Agustín Drake y los albores de la Uneac

Agustín Drake y los albores de la Uneac

  • Finalizado el Congreso, al cabo de un breve tiempo, todos los delegados fuimos llamados de nuevo a la capital. Foto del autor
    Finalizado el Congreso, al cabo de un breve tiempo, todos los delegados fuimos llamados de nuevo a la capital. Foto del autor

Por estos días se dan los toques finales a los preparativos para el IX Congreso de la Uneac. En medio de dicho proceso, resulta muy interesante recordar los albores de esta asociación, a partir de un testimonio del emblemático escultor matancero Agustín Drake Aldama.
Drake formó parte de la delegación de la provincia de Matanzas que participó en el Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas Cubanos que, desarrollado entre el 18 y el 22 de agosto de 1961, en La Habana, fue el marco oficial en el que se constituyó la Uneac.
Poco después de ese encuentro, Drake tuvo un papel relevante en la formación y en el devenir de lo que sería una especie de Filial de la Uneac en Matanzas, que precedió a la creación del Comité Provincial en 1978.
A continuación compartimos un fragmento del valioso testimonio acerca de estos sucesos que nos ofreciera el artista matancero, en un intercambio que tuvo lugar en su casa (en el barrio de Versalles), iniciado con una taza de café que nos trajo su esposa, la también artista Leonor Jorge Vergara.

EN EL HABANA LIBRE
Nos citaron para que estuviéramos, maletín en mano, en el entonces Consejo Provincial de Cultura, con sede en lo que es hoy Teatro Papalote. Desde allí saldríamos para el hotel Habana Libre, donde se haría el Congreso. No nos pusieron un transporte para nosotros solos sino que pasó a recogernos una guagua que venía de Colón, con un grupo de miembros de la Juventud que también iban rumbo a la capital.
Ya en el hotel, casi en la misma entrada, en el buró de acreditaciones, nos dieron un carné verdecito que, para asombro de muchos, he podido conservar. Dice: “Tarjeta de Identidad” y tiene el nombre del delegado, en tinta, entre otros datos. También recibimos un folleto con las “Palabras a los intelectuales”, de Fidel, y otros documentos de importancia.
Los delegados que no éramos de la capital, y los propios organizadores del Congreso, nos hospedamos allí mismo, en el Habana Libre, en uno de cuyos salones tuvieron lugar las sesiones de debate, en las cuales, por cierto, se contó con la presencia de Fidel. Se analizaron cosas de gran relevancia para el país y para la cultura. Se habló del proceso revolucionario y de cuánto podía hacer el artista en los tiempos nuevos que corrían. Se oían muchas voces, muchos pareceres. Era todo muy plural.
Ya en la noche, no éramos pocos los que prolongábamos las discusiones del Congreso en jornadas informales que se desarrollaban entre tragos que, por ser muy costosos en el Habana Libre, salíamos a tomar en bares próximos. Así permanecíamos hasta bien avanzada la madrugada. Dormimos poco en aquellos días. Y a veces ni dormimos.

VESTIDOS DE MILICIANOS
Fuimos nueve. Estaban los periodistas y escritores Ricardo Vázquez y Manolo García, el investigador Israel Moliner, y los poetas Lutero Hernández y Carlos Corzo. Estaban asimismo el escultor Juan Esnard, los pintores José Fundora y Pedro Esquerré, y quien les habla.*
Pienso que en la selección de los delegados tuvo peso la contingencia política del país. Quizás no éramos los más destacados creadores de Matanzas, es decir, desde el punto de vista meramente artístico. Pero sí creo que nos hallábamos entre los más involucrados en la nueva dinámica, en las transformaciones que en la cultura, y en la sociedad, llevaba adelante el proceso revolucionario.
Una muestra de nuestro compromiso en ese sentido lo constituyó el hecho de que toda nuestra delegación asistió al Congreso con ropa de milicianos. Era una manera de reafirmar nuestra posición en medio de muchas vacilaciones políticas, de muchos que estaban esperando a ver qué pasaba en nuestro país. Yo hasta me aparecí con una pistola, una calibre 45 que un amigo accedió a prestarme.
No recuerdo que haya habido ninguna comisión para conformar nuestra delegación. Pienso que fue una tarea que le dieron a alguien y que ese alguien no pudo haber sido otro que Ricardo Vázquez. Quizás venga a la mente el periodista Manolo García, al frente del Consejo Provincial de Cultura, pero si bien no se le puede negar alguna responsabilidad en esta decisión, a partir de su cargo, estimo que el más implicado en esto era el escritor y periodista Ricardo Vázquez.
De gran sensibilidad artística y con tremenda capacidad de convocatoria, Ricardo Vázquez tenía numerosos contactos en diversas esferas, sobre todo por su larga militancia en el Partido Socialista Popular. Fue asimismo el único matancero, al menos de los que entonces residían aquí en la provincia, presente en la Biblioteca Nacional cuando Fidel pronunció su discurso “Palabras a los intelectuales”. Un notable reconocimiento a su figura lo constituyó también el hecho de que al finalizar el I Congreso, y quedar constituida oficialmente la Uneac, fuera elegido para su Comité Nacional.

FILIAL EN CONSTRUCCIÓN
Finalizado el Congreso, al cabo de un breve tiempo, todos los delegados fuimos llamados de nuevo a la capital. Nos reunimos en la hermosa edificación que se designó desde entonces como sede de la Uneac, en 17 y H. En lo que es hoy la sala Villena, el novelista Lisandro Otero condujo el encuentro donde, entre otras orientaciones, se nos convocó a que fundásemos filiales de la Uneac en cada provincia. Nos pidieron además que compartiésemos, que interiorizáramos y debatiésemos en nuestras localidades las memorias del Congreso, recogidas en una especie de librito azul que logré conservar hasta que lo perdí, no hace mucho, por prestárselo a cierta persona que lamentablemente no me lo devolvió.
De regreso a Matanzas, nos dimos a la tarea de nuclear nuevos miembros. Tras hacer nuestra propuesta a quienes creíamos con méritos, nos encontrábamos con reacciones de todo tipo. Algunos se embullaron, pero otros manifestaron que no, o que en ese momento no podían, que más adelante, a ver. Como ya dije, se trataba de una época de múltiples complejidades, políticamente hablando, y había quienes mostraban reservas, vacilaciones y hasta rechazo con cuanto se hacía.
En el movimiento cultural matancero de aquella época predominaban los artistas de la Plástica. Es que se contaba con una escuela pública de arte, la Alberto Tarascó, algo que no tenían las demás manifestaciones. Además de formar a sucesivas generaciones de creadores, la Tarascó tenía a sus profesores, que debían mantenerse en constante actividad, haciendo exposiciones y cuanta iniciativa se le ocurriera, porque sus plazas no eran fijas, se revalidaban anualmente y el estado de su currículo tenía mucha incidencia. En ese caso estábamos, por ejemplo, Fundora y yo.
No podían faltar los escritores aquí, donde ha existido siempre una tradición en las letras, que en aquellos años tenía como fuente principal al llamado Grupo Literario de Matanzas, así como importantes publicaciones (periódicos o revistas) e instituciones culturales que promovían el cultivo de las letras. Había músicos también, que se formaban por lo general a través de clases con profesores privados o de manera empírica.
Tras un rápido proceso de selección, se constituyó nuestra Filial de la Uneac. No recuerdo exactamente en qué fecha, en qué lugar, ni lo que se hizo, porque seguramente algo se hizo, alguna actividad. Tampoco tengo claro quiénes eran todos los integrantes del nuevo grupo que se unió a los participantes en el Congreso. Conservo en la memoria algunos nombres: José Luis Barroso, Néstor Ulloa, Andrés Castell, Reynaldo López… Sé que no llegábamos a veinte entre todos.
Otro detalle: el carné de la Uneac que nos entregaron a todos tiene la misma fecha de expedición: 1 de abril de 1963. Es probable que hasta nos los hayan dado en el propio acto de constitución de la Filial. Con el carné también nos entregaron un sello con prendedor que reproducía el logo de la Uneac, en relieve, esmaltado, precioso. Lamentablemente no logré conservarlo.

⃰ Algunos detalles de este testimonio se contradicen con un acta, conservada en formato digital en el Comité Provincial de la Uneac en Matanzas. Fechada en 2006, en la misma se trata de esclarecer el proceso de la constitución de la Filial de la Uneac en Matanzas, a partir de informaciones brindadas por Manolo García, José Ramón Fundora y, curiosamente, por el propio Agustín Drake, quien en la actualidad no recuerda que se le hubiese entrevistado con tal motivo. En el acta, se reconocen a 11 participantes en el Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas Cubanos: a los ya mencionados por Drake se añaden los escritores Néstor Ulloa y Romualdo Suárez. Por otra parte, el documento alude a una reunión, en la Galería de Arte, en la que, con la presencia de Lisandro Otero, se constituyó la Filial, la cual, según se declara en el acta, no tenía como representante principal ni único al escultor Juan Esnard: el secretario era Reynaldo López, en tanto Esnard se encargaba de finanzas y actas, y el poeta Lutero Hernández atendía las actividades.