Alberto García: Entre la música y otros empeños culturales

Alberto García: Entre la música y otros empeños culturales

  • Alberto García y sus hijas son los integrantes actuales del cuarteto Fantasía. Foto del autor
    Alberto García y sus hijas son los integrantes actuales del cuarteto Fantasía. Foto del autor

Alberto García Alfonso (Matanzas, 1945) acaba de celebrar seis décadas de vida artística, en una carrera en la que ha destacado como violinista, arreglista, director musical y profesor. Ha fundado o formado parte de numerosas agrupaciones de música clásica y popular. También debe destacarse que se desempeñó como presidente de la Brigada Hermanos Saíz en Matanzas, y que desde hace una década está al frente del Comité Provincial de la Uneac en este territorio. Sobre tales experiencias comenta este artista a continuación...

¡Niñooo, aquí está el maestrooo!

Mis primeros pasos en el estudio de la música fueron en el piano, aunque pronto me interesé por el violín. Recibí clases de Cándido Faílde, concertino de la Orquesta de Cámara de Matanzas. Él era, por cierto, sobrino-nieto del creador del danzón.

Por las tardes llegaba a mi casa, en Simpson, y como yo casi siempre estaba jugando pelota en la otra cuadra, mi madre gritaba: “¡Niñooo, aquí está el Maestrooo!”. Eso me ganaba las burlas de los demás muchachos.

Poco después, aún adolescente, debuté con la Orquesta de Cámara de Matanzas. Dedicado a Santa Cecilia, patrona de la música, el concierto tuvo lugar en la catedral de esta ciudad, el 22 de noviembre de 1958. Desde entonces, y durante más de tres décadas, formé parte de esa agrupación.

Entre la charanga y la academia

Muchos se sorprenden cuando comento que en los años sesenta nuestra provincia contaba con un fuerte movimiento charanguero, al que yo, por cierto, me encontraba muy ligado.

Tuve una orquesta de este formato: Renovación. Y además colaboraba con cerca de una decena de charangas matanceras y con la conocida Aliamén, de Villa Clara.

Pero más allá del espíritu charanguero de entonces, no dejaba de acudir a las presentaciones de la Orquesta de Cámara de Matanzas (desde 1962 “de Conciertos”, y después “Sinfónica”).

Además, en 1968 abrieron la Escuela Vocacional de Arte, donde empecé a dar clases, a la vez que estudiaba, sin dejar de trabajar, hasta graduarme primero de violín en la ENA, y después de dirección orquestal en el ISA. 

Música con zumo de limón

Tengo un recuerdo muy agradable de la Brigada Hermanos Saíz, de la que fui presidente en Matanzas durante sus primeros 11 años.

Organizábamos el Festival de Jóvenes Músicos, de carácter nacional, y fundamos la Orquesta de Cámara de la Brigada Hermanos Saíz, la cual, adjunta a la Sinfónica, tuvo una gran actividad...

De particular relevancia era un proyecto cultural que desarrollábamos anualmente en la Ciénaga de Zapata, con representantes de todas las manifestaciones artísticas.

Recuerdo que logré llevara la Sinfónica, cuyas presentaciones causaban impacto. Una vez fuimos de noche y los mosquitos nos acabaron, por más que nos echamos zumo de limón, recomendado allí para evitarlos. Me dio mucha pena con nuestro director, Rafael Somavilla, muy mayor de edad. ¡Se lo comieron vivo!

En góndola entre los atriles

Viví una experiencia muy interesante entre 1991 y 1994, como parte de una compañía internacional de operetas que recorrió Italia de una punta a la otra, y ya en el último año se estableció de manera fija en el teatro Bellini, de Nápoles.

Integrada por artistas cubanos e italianos, la compañía contaba con una pequeña orquesta, de la que yo era director y en la que además tocaba y era arreglista.

Tras esos años italianos, regresé a la Sinfónica, a mi labor de profesor continuada hasta la actualidad, y a la agrupación de cuerdas Fantasía, fundada poco antes, hoy hace ya tres décadas.

De fantasía y otros empeños culturales

Fantasía ha resultado esencial en mi vida. En sus primeros tiempos fue quinteto, formado con otros integrantes de la Sinfónica; en la actualidad es cuarteto, en el que tengo la dicha de compartir con mis propias hijas: Yaquelín, Maité y Tania.

En esta etapa avanzada de mi vida he asumido durante dos mandatos la presidencia de la Uneac. Logramos avances con los espacios culturales que hemos conseguido estabilizar, tanto en Matanzas como en las filiales de Colón y Cárdenas. También hemos sostenido eventos, premios...

Por supuesto, queda por hacer. En materia de empeños culturales, como en la vida misma, nunca se termina. Siempre se quiere más.