Giselle Lucía Navarro y la bala que cura

Poesía

Giselle Lucía Navarro y la bala que cura

  • La poetisa Giselle Lucía Navarro, Premio David 2019
    La poetisa Giselle Lucía Navarro, Premio David 2019

"Aprende que para escribir lo único que debes

hacer es arrancarte el corazón,

sacarlo del cuerpo y luego

respirar"

Giselle Lucía Navarro Delgado

                                                                                                                                                                                                                                                 

Una vez sin vida, el cuerpo humano experimenta durante aproximadamente 36 horas el proceso denominado Rigor Mortis. El corazón deja de bombear, la sangre se coagula y los órganos comienzan a endurecerse. En situaciones normales la persona es enterrada a 1 metro bajo tierra tras el rito funerario. Otras veces, convertido en cenizas, es esparcido en el aire, el mar o, incluso, termina expuesto en alguna repisa de la casa u otro lugar de veneración.

Para quienes creen en la ciencia y en la vida después de la muerte sin idealismos de reencarnación, el paraíso o el infierno, la criogenia promete una segunda oportunidad en un futuro donde el cáncer y el envejecimiento dejen de ser una amenaza a nuestra especie. Una vez sustituida la sangre del organismo por un líquido preservante, este se somete a una temperatura de -196 grados Celsius en un tanque de nitrógeno líquido. Al interior de dicha cápsula todo contacto con el mundo exterior es nulo; se trata entonces de un cuerpo suspendido en la nada, atrapado entre lo que fue en una vida pasada y lo que podría ser si alguna vez logra el milagro de recobrar el aliento.

En los mundos literarios de Giselle Lucía Navarro Delgado, sin embargo, esta criatura humana, como ella prefiere llamarla, ya no es conservada en un líquido antidescomponente, sino que flota en los litros y litros de recuerdos de sí misma y de quienes la han llevado a ser espiritualmente como es. Expuestos, desnudos, los órganos y partes que componen dicho cuerpo, relatan como una suerte de diario personal la vida de esta poeta que asegura conocer la forma en que una bala puede curar a una mujer y hacerla más fuerte.

Como cabeza, tronco y extremidades, esta artemiseña de 24 años tiene tres grandes vertientes que se unen en una misma columna vertebral, que no es otra cosa que la creatividad. Graduada del Instituto Superior de Diseño de La Habana, heredó de su familia la inclinación por las manualidades, la costura y la moda.

  Existen la Giselle narradora, egresada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y directora del Grupo Literario Silvestre de Balboa, autora de libros para niños y ganadora del Premio Pinos Nuevos 2019 con su novela infantil ¿Qué nombre tiene tu casa?,  mientras la otra, la poetisa, protagoniza esta entrevista, tras merecer el premio David 2019 con su cuaderno Criogenia, que será publicado el año próximo por Ediciones Unión, de la UNEAC, la organización que entrega el mencionado lauro.

—Criogenia es un poemario que tiene una estructura bastante peculiar. ¿Por qué estructurar los versos de esta manera tan anatómica cual si fuera un cuerpo humano?

—La intención es observar el interior de una persona, una criatura humana, desde la parte emocional. De tal forma que observemos cada uno de esos fragmentos que componen la personalidad y el carácter de una mujer (o un hombre) como si estuviésemos observando un cuerpo abierto con todos sus órganos expuestos.

“En este caso, cada órgano corresponde con una parte de esa conciencia, de esas vivencias que forman la esencia de una persona. Sosteniendo la idea de que, así como una persona depende de cada uno de sus órganos para vivir, depende también de cada una de esas facetas, recuerdos… y de todo aquello bueno o malo que sucede en su vida y que contribuye a forjar su temple.

—¿Este poemario me dio la impresión de ser una suerte de diario que recoge distintos episodios de su vida?

—Yo diría que son impresiones, estados de ánimos que me acompañan. En esencia, la obra de un escritor siempre se nutre de sus propias vivencias, y la mayor parte del tiempo son estas propias vivencias las que condicionan sus procesos creativos. En este libro hay fibras medulares de mi historia, también mucho de lo que construye mi esqueleto.

—¿Por qué la muerte es un elemento recurrente en los versos? ¿Qué simboliza?

—La muerte es uno de otros tantos símbolos que tiene el libro. Un filo cortante por el que se mueven estos poemas y que a la vez les proporciona unidad. La muerte es un símbolo de transformación, de cambio. No la veo como el final o una especie de cierre, solo como una metamorfosis. Morir de una forma para nacer de otra. En la naturaleza ninguna energía se pierde, siempre se recicla, se transforma. Lo mismo sucede con los sentimientos y las emociones.

—Un elemento que tiende a aparecer en muchos de sus poemas es la bala. ¿Constituye esta bala una figura retórica como la vida, el amor, el tiempo? ¿Para ti personalmente qué simboliza la bala?

—En este caso la bala es el hilo que traspasa cada una de las páginas del libro, el impulso que conduce de un poema a otro. Podría llamarla símbolo o pretexto, pero prefiero llamarla necesidad.

“Para que un hombre reaccione a veces son necesarios golpes fuertes, experiencias imprevistas, que no tienen que ser buenas o malas, solo deben marcar su existencia de un modo tan fuerte que se ponga en movimiento. A veces es necesario una bala. La bala podría ser ese primer disparo después de apretar el gatillo, o ese segundo intento. La bala también tiene otros significados que el lector podrá ir descubriendo en los poemas.

—Uno de sus versos refleja su profunda relación con la poesía. En un poema dices “La poesía como máscara, bandera, arma…

—La poesía es una especie de energía multiforme que siempre me acompaña.

A veces es algo tan simple como el viento despeinándote, ese sentimiento que te hace sonreír, la locura que te mantiene despierta toda la noche escribiendo, el aire que respiras, lo bello, lo efímero, lo profundo, la raíz… No importa si es poesía escrita o visual, siempre viene envuelta en el mismo sentimiento.

—¿Qué sentimientos la dominaron al escribir estos versos?

—El sentimiento de la sinceridad en cada fragmento, de que la palabra brotase limpiamente de mí, sin adornos ni excesos.

—¿Dónde encuentra la inspiración?

—En realidad, creo que la inspiración es quien me encuentra. En cualquier lugar y en cualquier momento, el escritor es solo el puente, quien escoge el modo en que el sentimiento se plasmará en el papel.

—Puede decirse que la familia protagoniza este cuerpo humano que constituye Criogenia. Creo que se resume en su poema Órganos cuando dice “…la familia como el cuerpo/ sostiene su tronco/ en la simbiosis de todos sus miembros que son sus órganos…”

—La familia es el hilo umbilical. Es el árbol del que te nutres, de donde surges y hacia donde regresas siempre. Esa raíz inseparable de la que nunca puedes desprenderte. Debo a mi familia mi esencia. Mi familia es mi coraza, mi amuleto, mi casa, mi esqueleto. La mujer y la poeta que soy, es en parte el resultado del camino y las decisiones que tomaron mis antepasados.

“Yo tenía dos vertientes que siempre me gustaron. Desciendo de una familia a la que le gustaron siempre las manualidades, la costura la moda, las artes plásticas de mi tío que es pintor. Pero, a su vez, ellos de algún modo escribían. Ninguno desarrolló una carrera como escritor, pero les gustaba escribir. Aunque nunca llegue a leerlos mi madre cuando joven escribía poesía de jovencita, mi bisabuela también.

—¿Recuerda su primer poema? ¿A qué edad comenzó este afán por la poesía?

—Mi primer poema lo escribí un Día de las Madres. Tenía seis años y no sabía que regalarle a mi madre. Quería darle algo original, que solo yo pudiera obsequiarle. Sabía leer y escribir porque mi abuela era maestra y me enseño en casa.Entonces hice una cuarteta.

“De ahí escribía cuando tenía deseos. En esa época prefería la narrativa. Más tarde, cuando entré al Grupo Literario Silvestre de Balboa, que dirigía mi maestro Rafael Orta Amaro, me encontré cara a cara con la poesía. Desde entonces nada puede separarnos. La poesía ocupa el primer plano en todos mis procesos creativos”.

—¿Qué libros la han marcado?

—No tengo libros puntuales. Creo que lo que más me marca de un autor es la relación que tiene la obra con su vida, con el ser humano. Siempre que leo algo que me conmueve indago sobre la vida del autor, me identifico con él y es una suerte de sentimiento reencontrados. Ahí está lo que realmente me marca.

—¿Qué poetas han influido directamente en su obra?

—Creo que la influencia ha estado principalmente sobre mi modo de percibir la vida.

Me ha sucedido con muchos autores como Kafka, Juana Borrero, Borges, Martí, Huidobro, Whitman o Villena, por citar algunos. También estuvieron artistas de otras especialidades, de las artes visuales y la música, seres especiales que me estremecieron profundamente con su obra.

—¿Y el diseño?

—Aunque la poeta siempre ha sido más predominante, hay quienes me ven más como diseñadora, dado que esa es la carrera que estudié.

“Personalmente no creo que una persona deba ser clasificada por aquello que estudia, así como que aquello que estudia no marca predominio de intereses en tu vida hacia una dirección. Con algunas personas sucede, pero cada persona es un universo. La universidad no es el último escalón de tu vida profesional, es solo el primero. Al coger el título en tu mano es cuando entras realmente al aula, al aula de la vida. Además, saqué una conclusión simple: para mí la poesía, más que la literatura, no es una carrera que iba es estudiar en la universidad, es un modo de ver la vida, es una fibra mucho más íntima. Sin embargo, necesitaba estudiar y el diseño era algo así como mi otra mitad”.

—¿Cómo combinar la poesía y el diseño?

—Soy solo una persona que escribe y diseña. No tengo privilegio por un campo u otro. Cada cosa que hago recibe de mí la misma entrega. Cuando creas tienes que entregarte por entero, sino la obra no surge.

“Ante la disyuntiva de la literatura o el diseño nunca me he decantado por ninguna. Son dos mitades que unidas hacen mis dos manos. Están vinculadas desde el embrión, puesto que ambas brotan de mí y se fraguan en el mismo nido. No tengo una forma exacta para combinarlas. Simplemente me dejo llevar por el proceso creativo”.

—Me arriesgo a pensar que sus versos hablan una y otra vez de la naturaleza humana y ese estadío presente que es la vida. ¿Pero por qué escoger Criogenia como título?

—Un título no hace un libro, pero definitivamente es un órgano importante. Quería que fuera solo una palabra, una especie de bala que punzara y trasmitiera el olor del cuaderno, sin vender su esencia. No encontré otra palabra que me transmitiera todo eso.

—En su poema Raíz describe el lugar natal con el exergo En una esquina cualquiera de Alquízar. ¿Si viajáramos al pasado cómo lo recordaría?

—En Alquízar están mis raíces, es el pueblo donde nació y creció mi familia. Sin embargo, cuando tenía mes y medio de nacida nos mudados para La Habana. Mis recuerdos están marcados por contactos efímeros de pequeñas vacaciones, pero recuerdo siempre el olor y sus colores. El resto de los recuerdos brotaron siempre de los labios de mi abuela y mi madre.

—Los matices de un país relucen entre líneas en sus versos. ¿Cuánto de Cuba hay en su poesía?

—El país es otro de los símbolos del libro. Este país es una estructura ambigua. En algunos poemas hablo del país como Cuba, en otros el país es el cuerpo, la casa, la conciencia. El punto en común que tienen todos en la geografía del libro es el sentido de pertenencia. El libro es una búsqueda, un reencuentro hacia mis raíces, en mí como persona y todo lo que pude haber vivido.

—Y de Criogenia, con qué le gustaría que se quedara el lector de sus versos.

—Espero que quien lea estos versos se quede con la esencia, que pueda identificarse con ellos y que algo de ellos sirva para inspirar a otros.

—Quisiera terminar preguntando lo mismo que usted se responde en las últimas líneas de su libro, ¿de qué forma una bala puede curar a una mujer y hacerla más fuerte?

—Haciéndola despertar.

Aprende que para escribir lo único que debes hacer es arrancarte el corazón, sacarlo del cuerpo y luego respirar

Giselle Lucía Navarro Delgado

Una vez sin vida, el cuerpo humano experimenta durante aproximadamente 36 horas el proceso denominado Rigor Mortis. El corazón deja de bombear, la sangre se coagula y los órganos comienzan a endurecerse. En situaciones normales la persona es enterrada a 1 metro bajo tierra tras el rito funerario. Otras veces, convertido en cenizas, es esparcido en el aire, el mar o, incluso, termina expuesto en alguna repisa de la casa u otro lugar de veneración.

Para quienes creen en la ciencia y en la vida después de la muerte sin idealismos de reencarnación, el paraíso o el infierno, la criogenia promete una segunda oportunidad en un futuro donde el cáncer y el envejecimiento dejen de ser una amenaza a nuestra especie. Una vez sustituida la sangre del organismo por un líquido preservante, este se somete a una temperatura de -196 grados Celsius en un tanque de nitrógeno líquido. Al interior de dicha cápsula todo contacto con el mundo exterior es nulo; se trata entonces de un cuerpo suspendido en la nada, atrapado entre lo que fue en una vida pasada y lo que podría ser si alguna vez logra el milagro de recobrar el aliento.

En los mundos literarios de Giselle Lucía Navarro Delgado, sin embargo, esta criatura humana, como ella prefiere llamarla, ya no es conservada en un líquido antidescomponente, sino que flota en los litros y litros de recuerdos de sí misma y de quienes la han llevado a ser espiritualmente como es. Expuestos, desnudos, los órganos y partes que componen dicho cuerpo, relatan como una suerte de diario personal la vida de esta poeta que asegura conocer la forma en que una bala puede curar a una mujer y hacerla más fuerte.

Como cabeza, tronco y extremidades, esta artemiseña de 24 años tiene tres grandes vertientes que se unen en una misma columna vertebral, que no es otra cosa que la creatividad. Graduada del Instituto Superior de Diseño de La Habana, heredó de su familia la inclinación por las manualidades, la costura y la moda.

  Existen la Giselle narradora, egresada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y directora del Grupo Literario Silvestre de Balboa, autora de libros para niños y ganadora del Premio Pinos Nuevos 2019 con su novela infantil ¿Qué nombre tiene tu casa?,  mientras la otra, la poetisa, protagoniza esta entrevista, tras merecer el premio David 2019 con su cuaderno Criogenia, que será publicado el año próximo por Ediciones Unión, de la UNEAC, la organización que entrega el mencionado lauro.

—Criogenia es un poemario que tiene una estructura bastante peculiar. ¿Por qué estructurar los versos de esta manera tan anatómica cual si fuera un cuerpo humano?

—La intención es observar el interior de una persona, una criatura humana, desde la parte emocional. De tal forma que observemos cada uno de esos fragmentos que componen la personalidad y el carácter de una mujer (o un hombre) como si estuviésemos observando un cuerpo abierto con todos sus órganos expuestos.

“En este caso, cada órgano corresponde con una parte de esa conciencia, de esas vivencias que forman la esencia de una persona. Sosteniendo la idea de que, así como una persona depende de cada uno de sus órganos para vivir, depende también de cada una de esas facetas, recuerdos… y de todo aquello bueno o malo que sucede en su vida y que contribuye a forjar su temple.

—¿Este poemario me dio la impresión de ser una suerte de diario que recoge distintos episodios de su vida?

—Yo diría que son impresiones, estados de ánimos que me acompañan. En esencia, la obra de un escritor siempre se nutre de sus propias vivencias, y la mayor parte del tiempo son estas propias vivencias las que condicionan sus procesos creativos. En este libro hay fibras medulares de mi historia, también mucho de lo que construye mi esqueleto.

—¿Por qué la muerte es un elemento recurrente en los versos? ¿Qué simboliza?

—La muerte es uno de otros tantos símbolos que tiene el libro. Un filo cortante por el que se mueven estos poemas y que a la vez les proporciona unidad. La muerte es un símbolo de transformación, de cambio. No la veo como el final o una especie de cierre, solo como una metamorfosis. Morir de una forma para nacer de otra. En la naturaleza ninguna energía se pierde, siempre se recicla, se transforma. Lo mismo sucede con los sentimientos y las emociones.

—Un elemento que tiende a aparecer en muchos de sus poemas es la bala. ¿Constituye esta bala una figura retórica como la vida, el amor, el tiempo? ¿Para ti personalmente qué simboliza la bala?

—En este caso la bala es el hilo que traspasa cada una de las páginas del libro, el impulso que conduce de un poema a otro. Podría llamarla símbolo o pretexto, pero prefiero llamarla necesidad.

“Para que un hombre reaccione a veces son necesarios golpes fuertes, experiencias imprevistas, que no tienen que ser buenas o malas, solo deben marcar su existencia de un modo tan fuerte que se ponga en movimiento. A veces es necesario una bala. La bala podría ser ese primer disparo después de apretar el gatillo, o ese segundo intento. La bala también tiene otros significados que el lector podrá ir descubriendo en los poemas.

—Uno de sus versos refleja su profunda relación con la poesía. En un poema dices “La poesía como máscara, bandera, arma…

—La poesía es una especie de energía multiforme que siempre me acompaña.

A veces es algo tan simple como el viento despeinándote, ese sentimiento que te hace sonreír, la locura que te mantiene despierta toda la noche escribiendo, el aire que respiras, lo bello, lo efímero, lo profundo, la raíz… No importa si es poesía escrita o visual, siempre viene envuelta en el mismo sentimiento.

—¿Qué sentimientos la dominaron al escribir estos versos?

—El sentimiento de la sinceridad en cada fragmento, de que la palabra brotase limpiamente de mí, sin adornos ni excesos.

—¿Dónde encuentra la inspiración?

—En realidad, creo que la inspiración es quien me encuentra. En cualquier lugar y en cualquier momento, el escritor es solo el puente, quien escoge el modo en que el sentimiento se plasmará en el papel.

—Puede decirse que la familia protagoniza este cuerpo humano que constituye Criogenia. Creo que se resume en su poema Órganos cuando dice “…la familia como el cuerpo/ sostiene su tronco/ en la simbiosis de todos sus miembros que son sus órganos…”

—La familia es el hilo umbilical. Es el árbol del que te nutres, de donde surges y hacia donde regresas siempre. Esa raíz inseparable de la que nunca puedes desprenderte. Debo a mi familia mi esencia. Mi familia es mi coraza, mi amuleto, mi casa, mi esqueleto. La mujer y la poeta que soy, es en parte el resultado del camino y las decisiones que tomaron mis antepasados.

“Yo tenía dos vertientes que siempre me gustaron. Desciendo de una familia a la que le gustaron siempre las manualidades, la costura la moda, las artes plásticas de mi tío que es pintor. Pero, a su vez, ellos de algún modo escribían. Ninguno desarrolló una carrera como escritor, pero les gustaba escribir. Aunque nunca llegue a leerlos mi madre cuando joven escribía poesía de jovencita, mi bisabuela también.

—¿Recuerda su primer poema? ¿A qué edad comenzó este afán por la poesía?

—Mi primer poema lo escribí un Día de las Madres. Tenía seis años y no sabía que regalarle a mi madre. Quería darle algo original, que solo yo pudiera obsequiarle. Sabía leer y escribir porque mi abuela era maestra y me enseño en casa.Entonces hice una cuarteta.

“De ahí escribía cuando tenía deseos. En esa época prefería la narrativa. Más tarde, cuando entré al Grupo Literario Silvestre de Balboa, que dirigía mi maestro Rafael Orta Amaro, me encontré cara a cara con la poesía. Desde entonces nada puede separarnos. La poesía ocupa el primer plano en todos mis procesos creativos”.

—¿Qué libros la han marcado?

—No tengo libros puntuales. Creo que lo que más me marca de un autor es la relación que tiene la obra con su vida, con el ser humano. Siempre que leo algo que me conmueve indago sobre la vida del autor, me identifico con él y es una suerte de sentimiento reencontrados. Ahí está lo que realmente me marca.

—¿Qué poetas han influido directamente en su obra?

—Creo que la influencia ha estado principalmente sobre mi modo de percibir la vida.

Me ha sucedido con muchos autores como Kafka, Juana Borrero, Borges, Martí, Huidobro, Whitman o Villena, por citar algunos. También estuvieron artistas de otras especialidades, de las artes visuales y la música, seres especiales que me estremecieron profundamente con su obra.

—¿Y el diseño?

—Aunque la poeta siempre ha sido más predominante, hay quienes me ven más como diseñadora, dado que esa es la carrera que estudié.

“Personalmente no creo que una persona deba ser clasificada por aquello que estudia, así como que aquello que estudia no marca predominio de intereses en tu vida hacia una dirección. Con algunas personas sucede, pero cada persona es un universo. La universidad no es el último escalón de tu vida profesional, es solo el primero. Al coger el título en tu mano es cuando entras realmente al aula, al aula de la vida. Además, saqué una conclusión simple: para mí la poesía, más que la literatura, no es una carrera que iba es estudiar en la universidad, es un modo de ver la vida, es una fibra mucho más íntima. Sin embargo, necesitaba estudiar y el diseño era algo así como mi otra mitad”.

—¿Cómo combinar la poesía y el diseño?

—Soy solo una persona que escribe y diseña. No tengo privilegio por un campo u otro. Cada cosa que hago recibe de mí la misma entrega. Cuando creas tienes que entregarte por entero, sino la obra no surge.

“Ante la disyuntiva de la literatura o el diseño nunca me he decantado por ninguna. Son dos mitades que unidas hacen mis dos manos. Están vinculadas desde el embrión, puesto que ambas brotan de mí y se fraguan en el mismo nido. No tengo una forma exacta para combinarlas. Simplemente me dejo llevar por el proceso creativo”.

—Me arriesgo a pensar que sus versos hablan una y otra vez de la naturaleza humana y ese estadío presente que es la vida. ¿Pero por qué escoger Criogenia como título?

—Un título no hace un libro, pero definitivamente es un órgano importante. Quería que fuera solo una palabra, una especie de bala que punzara y trasmitiera el olor del cuaderno, sin vender su esencia. No encontré otra palabra que me transmitiera todo eso.

—En su poema Raíz describe el lugar natal con el exergo En una esquina cualquiera de Alquízar. ¿Si viajáramos al pasado cómo lo recordaría?

—En Alquízar están mis raíces, es el pueblo donde nació y creció mi familia. Sin embargo, cuando tenía mes y medio de nacida nos mudados para La Habana. Mis recuerdos están marcados por contactos efímeros de pequeñas vacaciones, pero recuerdo siempre el olor y sus colores. El resto de los recuerdos brotaron siempre de los labios de mi abuela y mi madre.

—Los matices de un país relucen entre líneas en sus versos. ¿Cuánto de Cuba hay en su poesía?

—El país es otro de los símbolos del libro. Este país es una estructura ambigua. En algunos poemas hablo del país como Cuba, en otros el país es el cuerpo, la casa, la conciencia. El punto en común que tienen todos en la geografía del libro es el sentido de pertenencia. El libro es una búsqueda, un reencuentro hacia mis raíces, en mí como persona y todo lo que pude haber vivido.

—Y de Criogenia, con qué le gustaría que se quedara el lector de sus versos.

—Espero que quien lea estos versos se quede con la esencia, que pueda identificarse con ellos y que algo de ellos sirva para inspirar a otros.

—Quisiera terminar preguntando lo mismo que usted se responde en las últimas líneas de su libro, ¿de qué forma una bala puede curar a una mujer y hacerla más fuerte?

—Haciéndola despertar.

 

 

 

ESPALDAS

Tener 23 años y haber probado la muerte

no te convierte en un ser oscuro.

Haber caído desde lo más alto

siendo baleado por la espalda

por aquel a quien tendías la mano,

sin otro argumento que tu inocencia,

no te convierte en un perdedor.

Decidir que a partir de ahora solo moverás los dedos

por aquello que realmente te conmueve

no significa que eres rebelde.

Haber cruzado el sendero

y no encontrar reconciliación

entre tu pasado, tu presente y tu futuro

no te transforma en un ser extraño.

 

Pero tener 23 años y morder la queja,

decir que la vida y el mundo son terrenos difíciles

y que existen algunas cosas imposibles

definitivamente te convierte en un cobarde.

 

Giselle Lucía Navarro