Tres gemas danzarias en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso

Tres gemas danzarias en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso

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  • En Celeste, el público disfrutará de las estelares actuaciones de Viengsay Valdés y Estheysis Menéndez. Foto: Nancy Reyes.
    En Celeste, el público disfrutará de las estelares actuaciones de Viengsay Valdés y Estheysis Menéndez. Foto: Nancy Reyes.

El Ballet Nacional de Cuba (BNC) lleva a las tablas del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso un programa de lujo, que incluye tres de las obras más aplaudidas del repertorio de la emblemática compañía.

Dionaea, obra cumbre del coreógrafo cubano Gustavo Herrera (1946-2016), deviene un merecido homenaje a quien fuera uno de los grandes exponentes de la cubanía en el movimiento danzario insular. Completan el programa Celeste, con coreografía de la artista Annabelle López Ochoa, Premio UNEAC de Coreografía 2014 y la música del maestro Piotr Ilich Chaikovski, y el Grand Pas Paquita, a cargo del maestro Marius Petipa y la música de Ludwig Minkus.

En Dionaea, Ginett Moncho, Gabriela Mesa y la primera bailarina Sadaise Arencibia interpretan los roles protagónicos. Las dos primeras debutan en ese papel, mientras los bisoños bailarines Raúl Abreu, Roberto González, Aaron Gómez, Luis Fernández, Alex Yordano, Adrián Sánchez y Patricio Revé, recién incorporados a la agrupación, desempeñan el papel de las presas, junto a Dairon Darias y Adrian Masvidal.

En Celeste, el público puede disfrutar —una vez más— de las estelares actuaciones de la primera bailarina Viengsay Valdés, las bailarines principales Estheysis Menéndez, Premio UNEAC de Interpretación 2015, y Jessie Domínguez, Ginett Moncho, Glenda García, Yanlys Abreu, Rafael Quenedit, y los principiantes Claudia García, Raúl Abreu, Daniel Barba, Francois Llorente, Ariel Martínez, Patricio Revé y Daniel Rittoles.

Los primeros bailarines Anette Delgado, Viengsay Valdés y Dani Hernández interpretan los papeles protagónicos en el Grand Pas Paquita, mientras Patricio Revé y Rafael Quenedit comparten con ellos el pas de deux.

Ver bailar a las figuras insignias y a las más jóvenes promesas del BNC evoca en mi archivo mnémico los preceptos pedagógicos sustentados por el maestro Fernando Alonso (1914-2013), principal artífice de la Escuela Cubana de Ballet (ECB), valorada por la crítica internacional como una de las mejores del orbe danzario:

Un buen bailarín no solo domina la técnica académica y la interpretación teatral, sino también debe intelectualizar y espiritualizar esos recursos técnico-interpretativos, adquiridos en las aulas, la barra, los ensayos y la escena, para que la danza (cualquiera que sea), pueda devenir arte verdadero.

Esa es, en apretada síntesis, la esencia de la ECB, fundada hace casi siete décadas por los maestros Alicia, Fernando y Alberto Alonso (1917-2007). Sus valiosas enseñanzas son una huella indeleble en la mente y en el alma de todos aquellos bailarines que, desde 1948 hasta la fecha, han integrado el elenco artístico del BNC, y por ende, se han forjado al calor de esa escuela, tan cubana como universal.

Tanto los danzarines consagrados como los noveles, expresan —a través del cuerpo en movimiento— emociones, sentimientos, vivencias u otros estados subjetivos del yo. Por otra parte, han interiorizado e incorporado a su forma sui generis de bailar, no solo los indicadores teórico-metodológicos y prácticos aprendidos en la academia, sino también a amar la danza con todas las fuerzas de su ser y a percibirla como fuente nutricia de ética, humanismo y espiritualidad, porque la danza es uno de los componentes fundamentales de nuestra personalidad básica.