee en Cuba todos los galardones, medallas, órdenes, premios, Honoris Causa. La Asamblea del Consejo Internacional de la Música de la Unesco (1988), lo colocó como un clásico, en el status de Miembro de Honor de la Música de Por Vida.

Leo Brouwer cuenta con todos los honores recibidos dentro de la música, el triunfo coronó los esfuerzos. Cuenta con más de diez medallas y distinciones nacionales e internacionales. En el 2009 recibió el Premio Nacional de Cine y Premio Nacional de Música, en el 2010 mereció en Madrid el X Premio Tomas Luis de Victoria, que otorga la Sociedad General de Autores de España (ESGAE), considerado el más alto reconocimiento en el ámbito hispanoamericano y lusófono, asimismo cuenta con un Grammy Latino por uno de sus discos.