Sería bueno que un día alcancemos la armonía entre las palabras y los actos

Entrevista a Ulises Rodríguez Febles

Sería bueno que un día alcancemos la armonía entre las palabras y los actos

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Ulises Rodríguez Febles, dramaturgo, investigador teatral, guionista, Minsk, novela, Premio Cirilo Villaverde, Premio Guillermo Vidal, Ediciones UNIÓN
  • Foto: Cortesía del entrevistado
    Foto: Cortesía del entrevistado

Ulises Rodríguez Febles, es dramaturgo, investigador teatral y guionista. Domina el mundo del teatro y en particular del universo titiritero. Ha sido merecedor de importantes premios nacionales e internacionales. Actualmente dirige la Casa de la Memoria Escénica en Matanzas.

Ulises es un creador incansable. Según sus propias palabras: «soy un escritor que combina géneros». Para él escribir es un placer intenso y mucho más cuando fusiona la investigación y la escritura o analiza las obras de sus colegas. Es un conversador natural que dialoga con espontaneidad y sentido del humor.

Hemos coincidido en eventos y actividades culturales. Ahora participamos en grupos afines en las redes sociales y mediante ellas, le pedí esta entrevista. A la que accedió amablemente:

¿Cuál es tu primera publicación, obras publicadas y premios? Cuéntanos sobre tus proyectos y publicaciones futuras.

Hay una larga historia, desde la primera publicación de un cuento mío en la antología Los últimos serán los primeros, con selección y prólogo de Salvador Redonet, Letras Cubanas, 1992, y La Ventana tejida, un monólogo que sigue en repertorio activo de la actriz Miriam Muñoz, publicado en 1993 por Ediciones Vigía, como parte del Premio de Dramaturgia Virgilio Piñera. Ese fue el inicio profesional, porque siempre he escrito, siempre estuve vinculado a la literatura. 

Lo otro más significativo vino después, especialmente con el Premio Virgilio Piñera y Royal Court, 2004, que llevó a una generación de autores jóvenes cubanos a Londres a la Semana Dramaturgia Real. Y luego, como a un punto de giro en mi carrera de estrenos en Cuba, Estados Unidos, México e Inglaterra. Creo que El Concierto me marcó, por muchas razones estéticas y de promoción de mi dramaturgia. Ahora mismo en el 2020, es parte de estudios secundarios en Inglaterra, por lo que se puede afirmar que se mantiene viva, debatida en una nueva generación, que imagino busquen conexiones entre los Beatles y nuestra nación, y de esta con el mundo, como pude admirar durante las puestas en el Royal Court Theatre, con el Usptream Theatre, en Estados Unidos o en México durante la 6ta Semana Internacional de la Dramaturgia o las adaptaciones para la radio cubana y para la BBC.

Como parte del estímulo de escritura del Royal Court Theatre vinieron junto con El Concierto, Carnicería y Huevos, mi obra más querida, publicada en diversas antologías y varias obras de teatro para niños y títeres y adultos; casi todas publicadas por varias editoriales o estrenadas por agrupaciones de Cuba.  Aclaro: No solo soy el autor de Huevos y El Concierto, que es de la que siempre empiezo hablando sino de otras obras como Béisbol, Saxo, Ciudadanía, Campo Minado, Yo soy el Rey del Mambo, que tuvo una significativa repercusión de la crítica cubana y de México, por abordar la figura de Dámaso Pérez Prado. También soy el autor de varias obras para niños y títeres, que aparecen recogidas en la antología La Cabeza intranquila y otras obras, donde se encuentra Cyrano y la madre de agua, que presenta en una hermosa puesta Los Cuenteros ahora mismo en San Antonio de los Baños y en otras regiones de Cuba, Divina Titiritada, Antoine.

Minsk fue mi primera novela, Premio Cirilo Villaverde 2012 y luego la segunda es Las últimas vacas van a morir, Premio Guillermo Vidal, 2017, que saldrá próximamente por Ediciones Unión. Y es una novela sobre las conexiones de la tierra como ser humano, en la sociedad cubana contemporánea.

Próximos proyectos, seguir escribiendo otros textos, que se mueven entre la narrativa y la dramaturgia, en esta última especialmente en la trilogía de textos musicales, que se inició con Yo soy el rey del mambo, y continua con Danzón y Lara, sobre Agustín Lara, que son simbiosis con la música y también con la cultura mexicana y cubana, esa mezcla hermosa y auténtica entre naciones, que a la vez nos unen con el mundo; y que comenzó cuando en el 2016, preparamos la poeta y narradora Yanira Marimón y yo, el libro Mambo, que rico é, é, é!, por el centenario de Perez Prado, que además de recopilar textos sobre el mambo y la figura del músico matancero, revela varios aspectos de su vida, como la real fecha de nacimiento, la casa donde nació, entre otros detalles; provocando que germinaran sueños que se han ido concretando.     

Eres Dramaturgo, guionista, narrador e investigador teatral. ¿Cómo asumes cada uno de estos géneros literarios? ¿Hay influencia de uno sobre otro? ¿En cuál te sientes más cómodo?

Soy un escritor, que combina géneros. Un aeda, como Homero, el ciego, que nos iluminó, salvando la distancia, que vive en una ciudad como Matanzas, mi Ítaca, (la de Ulises) como la definió mi amigo y colega el dramaturgo uruguayo Sergio Blanco. Creo que mi dramaturgia es una mixtura de géneros, que cada vez se hace más evidente, solo es imprescindible investigarla. En la dramaturgia, específicamente en la de los últimos  tres o cuatro años, la combinación de los códigos de la danza, y el asumir como estructura lo musical, para reinventar desde esa perspectiva mi dramaturgia, por ejemplo Yo soy el rey del mambo que es un mambo drama (y sobre eso he teorizado bastante, aparece publicado y también han escrito otros y otras) y Danzón, concebida a partir de la estructura musical (siempre escribo mis divagaciones teóricas, y en  esta específicamente  la mujer, tiene un rol fundamental)  y  sus rasgos coreográficos,  que muestran  la simbiosis de lo dramático, lo danzario y lo musical. Algo que está en nosotros, como la manera en que hablábamos, nos movemos o gesticulamos, la manera en que nuestro espíritu, con sus variantes nos acompaña como nación.

Lara, es lo último que escribo mientras respondo estas interrogantes, que aborda la figura de Agustín Lara, el mítico compositor mexicano, y está dentro de esa misma concepción, el bolero, el tango, las esencias de su música, lo que lo distingue en sus letras y los rasgos esenciales de su vida y obra musical.

Por otra parte, teatro y narrativa, dialogan, creo en mi obra, constantemente desde los noventa, son púgiles que danzan, y se estremecen.

Sputnik se transformó en Minsk, aunque en realidad, siempre jugué con ese diálogo de una manera consciente, porque lo escribí como el ejercicio de un guion cinematográfico, una obra teatral y una novela. Solo quedó rezagado el guión; pero según algunos críticos, todo eso se hace visible en mi narrativa: la presencia de un narrador, que es dramaturgo.  Me siento cómodo en el último proyecto que escribo, que pasa por Lara, revisar Danzón, incinerar o resucitar Cuarentena, sobre esta traumática etapa del covid 19 e intentar un monólogo sobre un personaje femenino de la literatura universal, para el cual he escogido a La Maga, de Rayuela, aunque podía haber seleccionado otras de las tantas mujeres claves, muchas veces marcadas por el acto de su género: lo intenso es el placer de escribir, de fusionar el estudio, la investigación y la escritura. A veces experimento un enorme placer en analizar la obra de mis colegas (Norge, Amado, Fulleda. Yunior, Estorino, Monge, Brene, Montes Huidobro, Triana, Artiles…), que necesita un poco de bondad, lucidez, un instrumental teórico que ilumine, que en mí también es una mixtura;  aunque soy discípulo   del teórico José Luis García Barrientos, que me guía, incluso, cuando indago en la dramaturgia para niños, como la de Eddy Díaz Sousa,  para el que escribí el prólogo a su  antología El Elefante azul y otras obras o Cabeza de Caballo, de Yerandys Fleites, mención y Premio Dora Alonso, de Tablas Alarcos, en el 2019.

Aprendes de ellos, siempre, y también los comprendes, los comparas con otras obras escritas en la Isla o en el mundo. Y te despojas, de visiones que te remiten a tus gustos estéticos, a tus perspectivas éticas, ideológicas, sociales. Un archivo y una biblioteca, te enseñan a ser plural, democrático, a escuchar otras voces, aunque no coincidan con la tuya, a dialogar con ellas. Debes aprender como un ejercicio, escuchar a los demás, a comprender la perspectiva de los otros. Cuando uno escribe, nos metamorfoseamos en muchos otros, nos sumergimos en otros Espacios y Tiempos.    

¿Cuáles son tus escritores fundamentales, los que en tu opinión han marcado tu obra? ¿Cuáles son tus escritores preferidos?

He construido una biblioteca, la que he soñado, que después de años de existencia he denominado La selva oscura, como el libro de Rine Leal; especializada en la escena, pero donde está toda la literatura posible, incluida aquella que según mi perspectiva no puede faltar y ya se sabe que una biblioteca, siempre crece hasta el cielo y que deben estar muchas obras esenciales, pero esos espacios viven de varios factores, sensibilidad, economía, ética…

Es en una biblioteca donde me siento más feliz, incluso comparado con un teatro, que es otro de los lugares, en los que siento, que me reinvento como ser humano; las luces, la energía de un teatro, donde el texto vive, y nos sumerge en un universo de conflictos, que brotan de los actores y de la colaboración de las muchas especialidades que a veces intervienen. Me entiendo perfectamente con Jorge Luis Borges, con el acto de ser bibliotecario y su obra (que muchas veces tiene que ver con esa profesión, con la que me siento en comunión). Es hermosa esa frase de él, que me persigue cuando reinvento cada día obsesionado y loco la Casa de la Memoria Escénica. Borges dice: «Las bibliotecas son las memorias de la humanidad. Una memoria infame, ha dicho Shaw. Pero con ella erigiremos un porvenir que se parezca, siquiera un poco, a nuestra esperanza».

Estoy seguro que estoy en un barco o camino un desierto; pero yo camino hacia un punto: el que yo veo en mis sueños.  Estoy conectado, en esta ciudad grandiosa que es Matanzas, donde se fundó la segunda biblioteca pública, del país donde he nacido, para “dejar testimonio”, como escribió Eliseo Diego y en la que también nació el patriota y bibliotecario Carlos M. Trelles, en el que siempre pienso, cuando desando sus calles, atravieso sus puentes y avanzo en sus memorias recónditas y complejas.

Trelles, Trelles, digo, en el San Juan, que une a muchos desde Milanés y Plácido, hasta a Alfredo Zaldivar y Rolando Estévez, con su Vigía de los ochenta y toda una generación de poetas y promotores inolvidables, que llegaron de varias partes de la Isla o nacieron aquí.

A veces pienso en la figura del intelectual matancero Orlando García Lorenzo, que fue mi contemporáneo y alguien que extrañamos siempre, en cuyo recuerdo se funde la pasión por la Gener y del Monte, mis inicios como escritor, su respeto, sensibilidad, bondad y dones como promotor. A veces sueño con esa legión de bibliotecarios, conocidos o desconocidos, que forman parte del legado que me acompaña, simbólicamente y que van desde Aristófanes de Bizancio, en la Biblioteca de Alejandría, Villita, el bibliotecario cubano o Pepe, alguien olvidado en la ciudad, Matanzas, pero que sin ser dueño de nada, bautizó una biblioteca en la calle Matanzas, entre Río y Medio. ¿Qué quiero decirte con eso? Leo y leo. Vivo entre libros. Hay autores y obras únicas que aconsejaría a muchos; pero como los usuarios de una biblioteca, cada día aconsejaría algo nuevo, desde el Libro de Job, pasaría por mi selección de veinte libros esenciales, hasta alguno de los autores contemporáneos. A veces mencionar nombres y obras, hace claro tu canon personal (que cambia cíclicamente, la verdad), que confluye con el de otros o de los teóricos, que han propuesto interesantes miradas, que uno puede aceptar o rebelarse; pero yo admiro y escojo de una biblioteca, esa amplitud que me remite al Cosmo.     

¿Qué significa para un escritor ser el director de la Casa de la Memoria Escénica, donde se conserva protege y difunde el patrimonio escénico cubano? ¿En qué crees que una profesión afecta a la otra? ¿En qué crees que lo beneficia? ¿Cómo te las ingenias para llevar la dirección de la Casa de la Memoria y para mantenerte escribiendo tu obra?

La Casa de la Memoria Escénica es una de mis creaciones, quizás la más evidente. Es un espacio físico, que se conecta con mi ciudad y el mundo. Ese espacio tiene mi energía y la de otros, es como una reinvención de la memoria, con laberintos inexactos, poéticos, que devoran y a la vez, se atragantan con mis anhelos de luchar contra el proyecto que tengo en mi cabeza, que no es posible en las circunstancias en las que vivimos; pero que, sin embargo, alcanzamos en ciertos aspectos, lo que otros no pueden. Está ahí, en la calle Milanés, al lado de la casa donde vivió y murió el poeta y dramaturgo alucinado, que inauguró el romanticismo cubano con El Conde Alarcos. Una utopía que persigo, que amo y me duele, como golpes constantes.

La Casa de la Memoria no rebasa los 500 metros de largo, es mi país y mi cama, mi silla; es conservar el patrimonio, y ese acto utópico de indagar en las huellas de una nación que están en mi obra, la dramática y la narrativa. Me apasiona el acto de investigar, creo que muchos de mis textos, han formado parte de ese interés de mi creación, un rasgo de mi estética; específicamente, de lo que he llamado la memoria sumergida, a través de la  que se conectan muchas de mis obras teatrales; pero especialmente, porque debemos hablar de algo nuevo y  que le diga a los lectores otra cosa, y es que Las últimas vacas van a morir, que saldrá próximamente por Ediciones Unión y que fue Premio Guillermo Vidal, es una novela que lo funde todo. Lo que escribí antes (en el teatro, la investigación o la narrativa), y lo que me conmovió durante los días en que me senté a escribirla, a luchar con ella, a vencerla, mientras indagaba en libros, en las versiones de sus protagonistas, en archivos, en mi historia personal y en los fragmentos de tierra doblegados por las circunstancias.  Funde mi biografía personal (que nací en la cooperativa más grande de Cuba, la Crucero Aurora, en el Valle de Guamacaro –eso decían en esa época, los ochenta—, y he vivido, cerca y dentro de planes genéticos de ganado vacuno) con las visiones del mundo agrario de esta nación, que tiene grandes deudas con el hombre de campo, y que en mi novela se conecta con el urbano y el Universo. A veces, no sabemos la relación que tenemos con la tierra, y la tierra lo es Todo, por ella vivimos y morimos. Los errores, que cometemos con la Tierra, nos llevan a un laberinto, que a veces son difíciles de atravesar, para llegar a un punto. Por eso Francisco de la Cal, el personaje protagónico, una reinvención de la creación pictórica de Fernando Rodríguez, se levanta un día y descubre una mancha en su cuerpo. Esa mancha, (que no voy a decir de que es) lo une a la historia de los otros, por años, hasta llegar al presente (mediante historias diversas, contadas con estéticas mixtas, que viajan en el tiempo, que reinvenciona lo rural y sus conexiones, testimonian la complejidad del mundo agrario) o quizás al futuro de nuestra nación.  No quiero decir mucho hasta que no acabe de salir publicada, y puedan leerla. Es algo de lo que más deseo ahora mismo. Y los invito a hacerlo.    

¿Qué opinas de la palabra feminismo? ¿Crees que sea necesario que los hombres aprendan sobre género? ¿Hay equidad de género en las instituciones culturales?

Estoy al tanto de los estudios más actualizados que cada día se escriben, de las reflexiones y análisis, de sus polémicas visiones. Es necesario que los hombres aprendan, de la mujer, porque ellas tienen una sensibilidad, una sabiduría, que la enaltece, más allá de las veces que ha sido suprimida de la Historia, incomprendida o aplastada. La mujer es el centro de todo, es lo que pienso, es como lo veo, aunque vivamos en un mundo, que no piensa igual y que ejecuta (estrangula, incendia y mata) esa posición de la mujer, que las cuestiona y juzga, que no las visibiliza. Ahora mismo releyendo Rayuela, para escribirle un monólogo a La Maga o Lucía, te encuentras que es un personaje libre y a la vez una víctima atroz de los otros.  

Una revisión de la dramaturgia cubana contemporánea, para ubicarnos en Tiempo, Espacio y Personajes, para no meterme en otras áreas, para darte una visión dramatúrgica, nos lleva a Nara Mansur, con varios de sus textos, como Charlote Corday. Poema dramático, Ignacio y María…, en las que el dilema de la mujer es epicentro de sus conflictos; Antonia Fernández, Elaine Vilar, Cristina Rebull (que algunos hemos olvidado), Laura Ruiz (que necesita estudios, que quiero dedicarle, como respeto a sus obras, no solo como poeta, editora, sino como dramaturga…), Agnieska Hernandez, Nelda del Castillo, Raquel Carrió, Flora Lauten, entre otras. Son seres con una visión extraordinaria de su posición en el universo, tan inteligente y capaz de enfrentar cualquier conflicto, que sus obras y sus posiciones la dimensionan, y a la vez lo hacen con nosotros. Convivo con mujeres, trabajo con ellas; por ejemplo, la Casa de la Memoria Escénica, está habitada por mujeres: sensibles, inteligentes, agudas, libres, poderosas. Una revisión de mi dramaturgia, verá el énfasis que pongo en los personajes femeninos; porque he convivido entre ellas, en mi aula, éramos solo dos del sexo masculino. Es de su tragedia de la que hablo, muchas veces. Y claro, comprendo, como es sojuzgada; pero también como se levantan y brillan. La literatura universal las refleja no solo en la recreación de hombres, que muchas veces comprendieron a las mujeres, sino de mujeres, que asumieron esas tragedias perpetuas a las que se han enfrentado. Para mí una obra esencial, cuando pienso en la pregunta que me haces es el Orlando, de Virginia Wolff, una obra clave, que me seduce cada día, que releo. Esa es una de mis obras preferidas, en ese anaquel de obras preferidas, del cual me preguntaste antes; porque me seduce la novela y sus perspectivas, hondísimas, únicas, y también Virginia, su vida y obra.    

¿Qué te da miedo?  ¿Qué es lo que más te enfurece? ¿A tu juicio cual es la palabra más peligrosa? ¿Cuál la más esperanzadora?

Miedo. La decadencia de la especie humana, su incapacidad para sobreponerse a las tragedias; su egoísmo, su inhabilidad para comprender su autodestrucción, lo que se ha hecho evidente en el instante en que la pandemia, nos encerró, alejado de todo, y sin embargo la naturaleza, pareció tener un descanso de nuestro egoísmo, que se resumen en que perdemos una idea de nuestro rol en el mundo, y de la significación que tiene el legado de entregarle a otras generaciones, un planeta diferente, especialmente vivo, en el que respiremos. La violencia del ser humano, contra todo lo que le rodea, es lo que más me enfurece; porque la primera agresión no solo contra la naturaleza, sino contra el hombre mismo. Guerra, entendida como agresión, es la palabra más peligrosa; porque es una obsesión, que ni siquiera atravesar instante, como el de la pandemia, que nos demostró lo indefensos que somos, la facilidad con que podemos desaparecer, y, aun así, en vez de hacer una pausa, hacemos lo contrario, demostramos con nuestros actos, que siempre alguien quiere dominar a otro, doblegarlo, y si es posible destruirlo: su cuerpo físico y su espíritu.  Paz, es la más esperanzadora de las palabras y acciones, conjugada con amor, a lo que nos rodea; pero especialmente a nuestros semejantes. Es algo, que resulta difícil dominar; porque siempre agredimos o somos agredidos, constantemente. Sería bueno que un día alcancemos la armonía entre las palabras y los actos, que dignifiquen a la especie humana.      

¿Qué le aconsejarías a los jóvenes escritores? ¿A los jóvenes en sentido general?

Ser amigos abiertos de todos, lo que a veces es una visión idealista; siempre reconociendo que somos diversos, plurales y que hemos aprendido de otros, que somos alumnos eternos.  Ir a la raíz y estar alerta ante lo que ocurre en su generación, lo que quiere decir, atentos, actualizados, siempre transgrediendo lo que está, indagando en la memoria, en su complejidad. Saber que el universo está en el lugar donde se vive y más allá, y que una biblioteca, es un laberinto abierto, (una biblioteca, es una metáfora de muchas cosas) en el cual a veces te incitan a aceptar, lo que todos leen; pero donde hay que saber encontrar, lo que quizás, puedas encontrar por ti mismo, incluidas, las voces de esas mujeres, perdidas en los anaqueles de las bibliotecas vivas o en peligro de extinción de este planeta, en que nacimos y vamos a morir un día.