Hebert Pérez: “He aprendido que no hay esas verdades absolutas”

Hebert Pérez: “He aprendido que no hay esas verdades absolutas”

  • El Doctor  Hebert Pérez Concepción, Premio Nacional de Historia 2017. Fotos cortesía del Departamento de Comunicación de la Universidad de Oriente
    El Doctor Hebert Pérez Concepción, Premio Nacional de Historia 2017. Fotos cortesía del Departamento de Comunicación de la Universidad de Oriente
  • El Doctor  Hebert Pérez Concepción, Premio Nacional de Historia 2017. Fotos cortesía del Departamento de Comunicación de la Universidad de Oriente
    El Doctor Hebert Pérez Concepción, Premio Nacional de Historia 2017. Fotos cortesía del Departamento de Comunicación de la Universidad de Oriente

De andar sosegado, en cualquier parte de la Universidad de Oriente, usted puede ver al Dr.C. Hebert Pérez Concepción, quien es reconocido por ser el Historiador de esta Casa de Altos Estudios, que ya cumplió 70 años de fundada.

Toda su vida profesional se ha desarrollado en el Alma Mater oriental, desde que se graduara en 1963, y luego de tantos años de labor ininterrumpida ha merecido el Premio Nacional de Historia 2017.

Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y de la Unión de Historiadores de Cuba, este profundo estudioso de la obra martiana es ya, parte indisoluble de la universidad y su gente, la ha contado en libros y la vive cada día desde sus aulas.

¿Cómo comenzó su vida laboral?

Yo me gradué en una universidad norteamericana, la Universidad de Duke, en Carolina del Norte, Estados Unidos e inmediatamente regresé a Cuba. Mi familia es de Holguín, pero en ese momento mi hermano era el director del periódico Sierra Maestra.

En los primeros meses no tenía trabajo y el estado a través del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), me daba un pago mensual, que lo hizo como por tres meses. En ese tiempo yo venía a Santiago de Cuba con mi hermano muy a menudo, para compartir con los periodistas del Sierra Maestra e incluso hice algo de periodismo. Por ejemplo, en ese verano del ´63 vino un primer grupo de estudiantes norteamericanos–que tenían prohibido viajar a Cuba por las leyes del bloqueo- e ilegalmente hicieron el viaje a Cuba, y mi hermano me dio la tarea de que, como hacía poco había venido de los Estados Unidos, sabía inglés y era joven como ellos, escribiera un reportaje en seis partes, que luego se publicó.

Los compañeros del periódico me recomendaron que viniera a la universidad a buscar trabajo y así me presenté aquí, hablé con el entonces decano de la Facultad de Humanidades, que ahora son las facultades de Ciencias Sociales y Humanidades, el Dr.C. Pratt y él tenía falta de profesores, porque muchos se habían ido del país y otros a cumplir diferentes funciones en La Habana. Me ofreció trabajo y así me quedé, desde entonces hasta el día de hoy, lo cual significa que he estado trabajando 54 años en la Universidad de Oriente.

Es la universidad después del triunfo de la revolución porque se reabre en el año 59, y es la mayor parte de mi vida, de los 76 que tengo.

Ya que toda su vida laboral se ha desarrollado aquí, ¿cuánto ha contribuido la UO a la obtención de este premio?

Yo asumí el trabajo de una manera muy práctica, había una tarea que realizar y la hice, creo que no tenía un programa para mi vida académica y supongo que muy poca gente en aquel momento lo tenía. Ah, hoy hay todo un programa –que no es tan viejo como se piensa- en el cual tú te gradúas, pasas a formar parte de un departamento, tienes un programa de investigación, haces maestría y doctorado, tienes que publicar.

En realidad, en aquel momento no se hablaba de hacer maestrías o doctorado, la principal tarea era la docencia, nosotros éramos profesores que se ocupaban fundamentalmente de la docencia, no tanto de la investigación, pero siempre se hacía cosas y se iba armando un expediente, el cual le ha ayudado a uno a través del tiempo.

Cuando ya se comienza a organizar la universidad con vistas a equipararla con las universidades del mundo, a incrementar el número de doctores entre los profesores, algunas de las cosas que yo había hecho me ayudaron. Por ejemplo, yo hago el doctorado aquí, lo defendí en el año 91, por la Universidad de La Habana, que era la única que hacía los doctorados, el sistema no estaba tan engrasado ni tan amplio como ahora, y lo realizo con el tema de Martí y los Estados Unidos.

El tema no lo inventé, yo venía leyendo a Martí hacía algún tiempo, lo pretendía incorporar al trabajo docente, entre muchas asignaturas a las que me he tenido que enfrentar, yo daba y todavía lo hago Historia de los Estados Unidos, entonces Martí vivió 14 años en ese país y escribió muchísimo sobre el mismo.

Yo me sentía un poco culpable porque como estudié fuera sabía muy poco, porque yo llevaba la presión que uno recibe desde niño de que Martí es nuestro ejemplo, que debemos saber de él, y asumí la lectura de su obra como un medio de incorporar esas crónicas y ensayos que él escribió sobre Estados Unidos a la asignatura.

Entonces, cuando ya se plantea la necesidad de que debemos hacernos doctores, escogí ese tema, que para mí tenía un adelanto, porque tenía bastantes lecturas, las cuales disfruté y era un tema que tenía una ventaja; mis hijos eran chiquitos y no podía viajar tanto fuera de Santiago de Cuba, entonces trabajando a Martí podría hacerlo desde aquí porque las fuentes fundamentales eran las obras completas, así como otros libros y ensayos.

También me ayudó el hecho de que no solo utilicé a Martí en la docencia, sino que muchas instituciones cuando vieron que yo podía dar alguna conferencia sobre Martí, me lo pedían, y hubo un tiempo que no me dejaban descanso. Después, como ya estamos entrando en los años 80, las maestrías, doctorados, cursos de posgrado y dicté algunas conferencias.

También impartí un curso de posgrado sobre el tema, y cuando lo terminé me di cuenta de que ya tenía la tesis, es decir, la tenía concebida, que es lo fundamental, lo demás era dedicarle tiempo, pero ya sabía por qué camino debía transitar y eso me resultó más fácil porque había dado en ese curso de posgrado 10 conferencias que desarrollé con cuidado, y ya era un trabajo de hormiga, de armar; era duro, pero yo lo disfrutaba.

Es Martí utilizado para comprender mejor la sociedad norteamericana de aquel tiempo, y también era un tema que estaba cogiendo mucho auge, lo cual me ayudó a calzar la investigación.

Pero también ha habido otros temas que ha desarrollado, aunque quizás no con la misma profundidad.

A mí me ocurre una cosa: mientras estoy en el trabajo de investigación y elaboración, me concentro mucho en eso, pero cuando termino hago una especie de olvido, al punto que hasta rechazo volver a coger mis trabajos y cuando pasan dos o cinco años, los vuelvo a leer, y para mi gusto me siento satisfecho, generalmente siento que no estaba tan malo.

Creo que el tema de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba es bastante amplio y he trabajado muchas cosas sobre eso, temas de historia de Cuba, porque no sabía mucho al respecto, de hecho, no soy un historiador de Historia de Cuba porque como estudié fuera, no la tuve ni siquiera como asignatura, pero me he dado cuenta de que con el tiempo es una carencia que uno debe de tratar de suplir, porque en Cuba, nuestros historiadores, salvo muy contados casos no se pueden hacer especialistas en Historia de Europa, de China, Asia, Historia Antigua, pueden ser como traductores pero a partir de trabajos que otros han hecho, porque eso requiere recursos, viajes al extranjero y para nosotros es muy difícil.

Sin embargo, en la Historia de Cuba, hay una riqueza de posibilidades inmensa, además, cuando llegas a desarrollar un gusto por la historia, puedes tener historias que prefieres, pero en realidad –y pienso que debe de ser así para todo el mundo, porque para mí en realidad lo es- cualquier historia te debe fascinar porque, en definitiva, cualquier historia es un reflejo de la vida del hombre, de la sociedad y se repite con diferentes nombres, circunstancias, y con mucha más razón la de tu propio país.

Yo en alguna medida, no de una manera sistemática, porque el trabajo no me daba tiempo para convertirme en un historiador de Cuba, he tratado de actualizarme, de tener conocimientos básicos, he traducido algunas cosas que tienen que ver con la Historia de Cuba. La manera en que preparo las traducciones me obliga a estudiar, porque para hacer una buena traducción no basta con que sepas el idioma, debes de familiarizarte con el tema, incluso con el lenguaje del tema. Por ejemplo, para traducir un libro sobre la conspiración de Aponte, ocurrida a principios del siglo XIX, que es un texto esencialmente hecho con documentos antiguos y con los libros que se escribieron sobre ese tema desde el siglo XIX y la primera mitad del XX, en el cual hay una serie de palabras y un lenguaje que es muy propio de la época, no solo trabajo con el texto que voy a traducir, sino que leo otros. Es mucho trabajo, pero es divertido.

Yo he traducido del inglés al español cuatro libros, uno de ellos junto con una compañera, la Dra.C. Aida Bahr. Uno sobre Martí, escrito por un canadiense, una biografía de Maceo, de un norteamericano, el de Aponte, y otro que es una introducción a la cultura haitiana, tiene de historia, economía y política.

En una universidad como esta, que siempre se ha distinguido por ser una de las más grandes del país, ¿cuánto han cambiado la enseñanza de la historia en los estudios superiores y cómo influye en la formación profesional y humana?

No estoy seguro de que te pueda dar una respuesta exenta de errores y apreciaciones incorrectas. Creo que en 50 años como profesor uno se encuentra generaciones de estudiantes, por ejemplo, los primeros años había muchos alumnos que no eran jóvenes recién graduados del pre universitario, eran personas que ya trabajaban, los cursos empezaban a las 3 y media de la tarde, había un sistema que les permitía trabajar seis horas nada más, muchos ya no eran adultos jóvenes, si no que tenían 50 años y más, incluso jubilados, tenían mucha madurez porque habían pasado por todo el proceso de antes y después del triunfo de la revolución y estaban haciendo un sacrificio para formarse. Muchos de ellos ya tenían lecturas y cierto nivel y realmente fue una experiencia grande para los profesores en la que también este aprendía, se corría el riesgo de lucir muy mal ante los estudiantes, creo que ese fue un desafío y, al mismo tiempo, una experiencia enriquecedora.

Después comenzaron los grupos cuyos estudiantes venían directamente del pre, ahí representaban una variedad muy grande, había muchos que ingresaban porque tenían que hacer una carrera universitaria y la puntuación a lo mejor no les daba para coger la especialidad que querían, entonces no tenían mucho interés y no estaban bien preparados y se daban muchos casos de mediocridad porque no tenían ese amor por la historia desde el inicio.

Tuvimos la experiencia de muchos alumnos que en el proceso se crecieron, se desarrollaron y había otros que siempre la cogieron como primera opción y que fueron muy buenos. Pienso que a veces mis colegas han sido superficiales cuando han dicho que este grupo es malo o es bueno, creo que la realidad siempre fue que los grupos tenían una variedad grande, en la que había muchachos malos, muchachos buenos, muchachos excelentes y algunos que se hicieron excelentes en el aula, que quizás eran jovencitos, no sabían lo que querían, pero entonces se convirtieron en magníficos historiadores. En conjunto, es una gran experiencia y el profesor que no vea eso tal vez le falta amor por su profesión, hay que tener preocupación para detectar las diferencias que hay en el estudiantado y desarrollarlo.

También en estos más de 50 años, tantas generaciones de estudiantes reflejan los momentos que se estaban viviendo y los sectores sociales de los que salían. Te diría que la facultad nuestra, en los primeros años había una tendencia a un estudiantado un poco más pequeño burgués, no lo digo con ninguna intención de rebajarlo, si no, al contrario, para definirlo de alguna manera, es decir, personas que no venían de los estratos más pobres y menos educados e instruidos de la sociedad. Hubo otros momentos en los que ya se empezó a notar que llegaban estudiantes de medios mucho menos instruidos, de problemas sociales más graves y eso influye, no es lo mismo, por ejemplo, unos estudiantes como mis hijos que tenían una casa y a partir de los siete años cada uno de ellos tuvo una habitación independiente, a cuando uno sabe que los estudiantes parten de una vivienda que está en una cuartería y que viven ocho o diez personas.

Lo extraordinario de todo eso es que fueron surgiendo de esos mismos niveles, a veces de campesinos de monte adentro, gente que se superaba y no eran los mismos cuando entraron que cuando salieron, esa es una satisfacción del profesor y a estas alturas, en que uno empieza a pensar en la retirada general, uno mira hacia atrás y se dice: “bueno, a lo mejor yo contribuí en alguna medida a que una persona a quien no se le habían descubierto sus talentos o capacidades o sus intereses, se graduara.

Desde luego, hay algunos a quienes nunca les interesó y han decidido ser profesionales mediocres, te digo esto y pienso en uno, que venía de un medio social favorable socialmente, pero era muy haragán, muy inteligente, muy capaz, más o menos se paseó la carrera, pero nunca se ha exigido a sí mismo y el que no se exige a sí mismo no va a superarse grandemente.

Ser premiado por su trabajo, para cualquier persona en importante y gratificante, ¿qué sintió usted cuando recibió la noticia de que había sido galardonado con el mayor premio que da la UNHIC en este país?

Te voy a decir una cosa que no es por falsa modestia, si no, por una realidad, yo no he trabajado tanto por los premios, incluso pensé que no siempre se me reconocía y a lo mejor no lo merecía, así que a mí me sorprendió el premio.

Luego que veo a la gente cómo lo recibió y me pongo a pensar en el hecho, de toda la gente que pudo haberlo recibido que, a mi manera de ver, tienen más méritos que yo, entonces me he sentido muy dichoso, muy contento de que me hayan elegido. Fue como un primer golpe, que a uno lo deja anonadado, no sabe cómo valorarlo, mientras más pienso en él, más veo que me han hecho un gran reconocimiento y que debo estar muy agradecido por el mismo, sobre todo porque el gremio de los historiadores ha crecido mucho, la carrera de Historia, ahora no es nueva, pero es nueva en el sentido de que antes del triunfo de la revolución no había una carrera en Cuba, la carrera de historiadores surge con el primer congreso de educación que hubo en el año 62, entonces se reorganiza toda la educación superior en Cuba, la proyecta y la única carrera que había de Humanidades que era Filosofía y Letras, se convierte entonces en Historia y en Letras con la posibilidad de irle añadiendo otras especialidades que es lo que se ha estado haciendo como psicología, sociología, periodismo…

En Cuba siempre ha habido muy buenos historiadores pero habían sido abogados que se ponían a estudiar la historia de la localidad, se convirtieron en historiadores por amor, o periodistas, incluso maestros, pero cuando sacas cuenta en todo el país había muy pocos historiadores.

Con la revolución se crea la carrera de historia en la Universidad de la Habana, se crea aquí en Santiago, también en las Villas, después se extiende a otras universidades como Camagüey, Holguín, y aunque la carrera no tiene una matrícula muy grande, la suma de todo eso te lanza cada año a la calle decenas, centenares de historiadores con una preparación técnica mejor, te digo técnica porque hay profesionales anteriores que eran excelentes por su cultura general, o había otra gente que se dedicaba a otras cosas pero que hacía historia a la vez.

Ha habido historiadores que se han ido formando, yo conozco a muchos en toda Cuba que son muy buenos y han hecho grandes contribuciones, han escrito mucho, y más que yo, entonces ellos me han dado un homenaje que debo agradecerlo con todo el corazón. Estoy muy agradecido por los compañeros que me propusieron, los que me han llamado y felicitado, por los que pudieron haber ganado el premio, porque hubo otras propuestas que yo conozco que son muy buenos, que han escrito mucho, y que me han aceptado, me siento muy contento, muy honrado, creo que me da pena, es un estímulo a que uno siga trabajando y que haga otros aportes y me pongo a pensar que ya a uno le va quedando menos combustible para hacerlos.

¿Cómo se autodefiniría Hebert Pérez?

En el campo académico yo me definiría como un estudiante, me sigue la curiosidad por aprender cosas nuevas, y veo que nunca tengo la verdad absoluta, que la agarré y esa es la que tengo que estar repitiendo, eso puede deberse a cierta falta de confianza en mi propia fuerza, creo que va la cosa por ahí más que nada y no como dicen algunas personas que yo soy muy modesto. Me veo como un estudiante porque creo que he aprendido que no hay esas verdades absolutas, nadie lo sabe todo, tengo esa curiosidad por aprender, por saber algo nuevo.