Eddie Maikel Sotomayor: “Dejo que la pintura mute”

Eddie Maikel Sotomayor: “Dejo que la pintura mute”

  • Eddie Maikel Sotomayor, egresado de la Academia de San Alejandro.
    Eddie Maikel Sotomayor, egresado de la Academia de San Alejandro.

Dentro del Garaje todo puede suceder, así es como todos le decimos al no. 3308 de la calle 36 entre 33 y 35, en el municipio Playa. Un poema de Paul Verlaine cuelga de la pared y dialoga en exquisita diafanidad con cartulinas, pinceles, series anteriores de un joven artista que poco a poco ha ido haciéndose parte de la geografía insular para después a través del fluir del acrílico convertir las montañas en trazos rápidos de color. Sin descanso, a través de mil demoras vanas, impaciente de meses, furioso de semanas… Eddie Maikel Sotomayor, egresado de la Academia de San Alejandro asume su proceso creativo cual fusión de vivencias, matizadas por su pasión por la poesía y no sin la gota necesaria de irreverencia.

Su taller es también espacio para charlas, encontrar un nuevo dossier, curiosear en el nuevo catálogo de Post-it, consumir poesía de la que aún conmueve. Eddie Maikel Sotomayor me muestra sus cuadros con aires aquí y allá de expresionismo. Una pintura libre, intuitiva, me refresca los ojos y yo me detengo en el sujeto artístico, como reza David. Me detengo, en la metáfora de las uvas y en la piel como lienzo.

¿Cuál fue el principal desafío a la salida de la academia? Ya que la academia es un espacio de formación y después comienza el gran reto.

Creo que la palabra reto es importante. Era el reto de mantener un sueño. Aspiraba a mantener la carrera después de San Alejandro y sabía que era bastante difícil y el reto era poder seguir llevando esto porque era una pasión cara. Necesitaba materiales y recursos y de momento ese fue un detonante, el sobrevivir a la circunstancia para poder seguir trabajando.

Existe en tu obra una relación entre el letrismo y también lo anecdótico ¿Por qué tú eliges ese tipo de solución, qué te atrae de esas soluciones como tal?

Creo que de alguna manera yo incursiono mucho desde la imagen enigmática. El sentido de una palabra, de la imagen que te construyes a partir de un texto, del cómo se puede interpretar el sentido de una palabra, una metáfora escrita. A mí, ha sido algo que me ha movido mucho a pintar. En ocasiones he estado ilustrando muchas veces imágenes que me interesan. Cuando hablo de imagen me refiero al cuadro que me evoca un texto. Es como una relación entre dos niveles de imagen: la visual del cuadro, figurativa y la del texto. Creo que hay una riqueza ahí que también tiene diferentes códigos de lectura, pero interrelacionar eso en un mismo cuadro muchas veces ubica en contexto a los personajes, lo que sucede en un lugar; es como una especie de orientación hacia lo que estoy sintiendo.

No me interesa hacer una pintura que sea descriptiva, en el hecho de que sea desnudar o entregar lo que está sucediendo desde el gesto del hombre representado o el paisaje en sí mismo. Me interesa que eso se sugiera, y el texto viene a cerrar  ese sentido, o esa intención.

¿Por qué el expresionismo?

El expresionismo lo conocí en el año 2007. Entro en San Alejandro en el año 2004 y me gradúo en 2008 y a pesar que ya en 2004, 2005, 2006 venía estudiándolo en la carrera, en las clases de Historia del Arte no lo conozco de verdad hasta que entro en el taller de Rocío de las Nuevas Fieras en 2007. En el taller se movía más el hecho de la pintura fauvista, más de colores y dibujo y no las cosa más gestual en ese momento, pero ese contexto poco a poco me invita a irme cada vez más de los cánones del fauvismo. Al punto en que salgo del taller y comienzo a hacer una pintura más del dripping, corporal, de movimiento dentro del cuadro. Mi tesis en el 2008 fue una especie de exploración, de paneo de los ismos de la pintura, haciendo hincapié en el expresionismo, el bad painting y cosas que hablan del gesto pictórico, del carácter intuitivo, automático de la pintura. Hice una exposición de 50 cuadros y es ahí que veo el tipo de pintura que realmente quería hacer o empezar a desarrollar. Después se fue transformando en otras cosas o tomando otros derroteros, fue poniéndose más mansa, pero todo fue a partir del primer contacto con el grupo Las fieras.

Tu obra no está solo en el lienzo, está también en tu piel y yo veo eso como una especie de autorretrato que no por no ser el tradicional, deja de serlo ¿Cómo tú lo sientes, cómo eliges que esa imagen ya no sea solo parte de un lienzo, sino también de tu cuerpo?

Más que la pintura completa, son algunos elementos. Las series que forman parte de mi obra están marcadas por elementos vivos, la naturaleza. Y de repente lo que he hecho ha sido llevar a mi cuerpo, sin mucha premeditación, símbolos que me han atrapado por un tiempo largo. Hablamos quizás de una golondrina con un sentido del viaje, como algo que me interesa para regresar, una polimita. Son elementos que han modificado mi quehacer artístico y de algún modo los tengo conmigo. Es una especie de mapa de lectura que reviso en mí también y que siento trascender cuando me los marco de por vida.

También de la serie Casita con C de coco que desarrollé en 2013 con una visualidad desde la estética infantil elegí una de las obras de la serie y la puse en mí. Tiene mucha relación con cosas que me marcan y hablo de la casa, de la montaña, del sol, elementos que me hacen aterrizar en lo que me interesa seguir investigando.

Casita con C de coco sigue esta estética infantil, pero una obra del 2016 como ¿Qué le digo a la luna? ya constituye un cambio total. Es muy sintética. En Casita con C de coco tenemos mucha información sobre el lugar, la ubicación, el contexto y en la segunda pieza está muy reducida e incluso en otras obras la información es muy limitada, casi nula. En estos tres años, ¿qué propició esta síntesis?

Creo que cuando uno se inicia siente ganas de abarcar muchas cosas que le interesan en una misma pieza y Casita con C de coco yo siento que fue esa visión amplia de usar la mayor cantidad de elementos en el paisaje para estar dialogando de un grupo de cosas que también hago ahora, pero con menos elementos. Fue una especie de sintetización de la imagen para irme a vuelos mucho más simples porque me sigue interesando lo mismo, pero de otras maneras. O sea, cuando quería hablar en Casita con C de coco del estímulo que tienen esos elementos en la naturaleza cuando son intervenidos y como al serlo discursan sobre esa intervención. Era como: “este es mi recorrido, si me observas”. Yo tocaba muchos de esos elementos en un mismo cuadro y ahora me concentro en un elemento porque me doy cuenta de que tiene una clave que hay que desentrañar como elemento único.

Cuando tocaba en muchos aspectos una misma obra se me escapaba mucha información. Sentí que debía irme a un elemento de esos y darle la importancia para comprenderlo y saber que estaba sucediendo ahí. Ahora mi trabajo es más eso, observar como estoy haciendo en la última serie Cuarto Menguante, que se enfoca en la luna, ciclos que va teniendo y cómo influye en las plantas, el hombre. Eso me interesa, desentrañar esa metáfora y usarla para hablar de cuestiones mucho más existenciales. Casita con C de coco era eso, abarcar, y de repente fue volviéndoseme una depuración de la imagen. Era una cuestión de visualidad yo creo.

Existe cierta temporalidad en el trabajo que haces que viene dada por los títulos. Estoy hablando de piezas como Me piro mamá, Alguien espera o Aún espero todas las tardes. ¿Cuál es la razón de esa temporalidad que en trabajos como Con Musas y en Viñales que han sido sobre tus recorridos, va dando el paso de una etapa a otra del viaje que haces que es físico, real?

La temporalidad es uno de los cimientos de mi quehacer, de lo que quiero transmitir. Al final el sentido de la espera es una clave en mi trabajo. Hay algo en común cuando se observa mi trabajo en su conjunto que es un apunte hacia eso. Hay una relación entre lo que es el viaje y la metáfora de llegar, no llegar, lo transitado o no, quien está esperando o a quien esperas. Ese juego también es muy del suspenso, cuando aparece en mi trabajo. Al final no puedes asumir esa espera a no ser que yo invite en ocasiones a un texto que pongo y es como un subtítulo de lo que está pasando en la imagen. Eso ha sido lo que me ha movido en los periplos a través de la isla, a ir a Viñales, la Sierra Maestra, zonas en las que avanzas y de repente llegas a un lugar que crees que es exótico, que te propone una vista descomunal y te da deseos de atraparlo en una imagen, de describir cosas de esa visión, de ese horizonte. Te descubres como alguien que está esperando, pasas de ser del que descubre al que espera porque te ves como un algo pequeño, no como un ente dominante, como parte de un todo si eres capaz de incluirte, puedes hasta desaparecer.

El sentido de la espera es una constante en mi trabajo. Al mismo tiempo evoluciona, la espera en la que hablé en La dicha del viajero (2016) hablaba de un paisaje interior y daba como una espera de inmovilidad, de inquietud quizás y en la siguiente exposición de ese mismo año Con Musas y en Viñales, era precisamente lo que tú hablabas: la espera de alguien que se está moviendo, que está avanzando en un espacio entre montañas y piedras, pero al mismo tiempo siente la movilidad y la agresividad inquieta. Creo que es una manera de ir trastocando metáforas. Ambas exposiciones se trataban de eso: estar en medio de la inmensidad y descubrirte a la espera. Es un enigma innombrable que está sucediendo todo el tiempo, pero es como habitar todo eso. No sabes a dónde vas y estás satisfecho con eso, es parte del descubrimiento, del riesgo.

Sé que también te has puesto del otro lado en el rol del curador, organizando algunas exposiciones y que también escribes poesía. Cuéntame acerca de esas dos experiencias que ya no son tú delante de un lienzo en blanco, sino otro tipo de creatividad.

Como curador me ha movido la idea de un título o una imagen. No lo veo como la relación con una serie mía personal, pero sí convocar artistas cuya obra se conecta perfectamente con una de esas imágenes, como en El Guardabosque, una serie de exposiciones del 2015. Fueron exposiciones colectivas donde invitaba a mucha gente que hacía paisaje. El nombre de la expo venía por un contexto y lo que podía transmitir simbólicamente. Todos aludían a un tipo de paisaje distinto desde su visualidad. También desde la metáfora de lo que podía o no permitir un guardabosque desde la relación en que ellos como artistas tocaban el paisaje. Esa poética me fue moviendo y así ha habido dos o tres más. Me da sed de convocar a un grupo de gente en función de una exposición que defienda una idea.

Lo de escribir es algo que me viene de manera empírica. Desde el año 2002 estoy escribiendo poesía y de una manera muy individual. Creo que eso ha trascendido en mí desde el momento en que me ayuda a seleccionar bien lo que leo entre líneas para llevar después a la pintura. El trabajo de edición que no hago con la poesía, la poesía me ayuda a hacerlo en la pintura. En ese punto creo que hay un binomio, una relación que me favorece mucho.

¿Te sientes a gusto con el punto en que se encuentra tu trabajo actual? Lo pregunto porque ya arribaste a un punto de síntesis que evidencia cierta madurez, no solo desde lo formal, sino también en lo conceptual ¿Crees que esta será la estética que defienda tu trabajo por un largo tiempo o te interesa continuar la experimentación formal?

Hacia dónde va la visualidad o la forma de mi trabajo no son mis preocupaciones exclusivas como ente creador. Creo que van más bien hacia las cosas que van a formar esa visualidad. Y cuando digo eso hablo de viajes a determinadas zonas de la geografía nacional, ríos y montañas que me interesa visitar. En la medida en que vaya incorporando eso en mi humanidad mi obra va a ir alcanzando la forma y el nivel que necesita, pero a partir de la vivencia. Creo que eso va a caracterizar mi obra futura y es lo que está definiendo ahora mismo mi trabajo, pero no me interesa tanto perseguir ese sentido visual y estético de formas y estilos, de cómo funciona la pintura dentro y fuera de la Isla. Dejo que la pintura mute en las decisiones que voy a tomar fuera de ella. Ahora no puedo hablar de la imagen a la que aspiro o de su terminación, sino a lo que aspiro a hacer fuera del medio porque sé que vendrá condicionado, cargado con esa vivencia. Estoy satisfecho con la pintura que estoy haciendo ahora, cada vez se parece más a mí. Espero no traicionar eso nunca.