Seis maneras de contemplar a Wallace Stevens

Seis maneras de contemplar a Wallace Stevens

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  • Wallace Stevens fue un poeta de ideas, de contrapunteos en lo más hondo de los significados.
    Wallace Stevens fue un poeta de ideas, de contrapunteos en lo más hondo de los significados.

I.

No hay diferencia entre un mirlo (blackbird) y una guitarra azul (blue guitar), las cosas como son no tienen forma. Y si acaso la tienen, es mínima, cuidadosa, aislada. Casi como si un hombre cantara, sentado sobre la roca, a la reina de los mares. No hay diferencia tampoco entre la muerte y los emperadores, para tal caso, la forma cumple con su génesis: la forma es una. Wallace Stevens como Pitágoras, devuelve lo original a su sitio, a la melodía de un lenguaje unificador.

II.

Trece maneras de contemplar un mirlo (Reina del Mar, 2014) abre el cosmos a una especie poco avistada dentro de los márgenes de la Isla. Va más allá de una traducción abierta o libre de Edelmis Anoceto, que intuye la necesidad de esta percepción sensible de las órbitas. Wallace Stevens resurge mediante los mirlos y el ejecutante de la guitarra, y nos hace creer de nuevo en lo sencillo y puro de la naturaleza. Wallace Stevens1– Edelmis Anoceto: pues este es un libro doble que el poeta y el traductor han depositado juntos ante los ojos para que se naufrague en un magnífico coro primigenio. Como declara Anoceto en su (Re)visión de Stevens: «El simple ojo humano ve, pero la imaginación del poeta otorga dimensiones insospechadas a cada cosa»2. Las cosas como son, no deben entregarse por una sola vía, hay que tocarlas desde todos los ángulos, hay que traerlas hasta donde el hombre pueda integrarlas, hay que permutarlas para saber qué hubo allí, cuál la huella.

III.

“Debemos unir”, quizá sea esa la divisa que nos entregan con está minúscula selección de poemas (ocho), que posee la delicadeza de su creación en el idioma (lenguaje) original. Tanto en inglés como en la traducción de Anoceto, los poemas-ideas de Wallace Stevens sobreviven; no importa que la sintaxis y el vocabulario (en inglés) excedan el conocimiento promedio que se pueda tener sobre esa lengua; ciertamente, no importa cuando el ritmo transmite este misticismo épico:

If to serenade almost the man
Is to mis, by that, things are they are,

Si cantar casi al hombre es perderse
con ello las cosas como son
3

IV.

No hay diferencia entre Björk (Vespertine) y lo que lees distraído por las líneas imperiales de Wallace Stevens. La sintonía minimalista entre acordes islandeses y continente americano traza esa despierta geografía que Anoceto trae a los márgenes de la Isla. « ¿Las cosas como son han sido destruidas?/ ¿He sido, soy, un hombre que ha muerto/ en una mesa sobre la que se ha enfriado el alimento?»4. Las cosas como son (things as they are), quizá se nos vaya en esta pregunta que envuelve también al hombre, hombre muerto sobre lo muerto (muerte como objeto inútil: alimento inútil), y es el frío quien lo detiene; las relaciones enfriadas del hombre con el resto del mundo, interpretado como a punto de ser devorado por el hombre. Para Wallace Stevens, «las olas del mar se calmaron una noche/ y al amanecer el estío matizaba la cubierta». Para nosotros que no iremos por el río oaxaqueño, ¿podremos ver alguna vez ver las cosas como son? Es interesante como para un lector en estado de sitio como es el lector cubano de poesía, esta frase se convierte en un paradigma matizado por una melodía igual de libre que ella: ¿existen las cosas como son? Björk (Vespertine) arroja los trombones al espacio en que golpes de sierra intercalan la naturaleza de una violencia sin modelo, Wallace Stevens desmonta al hombre (lo des-modela) tatuándole las cosas como son con ese «verde paradisíaco» de «la máquina perpleja del oceáno».

V.

Wallace Stevens no fue un poeta tardío (no creo que exista algo como esto, pues ¿cómo hacer para silenciar las pulsantes y demoledoras palabras?), sino que publica su primer libro cuando encuentra la armonía, y así mismo lo titula, Harmonium (1923), ya tenía 44 años de edad. Wallace Stevens fue un poeta de ideas, de contrapunteos en lo más hondo de los significados; oponer imaginación-realidad es también lograr la mixtura de lo imposible, como cuando uno ve dentro del compacto y asfixiante viaje del transporte de urbano, que alguien sin previo aviso escribe el nombre de la amada, un niño sonríe llevándose las manos a la boca, ella ve pasar un hipogrifo sobre el hombro de él y queda prendada, la puerta retráctil de salida se nos convierte en un gran letrero rojo que dice Exit, y nos expulsan del cuarto 101. Estamos “libres”, con los pies en la calle y Wallace Stevens continúa equilibrando los paisajes, diciéndonos que «la noche es del color del brazo de la mujer»5, más alejado aún porque la meditación aquí es oriental, rozando tankas y haikus, la imaginación irrumpe distintamente recopilando los trazos que la mirada realizara. Lo mínimo es lo sencillo, «la noche, la hembra».

VI.

Edelmis Anoceto juega con todos los poemas de Wallace Stevens; es decir, Wallace Steven deja que Edelmis Anoceto, por momentos, se imponga, porque sabe que va tocando alguna parte de las cosas como son. Björk (Vespertine), quizá, complete los extremos del Tetraktys. Lo cierto es que al fin Wallace Stevens entra en los márgenes de esta Isla por la vía de Edelmis Anoceto, y se va haciendo cada vez más rico la variedad de autores a los cuáles recurrir cuando uno esté a punto de poner «una voz en las nubes, /otra en la tierra, una voz en el éter, / la otra con aliento a bebida».


1 Wallace Stevens (Reading [Pensilvania], 2 de octubre de 1879 – Hartford [Connecticut], 2 de agosto de 1955) poeta estadounidense, adscrito, como T. S. Eliot, a la corriente vanguardista (modernism: modernismo anglosajón) en lengua inglesa.

2 (Re)visiones de Steven, prólogo de Trece maneras de contemplar un mirlo, pág. 8. 

3 Traducción de Edelmis Anoceto, pág. 51

4 pág. 71

5 pág. 101