En el arte lo más importante es la inspiración

ENTREVISTA A CONSUELO RAMÍREZ ENRÍQUEZ

En el arte lo más importante es la inspiración

  • Consuelo Ramírez Enríquez escribe en la actualidad un guion sobre la maravillosa vida de la artista de la plástica Thelvia Marín
    Consuelo Ramírez Enríquez escribe en la actualidad un guion sobre la maravillosa vida de la artista de la plástica Thelvia Marín

La narradora, guionista y realizadora, Consuelo Ramírez Enríquez (La Habana, 1956), dialogará con los lectores y las lectoras del Portal de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) acerca de su infatigable quehacer en el campo de la realización cinematográfica.

La también directora de cine y televisión es licenciada en Educación por la capitalina Universidad de Ciencias Pedagógicas de La Habana Enrique José Varona. Y ha recibido —como autora y directora de audiovisuales— varios premios nacionales y foráneos.

Ramírez Enríquez es miembro de la Asociación de Medios Audiovisuales y Radio de la UNEAC, y su obra televisiva y cinematográfica goza de sólido prestigio en nuestra plataforma insular y fuera de nuestras fronteras geográfico-culturales.

−Cuáles fueron las motivaciones fundamentales que orientaron su vocación profesional hacia la realización audiovisual; medio donde se desenvuelve como «pez en el agua».

− Gracias por lo de «como pez en el agua», si se percibe así, mejor, pero no sé si los peces se tienen que esforzar tanto para nadar. Le  aseguro que hay mucho desvelo detrás de cada entrega, ¡y no solo mío!

− Ni yo misma sé por qué me gusta tanto contar, tal vez por oír a mi madre cuando me llenaba de anécdotas desde antes de cumplir el primer año de vida, al punto de que, a veces, en la casa pensaban que ella conversaba con alguna amiga y era monologando para mí. ¡Qué privilegio! Después, vino la época en que todo el tiempo me parecía poco para disfrutar del inefable placer de la lectura, y de descubrir el mundo mágico del cine.

− Entonces, puede que la motivación menos consciente esté en la posibilidad de «pronunciarnos» a través de lo que contamos. Y la más consciente esté en ofrecerles a los demás el regocijo que genera ese proceso de toma y saca entre las vivencias propias y las ajenas.

− Si no constituye un «secreto clasificado», ¿qué la inspiró a escribir La devuelta y el arriero, cuya premier tuviera lugar en el capitalino multicine Infanta, con éxito de público y de crítica?

− Mi bisabuela Altagracia Enríquez Samper (la catalana), a quien dedico La devuelta... fue dos veces rica y dos veces pobre. Fue rica por segunda vez al unirse con don Blas Llanes, mi bisabuelo. Cuentan que se amaron con delirio y constituyeron un hogar muy feliz, pero nunca pudieron legalizar su unión, porque él estaba ya casado con una mujer a la que devolvió la noche de bodas por no ser virgen. A la muerte de Blas, la familia de «la devuelta» hizo todas las reclamaciones legales de la época, y abuela Alta —como le decimos sus descendientes— quedó en el camino con sus cinco hijos: la mayor, abuela Consuelo, de veinte años de edad.

− A principios del 2011, desarrollé un taller de dramaturgia y actuación con una técnica muy interesante que trajeron unas teatristas uruguayas. Teníamos que convertirnos en un personaje del que escribíamos un poco y actuábamos otro poco. Y ahí —de pronto— me auto sorprendo escribiendo:

Sé que el día que recuerde mi nombre seré amada nuevamente, […] me fugué con tal de no ser lo que de todas formas soy: una devuelta. […] he vuelto a fijar mis ojos en un hombre […] un arriero […].  

− Es decir, me metí en la estructura psicológica y espiritual de aquella mujer desconocida, que fue devuelta por mi bisabuelo; siempre los prejuicios cobran víctimas, pensé.

− Cuando me tocó actuar el personaje caminé por el escenario en busca de mi arriero por entre todo aquel lomerío en que se había convertido el lunetario vacío, y temblé de emoción, pero no por el arriero. Era otra parte de mí, que no podía creer: de tan insospechable manera nacía la historia que deseaba escribir desde hacía siete años […].

− Según sus propias palabras, a la hora de escribir ese relato corto llevado al celuloide, usted pensó en la primerísima actriz Eslinda Núñez para que lo protagonizara. ¿Cuál fue la razón principal que la impulsó a escoger a esa gloria de las artes escénicas para que desempeñara el papel protagónico?

− No solo escogerla, sino tener la suerte enorme de que aceptara. Siete años antes (2004) había dirigido mi primera ficciónTorneo en Sabana Miguel. En dicho audiovisual,Eslinda interpretaba a la madre, pero en un ensayo le pido que actúe un fragmentito del personaje de la hija, y fue impresionante verla desdoblarse, adoptó ciertos modos que solo tiene una adolescente.

− Mientras ella me comentaba que lo más difícil era limpiar la mirada de las vivencias de un adulto, a mí me nacieron unos deseos enormes de diseñar una adolescente para ella, pero no se me ocurría nada […]. Le escribí e interpretó una madre persa en El fabricante de versos. La anciana que recordaba su amor juvenil por el Caballero de París. Délfica Sierra, la apasionada directora de teatro de Cien Años Contigo, la esposa despistada y sensual del alcalde en El Placer de la Intimidad. Yhasta nacieron para ella otros tres personajes en tres filmes que están por producirse, pero la adolescente no aparecía, hasta el día maravilloso del taller.

− Era evidente que el personaje de «La devuelta» se lo entregaría a esa «gloria de las artes escénicas», como usted —con acierto— la califica. Pero hay más: estoy trabajando en el guion de La devuelta… cuando recibo la noticia de que le habían otorgado el Premio Nacional de Cine, y dije, ¡este es mi regalo!

− Aún así no sabía lo que iba a ocurrir, porque todo podía quedar en el contexto de la literatura. Varios días después me llamó para hablarme de «La devuelta», de las características psicológicas del personaje, del pasado de aquella mujer, mucho más fuerte de lo que yo había escrito. Razonaba por qué se movía en los límites entre la locura y la cordura, encontraba la lógica para que una persona que vivía en total soledad perdiera la noción del tiempo […]. Yo la escuchaba atentamente, pero no pude más y la interrumpí, porque no me acababa de decir lo que yo necesitaba saber. ¿Lo hacemos? Sí, vamos a hacerlo, me dijo sin más rodeos, con la sencillez que ella adopta cuanto asume la responsabilidad de algo, sea lo que sea.

− Lo demás fue trabajar para que los espectadores pudieran disfrutar su actitud de muchacha enamorada, llena de miedos y de ilusiones. Sobre todo, esas transiciones tan evidentes, y sin embargo, tan sutiles, a las que solo se puede llegar desde esa maestría inspiradora.

− ¿Podría describir —con pocas palabras y sin revelar detalles «comprometedores»— cuáles son sus planes futuros, tanto en el campo de la narración literaria como en el de la realización audiovisual?

− Preparo un libro con todos los relatos que han ido a la pantalla y han regresado a la narrativa. Esos son mis «Viajeros que retornan». Escribo un guion inspirado en la maravillosa vida de la nonagenaria artista de la plástica, narradora, poeta y ensayista Thelvia Marín, que será una ficción aderezada con inevitables elementos reales. Trabajo, además, para completar los fondos de mi primer largometraje: una película que analiza críticamente, y desde una óptica objetivo-subjetiva, nuestro contexto, donde Brisa, la protagonista, nos muestra lo que no todos vemos.

− ¿Algún consejo o recomendación a los noveles narradores y realizadores que dan sus primeros pasos en el mundo de la creación cinematográfica?

− Me da mucha gracia esa interrogante, porque suelo preguntarles a los más jóvenes, leer lo que escriben, observar lo que hacen, porque pienso que traen consigo lo novedoso, que reinterpretan diferente lo interpretado por la generación precedente. En el arte, lo más importante es la inspiración. Esa idea-semilla que nos asalta, nos desvela, nos asedia hasta que le damos forma de obra-fruto […]. Pero sí, les puedo aconsejar algo: agradecer mucho a quien nos ayude, quien nos de ánimo, quien colabore con nosotras(os). A veces, hasta sin tener plena conciencia de que lo que dicen o hacen es importante para nosotras(os), porque sin esa ayuda sería imposible recorrer el camino.