Striptease de la memoria: ¿quién se desviste?

Feria Internacional del Libro 2018

Striptease de la memoria: ¿quién se desviste?

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: Escritores, Feria Internacional del Libro 2018, Mayabeque
  • Presentación de los libros de la editorial Montecallado. Foto de la autora
    Presentación de los libros de la editorial Montecallado. Foto de la autora

En la recién concluida Feria Internacional del Libro de La Habana, tuvo lugar en la sala José Lezama Lima de la Cabaña la presentación del Premio de décima Francisco Riverón, 2015. Striptease de la memoria, de Elizabeth Reinosa Aliaga, publicado por la Editorial Montecallado de la provincia de Mayabeque.

Esta joven escritora ya ha conquistado un lugar dentro de la décima en Cuba. Algunos de sus galardones, son: Premio Iberoamericano Décima al Filo, 2015, Premio principal Toda luz y toda mía, del mismo año y Ala décima, 2017. La editorial La luz publicó el cuaderno de décimas, En la punta del Iceberg, en 2011.

Escritores como Virgilio López Lemus, Pedro Péglez, especializados en esta estrofa, han reseñado y elogiado su obra.

Striptease… no es un libro erótico y sin embrago una mujer se desviste en él. No se despoja de sus ropas sino de sus temores e incertidumbres. La memoria es una muchacha con máscaras de tiempos innombrables, es ella quien se desnuda realmente, es la memoria quien, con lentitud, se va arrancando cada uno de sus disfraces, cada una de sus galas tejidas con penas y olvidos.

Prevalecen en este cuaderno la ausencia, el desamparo, las fabulaciones. Lo inalcanzable: “siempre tan cerca y tanlejos”. Una búsqueda de la identidad y un reconocimiento de sí, a partir de símbolos como las flores; los girasoles son toda ella, mientras que los tulipanes germinan sobre la escarcha, remotos, ajenos.

El sujeto lírico ansía huir: “Ahora yo solo intento escapar de los imanes de la casa”, evoca otros tiempos, se mueve en él, como lo haría en el espacio, hacia un lado y el otro, con una tangible fugacidad: “Solo escucho que me advierte de mis pasos, del futuro”. “Voy armando pieza a pieza todo el tiempo y la memoria… La niña como la historia da la espalda y no regresa”.

Una nación invisible es construida desde la poesía, erigida con los versos de una mujer que sabe olvidar y recordar con la misma intensidad, que dilucida entre lo que es y no de importancia para su evolución sicosocial.

Es este un cuaderno que evoluciona, no solo en eficacia sino con las alas del reloj. Sus primeros poemas se escribieron en épocas distantes y luego se fue fabricando con el paso de los años como se construye la historia. Sin embargo, es atemporal, porque no tiene la mirada centrada en un momento específico sino, en el trayecto que también representa el camino de la vida, y no de forma lineal, sino con retrospectivas, “flash backs” o conjeturas basadas en un presente incalculable.

Dentro del libro a veces no se reconoce sino como parte de él. “No soy yo la pronuncia este discurso”. “Fuera de este embrión no existo”. “Mi boca no es la que reza”. “No respiro… Yo no estoy”. Quien existe en realidad, es su palabra, conciliadora de épocas y experiencias. No obstante, desea existir, en silencio, pero los otros disipan su existencia en striptease de olvido: “Alguien niega que me ha visto”.

Lo que transgrede la espacio-temporalidad no es el sujeto sino su discurso. Y por eso se concibe un mundo de papel, donde se pueden retener los sueños y exorcizar las dudas y los miedos: “Ahora me invento un muro, una casa, una ciudad”.

Se sabe desposeída como lo está la humanidad, en general, aunque, a veces, no lo sospecha. Nada tenemos, salvo lo que somos capaces de vivir, lo que logremos crear, a quienes podamos amar y/o olvidar, fuera de ese embrión ninguno existimos, por eso Reinosa sentencia con acierto: “Yo solo tengo de herencia la tierra y el ataúd.