Una breve mirada al Premio David

Una breve mirada al Premio David

Escribió José Martí, que «ser culto es el único modo de ser libre», resumiendo en esta frase la relevancia de las artes y la literatura en la conservación de la autonomía e identidad de las naciones. 

La Cuba revolucionaria, fiel al ideario martiano, ha sido una eficaz impulsora del desarrollo artístico y literario prácticamente desde los inicios del triunfo de enero y existen innumerables ejemplos de ello, durante más de sesenta años de nuestra historia.

En 1967, bajo la égida de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), se convocó por primera ocasión a un galardón que permanecería, hasta hoy, entre los más prominentes en el ámbito de la escritura en la Isla: el Premio David. El mismo, surge a partir de la necesidad de descubrir y promover la obra de los autores inéditos más talentosos en el país.

Aunque pudiera parecer que su nombre es una alusión a la historia bíblica del israelita, que con su rudimentaria onda, pudo derrotar al gigante Goliat y darse a conocer entre su pueblo por salvarlo de los filisteos, la realidad es algo distinta.

Se le denominó David, en homenaje al patriota Frank País, quien combatiera contra la tiranía del Fulgencio Batista y fuera asesinado por sus esbirros el 30 de julio de 1957.

Frank dedicaba parte de su tiempo y sensibilidad a escribir poesía y pintar. Su nombre de guerra dentro del Movimiento 26 de Julio era, precisamente, David y es por esa razón que se decide darle tal designación al premio; digno tributo a quien Fidel calificara como «(…) el más valioso, el más útil, el más extraordinario de nuestros combatientes».

En la primigenia edición del concurso, compartirían el galardón en la categoría de poesía, Lina de Feria (Casa que no existía) y Luis Rogelio Nogueras (Cabeza de zanahoria),  mientras que en la  modalidad de cuento, el lauro sería para EL Iniciado de Luis M. Sáez.

A partir de este momento, cada año el David se iría consolidando en Cuba y a través del él, se darían a conocer en el ámbito literario, autores que hoy son referentes dentro de la vasta cultura cubana.

Por solo mencionar algunos de quienes en sus inicios ostentaron tal agasajo, surgen nombres como Miguel Mejides, Senel Paz, Sigfredo Ariel, Karen Bofill o Raúl Aguiar.

Aunque en un principio, el premio solo contaba con las categorías de poesía y cuento, en 1979 se decidió incluir la de ciencia ficción. Primeramente, esta modalidad tuvo carácter anual y posteriormente bianual. Dicha inclusión posibilitó significativamente la visibilidad del género y sus cultivadores a lo largo de todo el archipiélago.

El intelectual Eduardo Heras León, dirigiéndose a los ganadores de la edición del 2015, se refería a la vitalidad y relevancia e impacto que el concurso tuvo sobre diferentes generaciones de escritores.

«El premio David fue el primer escalón de mi carrera literaria, como lo ha sido para muchos otros escritores que obtuvieron el galardón. (…) resultaba muy atractivo, porque muchas veces, como en mi caso, significaba la entrada casi segura a la membresía de la UNEAC, te daba acceso al gremio y te daba a conocer en todos los círculos literarios del país, te permitía compartir con las figuras literarias que antes veíamos casi como dioses (…)».

Actualmente el premio David continúa otorgándose y posee la fuerza de sus inicios y décadas anteriores. En la creación de sus ganadores se evidencia no solo la originalidad de estilos, sino el tratamiento de temáticas que van desde la expresión de disímiles sentimientos poéticos, hasta situaciones y problemáticas nacionales y universales.