Entrevista a Mylene Fernández Pintado (Parte I)

Entrevista a Mylene Fernández Pintado (Parte I)

  • Mylene Fernández. Foto La Jiribilla
    Mylene Fernández. Foto La Jiribilla

Las formas maneras de narrar reflejan las de percibir el mundo. Y se renuevan estilos, géneros y métodos de narrar e invariablemente hay detrás, un cambio en esos modos de ver. Y este hecho, como consecuencia es especialmente llamativo cuando lo que cambia, no es solo es el lenguaje, también las perspectivas del entorno, sociedad, religión y género, pero también los conceptos de moral y erotismo, entre otros tópicos, que resultan fascinantes y atrevidos  abriéndose hacia nuevas propuestas de lecturas, que replantean y decodifican cánones y estereotipos sociales y religiosos. Estos cambios ocurren en la literatura cubana de los noventa. Década en que la sociedad se encuentra inmersa dentro del eufemísticamente denominado  “Periodo especial”,  una de las mayores etapas de crisis económica por las que ha transitado la isla. La cual ha sido llamada también, “crisis económica de los noventa”. Derivada, fundamentalmente, por la caída del Campo Socialista. En esta etapa, sin embargo, aún la crisis económica y la escases de papel, ocurrió una eclosión en la literatura cubana y las  mujeres se destacan en este período.

Una de las narradoras, que surge con el brote o boom narrativo es Mylene Fernández Pintado, su relato Anhedonia.1996. Impacta a la crítica al  presentar  a dos mujeres debatiéndose externa o internamente con los conflictos cotidianos propios de una  sociedad que aún no les ofrece toda la protección necesaria para su emancipación. Los hombres con los que lidian aún no están preparados para admitir la independencia femenina en toda su extensión y profundidad. Inconformes con sus vidas cada una admira interiormente a la otra. Están ligadas por sus íntimos deseos de libertad, por sus conflictos ante la vida cotidiana: el matrimonio, la profesión. Temática que no había sido abordada hasta ese momento

Hoy Mylene es una de las narradoras más sobresalientes de su generación en la narrativa cubana. Nos hemos visto en actividades de la UNEAC, y otros eventos culturales, en los que ha surgido una amistad sincera, y ahora cuando nos vemos, siempre hacemos un aparte para hablar sobre nuestros hijos y nuestra vida cotidiana en general.  Su vida como mujer, abogada y viajera siempre me ha traído curiosidad, le pedí entrevistarla y accedió muy amablemente a responder estas preguntas:

1-Tu obra literaria sale a luz con el libro de cuentos  Anhedonia  a partir de ser galardonada con el Premio David en  la década del noventa. ¿Escribías con anterioridad? ¿Cómo surgió la idea de escribir? ¿De concursar?

Empecé a escribir a los 31 años. Anhedonia es mi primer texto, nunca antes había escrito nada. Aprendí a leer con mi madre, cuando aún no iba a la escuela y he seguido haciéndolo de manera voraz. Quizás leer tanto, en vez de incitarme a escribir, me provocó miedo a hacerlo mal. La literatura me parecía algo demasiado elevado para que lo ejerciera un vulgar mortal como yo. Esa sensación no me ha abandonado totalmente. Nunca digo “soy escritora” sino “escribo” como si estuviera siempre en la fase de intentarlo. En1986 me gradué de Derecho y empecé a trabajar como asesora legal en el ICAIC, durante unos años trabajé con Alex Fleites, que era el director del Centro de Información. Alex y Padura eran los únicos escritores que conocía personalmente. Nunca había ido a la UNEAC, que está a tres cuadras de mi casa. No sabía que existían talleres literarios, grupos de escritores ni clasificaciones.

En 1994 nació mi hijo y yo estaba en la casa sin trabajar, me refiero a trabajo intelectual. Un día en CMBF (la ponía para intentar dormir a Mauricio) escuché la convocatoria del concurso de La Gaceta y se me ocurrió escribir. Las razones por las que lo hice aún no las tengo muy claras, quizás porque necesitaba tareas de otro tipo para balancear mis días, y a la misma vez necesitaba explicar todo lo que sentía en aquel momento de mi vida. Arturo Arango dice siempre que Mauricio me convirtió en escritora y es verdad. Anhedonia, es también una reflexión sobre ser madre o no serlo. Escribí el cuento en los ratos en los que Mauricio dormía o cuando mi madre regresaba de la oficina y se hacía cargo de él. Una vez terminado, solo lo mostré a mi madre y a mi hermana y a ambas les gustó. Tenía muchos amigos que habrían podido leerlo pero me sentía tan insegura que habría bastado una frase crítica para que el cuento terminara en la basura así que decidí mandarlo al concurso y que fuera el jurado quien decidiera si valía la pena. El día que Viviana (la librera de El Gran Zoo) me llamó para invitarme a la premiación porque era finalista y aún no había ganador, no lo creía, así que se lo dije a mi hijo que tenía 6 meses y luego me senté a llorar.

Le debo mucho a La Gaceta y a ese concurso respetado y renombrado, que me dio una primera Mención siendo una absoluta desconocida.

En 1998 escribí mi primer libro de cuentos con el mismo título. Yo había estado en 1996 y 1997 en NYork, invitada a un evento que organizaba la escritora Sonia Rivera sobre literatura femenina del caribe hispano, y además de ir a NYork pasé mucho tiempo en Miami. Mi estancia en Miami fue decisiva, inauguró desde mis comienzos una vertiente que recorre casi todo lo que escribo, el hecho de vivir fuera de Cuba. Lo envié al David y resultó Premio David. Otra sorpresa, era la primera vez que escribía un libro, compuesto por nueve cuentos, la mitad de los cuales, ambientados fuera de Cuba. El libro tuvo una acogida de público maravillosa y se agotó enseguida, eso me dejó estupefacta. En 2014, ED Matanzas, bajo la batuta de Alfredo Zaldívar hizo una reedición exquisita que también se agotó rápidamente, me sorprendió mucho que pasara eso de nuevo, tantos años después.

Entré a la literatura con una suerte increíble. Si mi primer cuento y mi primer libro no hubieran sido premiados, hoy sería una adicta a la lectura que no escribe.

 

2-¿Cuál es tu primera publicación? Obras publicadas y premios.

Anhedonia, mi primer cuento, resultó Mención de La Gaceta en 1994 y fue publicado en La Gaceta y luego en Estatuas de Sal, el primer panorama de literatura femenina cubana, orquestado por Mirtha Yañez y Marilyn Bobes, un libro muy importante que ha tenido muchas reediciones. Inmediatamente fue incluido en antologías y publicado por dos editoriales italianas, Besa y Feltrinelli, por Beacon Press en Boston,  y otra en Luxemburgo. En 2001 una productora mexicana hizo un mediometraje que dirigió Max Alvarez pero no tuve la osadía de ir al estreno porque me dio miedo ver mis personajes de papel elevados a la pantalla, aún no lo he visto. Los roles principales fueron interpretados por dos actrices que admiro mucho, Broselianda y Jacqueline Arenal.

Mi primer libro de cuentos Anhedonia ganó el Premio David en 1998.

En 2002 mi primera novela, Otras plegarias atendidas, obtiene el Premio Italo Calvino y luego el Premio de la Crítica Literaria y fue publicada casi simultáneamente en Cuba e Italia.

Mi segunda novela La esquina del mundo, fue publicada como A Corner of the world, por City Lights en 2014. Resultó finalista del PEN Center USA Literary Award y del Northest California Books Awards, y fui invitada al festival de Brooklyn. La Revista Bustle la colocó entre los 9 libros sobre Cuba para celebrar la normalización de las relaciones entre Cuba y USA en 2015. En 2017 la publicó MarcosyMarcos como L’angolo del mondo en Italia y la presentamos en muchas ciudades, festivales, canales de tv y radio, revistas, periódicos, MarieClaire la aconsejó entre los 9 libros para el otoño y el grupo de lectura The Book Advisor, entre los 10 libros para el verano. No son premios pero hablan de la acogida del libro.

El año pasado, Agua Dura, mi último libro de cuentos, resultó Premio de la Crítica Literaria, una noticia maravillosa e inesperada.

Vampiros, mi primer cuento sobre cubanos en Miami fue finalista del Premio de Relatos NH en España en 1998 y entre más de 1500 cuentos de toda Hispanoamérica fui la única no española premiada y la única mujer. En el jurado había un miembro de la Real Academia de la Lengua Española y luego el director del concurso me pidió una novela para publicar, pero…en aquel momento no la tenía ni siquiera pensada.

Libros publicados:

Anhedonia (cuentos) ED UNION 1999, ED Matanzas 2014

Otras Plegarias Atendidas (novela) ED UNION 2003, MarcoTropeaEditore, Milano, Italia, 2004

Little Woman in Blue Jeans (cuentos) Ed UNION, 2008.

Infiel y otras historias Ed. Campana, NYork, USA, 2009.

Vivir sin papeles (cuentos) Ed Oriente, 2010

4 non Blondes (cuentos) Ed Oriente, 2013

La esquina del mundo, (novela) ED UNION 2011, City Lights, San Francisco. USA, 2014. MarcosyMarcos, Milano, Italia, 2017.

Agua Dura, ED UNION 2017.

 

3-Como otras escritoras tienes dos  profesiones. En tu caso: abogada y escritora¿Por qué escogiste el derecho como profesión? ¿Por qué la literatura? ¿Cómo reconociste o conociste tu afición a la escritura? En qué crees que una afecta a la otra? ¿En qué crees que lo beneficia?

Empecé a estudiar arquitectura, sin preguntarme si tenía vocación o talento para ello. Estudié dos años y me cambié, en ese momento cualquier carrera de letras me daba igual, no quería seguir haciendo planos ni maquetas ni diseñando redes o estudios cromáticos. Lo más gracioso es que pese a mi falta de entusiasmo tenía buenas notas. El día que decidí que iba a estudiar Derecho, estábamos saliendo todos de mi casa para irnos de vacaciones y me llamaron para decirme que se aprobaba mi cambio de carrera y que podía escoger entre Historia, Historia del arte o Derecho. Y no lo pensé mucho, parece una frivolidad pero de alguna manera supe que cualquier cosa que yo estudiara me iba a servir cuando decidiera “lo que iba a ser cuando fuera grande”. Estudié leyes con inmenso placer, sin ninguna fatiga y terminé con Título de Oro. Eran los años 80, una pizza de langosta en el Hotel Nacional costaba 2 pesos cubanos, un daiquirí en el H Libre 1.50 y la facultad de Derecho está en el medio del Vedado y muy cerca de mi casa, así que la carrera fue, además de provechosa, muy divertida. Además, me gustaban hasta las asignaturas que no le gustaban a nadie, como Historia de la filosofía que duraba tres semestres.

Le debo mucho a mi profesión en todos los sentidos. En lo que respecta a la literatura, recuerdo dos de los elogios que más escuché cuando empecé a escribir: “escritura limpia” “cuidado diseño de los personajes” y es que lo sabemos…en las leyes cada palabra pesa, pesan hasta los signos de puntuación. Y juzgar, en el sentido legal del término, supone contemplar todo, las atenuantes y agravantes, las circunstancias preexistentes, concomitantes y sobrevinientes. Ver todas las aristas de una situación y colocar las personas en tiempo y espacio. Pero le debo también a la arquitectura que no terminé, a mis 17 años en el ICAIC y sobre todo a mis padres.

Ya no ejerzo el derecho, pero no lo abandoné por la literatura sino cuando me casé y comencé a dividir mi tiempo entre Suiza y Cuba. Ser la “abogada del ICAIC” no se volvió un obstáculo en ningún sentido, quizás porque ejercía mi profesión en un lugar muy creativo. Estaba rodeada de personas que escribían sobre cine, investigaban, hacían publicidad. Reynaldo González era el director de la Cinemateca cuando yo empecé a escribir. Y en la parte de producción, trabajaban todos los que hacían el cine cubano en aquellos años.

Ahora mismo, el Derecho me es muy útil. Entiendo todos los papeles de la cotidianeidad suiza, saturada de reglas, y entiendo los contratos de Derecho de Autor, lo cual es una gran ventaja para alguien que escribe.

 

4-¿Crees que escribir es un don innato o un largo proceso de estudio y entrenamiento? ¿Perteneciste a algún Taller Literario? ¿De qué herramientas te apropiaste para alcanzar tus habilidades como escritora?

Eso me recuerda que a Cartier Bresson, el fotógrafo francés cuya obra admiro muchísimo, le preguntaron una vez ¿Se aprende a mirar? Y él respondió ¿Se aprende a templar?(lo escribo así porque él usó la palabra de esa manera, no dijo “hacer el amor”. Y eso nos llevó a debatir sobre si uno nace buen amante o si eso se aprende. Yo creo que aún si se nace dotado para algo, siempre se puede aprender, el saber no ocupa espacio, los abre. Digamos que el talentoso que estudia y se entrena es un talentoso humilde por lo cual tiene un talento añadido, el de saber que todo puede mejorarse y que uno no nace sabiéndolo todo. Creo en el talento, el empeño y la constancia, en un“don” que se enriquece con la perseverancia y el estudio. Van Gogh leía muchísimo, estaba al tanto de todo lo que se hacía en el arte, pintaba siempre, de manera obsesiva, se entrenaba. Era un genio, de una sensibilidad increíble y era muy humilde, pensaba siempre que el trabajo era la clave de todo y admiraba a los escritores y pintores.

Cuando Eric Clapton vio tocar por primera vez a Jimi Hendrix, quedó muy impresionado y dijo “voy para mi casa a seguir practicando” Creo que el talento es la base de ser buenos en lo que hacemos, es imprescindible, es un poco juntar lo que haces con lo que de verdad sabes hacer. Pero creo también que todo lo que se pueda aprender lo enriquece. Alguien con talento puede llegar alto sin otras herramientas pero llegará mejor si no piensa que eso es todo. Nunca estuve en un taller literario, cuando empecé a escribir no sabía que existían, pero la calidad de muchos de los egresados me confirma mi teoría, que el dueto talento-estudio, da buenos resultados.

Un escritor aprende durante todo el tiempo que escribe, aprende y aprehende de todo lo que vive y estudia, de la música que escucha, los filmes que ve, el teatro, la pintura y la fotografía, de la manera en que escucha las personas y observa todo lo que lo rodea. Y aprende escribiendo mucho, y leyendo mucho. Esas son mis herramientas. Me falta la constancia, que es muy importante, seguro se debe a que soy insegura. Eso es bueno porque uno es más crítico con lo que escribe. Pero, si yo no creo en mí ¿cómo van a creer los demás?

 

5-Desde mi punto de vista, el Derecho es una profesión para la cual hay que tener un espíritu contestatario y de servicio ¿Asumes la literatura del mismo modo? ¿Para qué en tu opinión sirve la literatura?

Tienes razón, el problema es que en el mundo, muchas veces las leyes y la justicia no andan muy cerca. Se pueden ejercer el Derecho y la literatura de manera servil y mercenaria, eso existe desde la antigüedad. En mi opinión ambas, debían tener como aspiración máxima la humanidad, sé que parece naif pero ahí están comprendidos los conceptos de justicia social y felicidad. La libertad, la dignidad y el bienestar de la humanidad merecen librar batallas hasta el infinito. Cuando lees Sin novedad en el frente, que narra la Primera Guerra Mundial, en la que Erich Maria Remarque participó, el autor se pregunta y te hace preguntarte ¿qué podía tener un profesor de matemática alemán convertido en soldado, en contra de un profesor de literatura francés, convertido en soldado, cuando se encontraban a ambos lados de la línea del frente de combarte y se masacraban como si se odiasen? Ambos eran jóvenes, amaban, reían, bebían, y en circunstancias normales, podían haber sido amigos. Estamos tan acostumbrados a escuchar malas noticias, descritas de modo monótono y casi automático… Las víctimas de guerras, desastres, violencia, enfermedades, torturas, terrorismo, masacres e injusticias de todo tipo, se vuelven números. Y esos números son personas. Un soldado moribundo o inválido, un niño que muere de hambre, enfermedades, en un bombardeo o pisando una mina, una mujer violada o lapidada por leyes asesinas y absurdas, un inocente en una cárcel, y los padres, hijos, amantes, hermanos y amigos de cada uno de ellos, cuenta en este mundo o debería contar. La literatura tiene la capacidad de conmoverte hasta la indignación o las lágrimas, digo la literatura pero se extiende al arte y también al periodismo responsable y apasionado.

Cuando escribo, libro mis pequeñas batallas, no tengo respuestas para todo lo que me pregunto cada día, muchas de estas cosas me angustian, me hacen sentirme impotente, uno es solo un puntico en una ciudad, un país, así hasta llegar a una galaxia que no es siquiera la más importante del universo. Escribo, y de alguna manera, sin sermonear ni creer que tengo la llave de las preguntas, ni lasclaves de la vida o las respuestas para los males y las dudas, comparto eso, lo que creo, lo que pienso, lo que me preocupa. Como lectora, agradezco eso cuando leo y me quedo pensando, me llevo eso conmigo cuando cierro el libro y hago otras cosas, lo debato con Paolo, con mis amigos, y le damos vueltas, me sucede también con las películas, con el teatro. Algose va contigo, entra en tu cabeza y echa a andar mecanismos que te obligan a pensar, rumiar, llegar a conclusiones. Cuestionar la realidad desde la literatura, desde la denuncia abierta o la ironía, el sarcasmo y la tristeza, es proponerle a quien lee que le dedique unos minutos al mundo en que vivimos, ese que para muchos, es algo lejano y ajeno porque no lo atañe directamente, o sucede lejos de su entorno y en otro idioma o porque los protagonistas y las víctimas no forman parte de su círculo de afectos.

 

7-¿Cuáles son tus escritores  fundamentales, los que en tu opinión han marcado tu obra. ¿Cuáles son tus escritores preferidos?

He tenido muchos, los he ido sustituyendo y he añadido otros. Kundera y Truman Capote me marcaron muchísimo en mis inicios. De hecho, el título de mi primera novela, Otras Plegarias Atendidas le rinde homenaje a su novela inacabada. Le debo a Barrie y Carroll, Peter Pan y Alicia están entre los libros que me llevaría al refugio antiatómico (parece un chiste pero en mi casa en Suiza, hay uno familiar, que ya existía cuando nos mudamos)

Le debo mucho a la short story norteamericana, me gustan mucho los cuentos y en estos momentos en los que el mercado pide novelas, yo sigo insistiendo en el cuento. Amo a London, O’Henry, Mark Twain, Hemingway, Carver, Bukowski, Dorothy Parker, Sallinger. Katherine Mansfield (neo zelandesa) y muchos más.

Cuando leí Cien años de soledad, era adolescente, había leído sobre todo los rusos, los franceses, los victorianos, los clásicos, pero de repente sentí que ese era mi mundo, al que yo realmente pertenecía, y me encantó que fuera así. Leí Conversación en la Catedral, con gula y ansiedad de páginas, esas que me gustaría que provocaran mis libros algún día. Unos años más tarde, con El corazón es un cazador solitario, de Carson Mc Cullers creo que me quedé muda como John Singer, el personaje. Manhattan Transfer, de Dos Passos me dejó boquiabierta, por el juego de tiempos, personajes, las libertades narrativas, parece cine post Godard. Bueno, la lista sería muy larga,tengo una capacidad casi infantil para “encantarme” con los libros.

La conjura de los necios, de John Kennedy Toole y Trampa 22, de Joseph Heller, también las llevaré conmigo al refugio, porque me han regalado momentos de felicidad muy intensos y en ellos me he refugiado en cada tristeza, como hace uno con los amigos. No sé si están en lo que escribo pero espero que sí, que algo de la genialidad de estos libros-autores se me haya pegado por la devoción que les profeso.