El Banquete infinito de Teatro de la Luna

El Banquete infinito de Teatro de la Luna

  • Raúl Martín, director de Teatro de la Luna. Foto de la autora
    Raúl Martín, director de Teatro de la Luna. Foto de la autora

Si eres amante del teatro de las sensaciones, entiéndase por ello no el despertar de sentimientos y pasiones que toda puesta en escena deba generar, sino la aventura de una obra que rompa la cuarta pared, dialogue y juegue con el público, donde la música sea en vivo, Teatro de La Luna tiene reservado para Mayo Teatral, evento que se extenderá hasta el próximo domingo 20, El Banquete Infinito, del dramaturgo y actor Alberto Pedro Torriente, en la Sala Adolfo Llauradó, a partir de este martes y hasta el jueves 17.

“Aquí se recrean senderos azarosos que conducen al poder con sus derivaciones, además de la relación con las masas, elemento importante en esta pieza. Un nuevo líder llega con ideas muy románticas, de cambiarlo todo, y lo primero que hace es querer sustituir los nombres de las cosas, porque cree que esas definiciones están malgastadas”, comentó Raúl Martín, director de Teatro de la Luna, en exclusiva para este medio.

¿Pudiera concebirse esta obra como una crítica a las estructuras de poder?

“Sí, es una forma bastante aceptada de definirla. Básicamente se habla de la relación entre los ciclos de poder y las masas, procesos irrepetibles en las estructuras humanas, señores y ciervos que han cambiado sus nombres a través de la historia. Este es otro de los grandes temas y lo que se deriva de este hecho.

“Se llama El Banquete Infinito porque el alimento se utiliza como metáfora. No es solamente —como dice en las notas del programa— un hambre de estómago, hay un hambre ancestral del pueblo. La vieja teoría de que el poder corrompe aquí se cumple fehacientemente.

En cierto modo, ¿se trasmite un mensaje pesimista?

“Más bien realista. Se pone el dedo sobre la llaga. No hay solución en la puesta en escena, termina tan fatal como empezó. Paradigma (el nuevo líder), al final termina borracho, destruido, ambicioso y déspota, como sucedió en el mandato anterior”. También se encuentra otra línea argumental que es el alcohol. Los lemas `solo por hoy´ y `felices 24 horas´, hacen alusión a los alcohólicos anónimos.

El Banquete pone a dialogar a un grupo de personajes con ideas disparatadas y otros, con los pies en la tierra. ¿Qué mensajes intentas mostrar mediante estas contradicciones?

“Es interesante porque los cuerdos por el camino terminan locos. Intento mostrar, criticar la realidad lo más grotesca y descarnada posible para que la gente se vea en ese espejo y reaccione Estamos sobre esa cuerda”.

Observo también la intención de romper la cuarta pared y dialogar con los espectadores…

“Teníamos que crear un personaje, el pueblo. Casi siempre montamos obras a la italiana, en el sentido de la estructura de la sala: público y espectáculo. Como es en la Llauradó, me es difícil otro tipo de espectáculo que lo he realizado en varios espacios. Cuando hablo con los actores utilizo mucho una palabra para referirme a la comunicación con el público, el puente. Una de las formas para establecer ese puente es la energía que despliegas en el escenario. La otra es con recursos y soluciones que impliquen al espectador.

“Tratamos de que el público sienta apetito y no pueda comer (en este caso es porque no hay ofertas gastronómicas dentro del teatro). Transgredimos la cuarta pared desde el punto de vista sensorial, además de la música y el olor, algo que me interesaba experimentar. La cuarta pared aquí se rompe más que nunca”.

¿Cuánto ha bebido Teatro de la Luna —y en especial usted como director— de Alberto Pedro Torriente?

“Me acerco a Alberto Pedro porque tiene mucho de Virgilio Piñera, de quien soy devoto. Alberto era un juguetón, un niño perenne, un genio. Tuve la suerte de haberlo conocido de esa manera tan profunda. Cuando él se sentaba en una sala a filosofar y hacer reflexiones, era un regalo de cultura, de imaginación. Veía la vida de forma jocosa y al mismo tiempo crítica, la cual volcó en sus obras. Es un legado inmenso que nos dejó.

Proyectos inmediatos…

“Tenemos un nuevo proyecto para fin de año con dos actores de la compañía, el estreno de la obra Todos los suicidios ocurren los domingos, de la polaca Anna Burzynska. De esta  dramaturga monté Hombres al borde de un ataque de nervios, en República Dominicana. También queremos reponer piezas que se bajaron de cartelera con mucho público por cuestiones de logística. También pensamos volver al teatro de Virgilio Piñera”.

¿Piensas en algún momento hacer un teatro más experimental?

“Todo buen teatro es experimental. Cuando tengamos nuestra sede, pretendemos que el público se siente en sillas para poderlas mover y establecer otro tipo de relación con el espectador”.