Danilo Vega Cabrera: su aporte a los estudios sobre crítica de arte

Danilo Vega Cabrera: su aporte a los estudios sobre crítica de arte

  • Danilo es licenciado en Letras y Máster en Historia del Arte y en Villa Clara se desempeña como Jefe del Equipo de Curadores del Centro Provincial de Artes Plásticas. Foto de la autora
    Danilo es licenciado en Letras y Máster en Historia del Arte y en Villa Clara se desempeña como Jefe del Equipo de Curadores del Centro Provincial de Artes Plásticas. Foto de la autora

En fecha reciente fue presentado en el capitalino Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam el libro La soga y el trapecista. Dialogando sobre arte cubano y crítica en los noventa de Danilo Vega Cabrera (Santa Clara, 1981).

Publicado por el sello ArteCubano Ediciones del Consejo Nacional de Artes Plásticas (CNAP), el volumen compendia las entrevistas que el autor realizara a veintitrés críticos cubanos, muchos de ellos con un desempeño en otras áreas, el cual rebasa el ejercicio del criterio.

¿A qué se debe ese interés por la década de los noventa, en específico?

Me interesó hacerlo sobre este período de los años noventa, en concreto, a partir de un estudio preliminar en el cual me percaté de que, además de todo lo que se había escrito y de los propios textos que suscribieron los críticos en ese momento sobre el arte cubano y la producción simbólica, en sentido general, había mucho todavía en la historia oral. Y que, incluso, de lo ya escrito y dicho de boca en boca, había cosas que no se habían interpretado de la manera más acertada o más exacta posible.

Sabemos que estos campos de la cultura no tienen siempre un amplio margen de relatividad y demás. Pero me parecía que ese ejercicio de recuperación de la memoria, a partir de las voces protagónicas de ese momento, era clave no solo para iluminar los noventa, sino también un período de fin y cambio de siglo.

¿Por qué el título?

Yo pienso que los títulos no se explican. Pueden dejarse en esa ambigüedad. Básicamente podría entenderse como una metáfora de la relación imaginaria que puede existir entre una soga y un trapecista que realiza acrobacia. La soga como un salvoconducto para iniciados. Para no declinar y caer del trapecio o, sencillamente, “tirarse la soga”, como se dice popularmente.

¿Cuál ha sido tu formación?

Soy Licenciado en Letras y Máster en Historia del Arte. Radico en Villa Clara y allí me desempeño en este momento como Jefe del Equipo de Curadores del Centro Provincial de Artes Plásticas.

He tenido también otros libros e incluso viene un tercero en camino. Además, normalmente colaboro con publicaciones periódicas.

Por cronología, este es mi primer libro, pero es el segundo que se publica. Con anterioridad la editorial Sed de Belleza de Villa Clara me publicó Papeles de aprendiz, que es una compilación de mis ejercicios críticos entre 2008 y 2015.

Ahora, por la Editorial Félix Varela que, como sabemos, es más de Academia, con una circulación más cerrada, saldría un tercero que viene a ser mis estudios de los años noventa, pero ya no desde la entrevista, como lo hicimos en La soga y el trapecista, sino a partir de mi propia interpretación. Ese será mayormente para los estudiantes, por supuesto.

¿Ya tiene título?

Será La tempestad sin recodo. Una interpretación de la crítica de las artes visuales cubanas en la década del noventa.

Como se ve, tiene una relación con el ahora presentado, pero ya es una especie de columna vertebral de estudio que utilizo. Es menos inclusivo en cuanto a voces e itinerarios, pues tuve que ceñirme más a la imagen histórica que quedó de esa década en el arte cubano.

Con consultas a expertos, críticos y especialistas, pero más centrado en lo que quedó plasmado del arte cubano en esa década.

En nuestro país se habla reiteradamente de una ausencia de crítica en casi todas las expresiones del arte. ¿Cuál es tu apreciación, en las artes visuales, específicamente?

Ese es un lamento que constantemente nos viene acompañando. Pienso que, aun cuando los espacios existan, las voces estén; cuando los canales se optimicen de algún modo, vamos a continuar con la misma queja.

Me parece que obedece más bien al hecho de que falta una línea de estudio que es la de la crítica sobre la crítica, que es otra cosa.

Tal vez si se empieza a hurgar ahí —y pienso que La soga y el trapecista es un humilde incentivo a eso— podremos ver que sí se ha trabajado y que se ha trabajado bien en muchos casos.

Lo que tal vez hay que divulgar un poco más esa zona de estudio que es propiamente la de la crítica cubana.