Sobre una épica cubana en que no se repara

Sobre una épica cubana en que no se repara

Etiquetas: 
Audiovisuales, Medios audiovisuales y radio
  • Se despide Alegrías de Sobremesa
    Se despide Alegrías de Sobremesa
  • Serie televisiva LCB. La otra guerra
    Serie televisiva LCB. La otra guerra

Una jarra de caña brava, un collar de Santa Juana con una semilla como un medallón, oscuro y brillante, ambas con el nombre grabado de mi padre, y un radio Meridian son los recuerdos palpables que quedan en mi casa, en mi universo, de dos sucesos dramáticos que nos conmovieron por estos días. Me refiero a la serie LCB. La otra guerra, trasmitida en horario estelar por el Canal Cubavisión, de 15 capítulos, sobre la lucha contra bandidos en las lomas cubanas del Escambray; y al coronado fin de Alegrías de sobremesa, programa de Radio Progreso que surcó el éter por 52 largos años, debido al ingenio y la gracia de Alberto Luberta.

La serie humanizó una etapa de nuestros mayores que apenas conocíamos. Yo conservo fotos de mi Papá con el collar puesto cargando un fusil, y como un leve rumor semiolvidado el hecho de que me habló alguna vez de unos mosquitos que no permitían estar ni dormir. Pero nada más. La prisa envolvente de la vida nos impidió otras pláticas. Entonces el dramatizado viene a poblar nuestra memoria de conflictos tan universales que nada tienen que envidiar a los shakesperianos: la relación oscura entre la vida y la muerte, la realización del amor reñida también con el final de la existencia, la pasión de una madre -impoluta ante cualquier suceso-, la soberbia, el concepto de la justicia. Muy atinada me ha parecido la secuencia de despedida con fotos de la Limpia del Escambray, que rápido te llevan a unir el drama presentado con lo heroico o cotidiano de las fotos. Cada vez que llegaba este momento sentía ganas tremendas de ir al escaparate de mi Papá y abrir la gaveta para encontrar otros recuerdos de aquella hazaña.

Cuando lo llegué a hacer un tiempo después solo encontré balas de distintos tamaños y la nostalgia colmada de tanta expectación. Muy encomiables fueron las actuaciones de Osvaldo Doimeadiós y Fernando Hechavarría, actores bien conocidos y reverenciados en nuestro medio, pero me sobrecogió particularmente la de Denis Ramos, aún joven actor cubano, que ya está dando ,y va a dar mucho que hablar, en nuestros medios audiovisuales, desde su personaje de bandido.

Quién no almorzó o comió oyendo “Alegrías de sobremesa” al ritmo de la Orquesta Aragón, agrupación en cuya importancia  hoy apenas reparamos, en tiempos difíciles que se repitieron una y otra vez para el cubano de a pie. Recuerdo con particularidad los 70, cuando mi madre con huevo hacía maravillas: un arroz frito exquisito, unas arepas muy apetecibles y algunas lonjas de tomate eran capaces de satisfacer mi apetito adolescente; los años del Período especial con los famosos frijoles colorados en todas sus manifestaciones y Alegrías de sobremesa; una parte de la niñez de mi hija con hepatitis, cuando oía el programa mañana y tarde, y lo grababa para entretenerse y reírse en su obligado reposo a fines de los 90. Alegrías de sobremesa, con sus personajes de leyenda llevando frases a nuestro argot cotidiano que ya ellos habían tomado de él: “Qué dura es la vida del encargado”, “Tengo 30 añitos, y no los cumplo hasta diciembre,” “¡Eso es pa' que me respeten!” ,”¡Y cómo quedo yo, cómo quedo yo!”, “Déjate de esa guapería de los años 40” -que todavía utiliza mi hija-, “Esas son las cosas que disgustan a los dirigentes”, ¡Qué gente, caballero, pero que gente!”, entre otras muchas que no recuerdo e hicieron las delicias de nuestros padres, abuelos e hijos. ¡Qué decirle a estos actores que han sido el pueblo mismo en su desempeño de tantos años y tantas etapas! Con respeto y nostalgia les agradezco, a los muertos y a los vivos, a todos, en especial, por no ser tan recordados, a Idalberto Delgado y a Reynaldo Miravalles, actores de primera línea que recibíamos con naturalidad cada vez por el éter.

Con respeto y nostalgia les agradezco también a los de la serie cubana recién terminada, dirigida no por gusto, reparo ahora, por el hijo de Alberto Luberta Noy, Alberto Luberta Martínez –de casta le viene al galgo-. Tanto LCB. La otra guerra como Alegrías de sobremesa, son parte de esa épica del pueblo cubano en la que muchísimas veces apenas se repara.