Carmen Cutié y sus cuentos del no lugar

26 Feria Internacional del Libro de La Habana

Carmen Cutié y sus cuentos del no lugar

  • La joven autora cienfueguera. Fotos del autor
    La joven autora cienfueguera. Fotos del autor
  • Portada del libro a presentar en esta Feria. Fotos del autor
    Portada del libro a presentar en esta Feria. Fotos del autor

 

 “(…) Por eso siempre permaneceré al margen/una extraña entre las piedras/aun bajo el sol amable de este día de verano/como ya para siempre permaneceré extranjera/aun cuando regrese a la ciudad de mi infancia/cargo esta marginalidad inmune a todos los retornos(…)”, versifica Lourdes Casal en su texto Para Ana Veldford, publicado a mediados de los ´70 en la revista Areíto y luego parte del libro Palabras juntan revolución, poemario señero de una cubana de la diáspora en recibir el Premio Casa de las Américas.

La de la dedicatoria “nació en Alemania (1945), emigró de niña a los Estados Unidos, y vivió desde febrero de 1962 hasta septiembre de 1972 en La Habana. Esto ocurrió porque su padrastro, veterano de la Guerra Civil Española en la Brigada Abraham Lincoln, vio renacer su ave fénix con el triunfo de la Revolución Cubana y llevó a su familia a vivir y a estudiar en Cuba. Connie estudió el bachillerato en el Instituto del Vedado, y se licenció en Historia del Arte en la Escuela de Letras de la Universidad de la Habana, donde estudió desde el otoño de 1964 hasta la primavera de 1972.

Después de graduarse, Connie regresó a los Estados Unidos”. Allí, en 2007, abrió el blog El archivo de Connie (su alias), de cuya presentación proviene el previo extracto. La muchacha era afecta a la Revolución; pero lesbiana, cuando serlo resultaba difícil en una Cuba donde no buscaban precisamente émulas de Safo.

Con la ya finada Lourdes no solo compartiría sus preferencias sexuales —las cuales nunca consumaron entre ambas, pues ni siquiera fueron amigas cercanas—, sino (sobre todo) esa sensación, de hecho no tan rara en algunos intelectuales, de no reconocerse hija de ningún sitio, de creerse extranjera de todos los espacios. Y justo por ahí, la joven escritora perlasureña Carmen Cutié Torres —quien también sabe de esa pérdida de foco, de “considerar que no perteneces a ningún lugar”, según sus propias palabras— desliza los lazos de sentido tendentes a conferir unidad temática al volumen de cuentos Buscando a Anna Veltfort (no hay error, tal es el nombre verdadero de Connie; no el del maravilloso poema de Lourdes), ganador del Premio Reina del Mar Editores 2013 y que ahora, al fin, es presentado en la actual Feria del Libro.

Son doce materiales —dice la Cutié—, cuya mayoría va sobre una especie de búsqueda interior, con preeminencia de personajes femeninos a quienes utilizo cual pies de apoyo para abordar asuntos pertinentes al universo de ellas, puesto que el libro tiene marcado enfoque de género. Lo anterior —precisa—, no apunta hacia la falta de personajes masculinos, e incluso de otros motivos.

 “En Buscando a Anna Veltfort enfoco las relaciones de pareja entre personas del mismo sexo o no, la amistad, la familia, el amor, la violencia, la religión y la emigración”, afirma esta ingeniera informática, quien presta su servicio social en ETECSA y obtiene mediante el Reina del Mar su primer premio de carácter nacional, en tanto había recibido otros lauros a su paso por talleres literarios en la Universidad de Ciencias Informáticas u otros sitios.

Se detiene Carmen en el punto temático de la migración, “algo relacionado de cerca al ser cubano. Conozco gente próxima que emigró; no siempre resulta la mejor opción, pero debe respetarse a quien lo haga, en tanto parte de su búsqueda personal, visto ello en un sentido amplio de autorreconocimiento”.

Cuanto escribe y prefiere la autora es la narrativa; en especial el cuento, territorio dilecto donde prosigue incursionando y ahora prepara otros textos para enviarlos a eventos nacionales.

Lee desde pequeña, de todo; mas siente predilección por los narradores norteamericanos, desde los clásicos hasta los más actuales, a quienes conoce gracias a las bondades digitales. También le interesan sus contemporáneos cubanos.

Desearía disponer de más tiempo para teclear sus ideas, pero el trabajo solo le permite emprender el sagrado acto durante la noche: no el mejor momento para ella, pues prefiere las mañanas o las primeras horas de la tarde.

Pese a no redactar en el tiempo apetecido, cuenta con la baza fundamental del apoyo familiar, en cuyo seno la entienden y atienden. Lo mismo su hermana mayor, fiscal, que sus padres, ingenieros ambos. Todos buenos lectores, dice.

Se define como “una persona bastante sencilla, más bien solitaria, mis amigos de la UCI eran de otros sitios y tomaron su rumbo…”

Interrogada acerca de cuáles percepciones, pulsiones e intereses gravitan a la hora de pensar sus letras, responde que “en mi literatura (una especie de catarsis) obtengo las respuestas a preguntas que en ocasiones no me da la vida; en mis historias, al menos, le doy un cierre a dichas interrogantes”

Le satisfizo sobremanera la presentación del texto en esta Feria, casi cuatro año después de ganar el premio; y ahora solo aguarda —puro nervio y expectación—, la acogida en el público, revela.