Irena Sendler en La Habana

Irena Sendler en La Habana

  • “Tenemos muchos proyectos para el año 2019. Volverá a escena La mujer de antes, de Roland Schimmelfenig y luego Bosques, de Wadji Mouawad”, dice Miguel Abreu. Foto del autor
    “Tenemos muchos proyectos para el año 2019. Volverá a escena La mujer de antes, de Roland Schimmelfenig y luego Bosques, de Wadji Mouawad”, dice Miguel Abreu. Foto del autor

La séptima edición de la Semana de Teatro Polaco en La Habana trajo a las tablas cubanas una triada de historias relevantes de este país europeo que tan cercano tuvimos en décadas pasadas. Auspiciado por la Embajada de Polonia en Cuba y a propósito del Centenario del Renacimiento del Estado Polaco, el público nacional nuevamente tuvo la oportunidad de adentrarse en su universo sociocultural.

Ludi Teatro fue de las compañías que participó en esta experiencia con la obra El vacío de las palabras, de Maikel Rodríguez. Este unipersonal —protagonizado de forma espléndida por la joven y talentosa actriz Giselle González— nos entrega la sui generis existencia de Irena Sendler, una extraordinaria polaca conocida como “el ángel del gueto de Varsovia” porque salvó a más de 2500 niños judíos.

Audaz y conmovedor monólogo que atrapa al espectador durante cada uno de los minutos que asistimos a la trayectoria de esta singular y valiente mujer de la historia de Polonia. Miguel Abreu, el director de la puesta en escena y de Ludi Teatro nos brinda más detalles:

Ludi Teatro había estrenado en el 2017 la obra de Dorota Maslowska, Dos pobres rumanos que hablaban polaco y fue nuestro primer acercamiento al teatro polaco contemporáneo. Invitados por la Embajada de Polonia en Cuba para inaugurar la Semana de la Cultura Polaca de ese año. Fue un trabajo muy bien recibido por la crítica y el público y, además, fue el espectáculo con el que reinauguramos nuestra sede después de las tremendas afectaciones que sufrimos con el paso del huracán Irma. La amarga experiencia se mezcló en la dramaturgia de la obra y así establecimos un diálogo más cercano con nuestros espectadores.

Este fue el antecedente para que la Embajada de Polonia nos invitara a estudiar este gran personaje de su historia que es Irena Sendler, con el objetivo de realizar algo especial para el Centenario. También, por primera vez, partíamos de la idea de crear un texto cubano a partir de un tema polaco.

Me imagino que fue necesario un profundo trabajo investigativo para lograr sumergirse en las complejidades de un contexto tan convulso y de una personalidad femenina tan sólida y, a la vez, sensible y muy humana.

Los primeros que empezaron a trabajar fueron Maikel Rodríguez de la Cruz como autor del texto y Giselle González, la actriz; mientras yo terminaba otro compromiso de trabajo. Ambos hicieron una investigación documental muy fuerte: biografías, películas, documentales, entrevistas, fotografías, etc. Muchísimo material se reunió para conocer cada detalle de la vida de Irena: sus acciones en el Gueto de Varsovia, sus puntos de vista sobre los pasos del ejército nazi para concretar el exterminio judío. Todo un estudio sobre la vida personal de Irena, la relación con sus hijos y su madre, los procesos de rescate de los niños que salvó del gueto y de los cuales había enterrado en un frasco sus nombres y fechas de nacimiento con el objetivo de reunirlos con sus familias después de la guerra. Luego, durante el sistema estalinista y, después, el comunista, ella siguió trabajando con estos niños. Incluso, revisamos las vivencias de su vejez en el asilo donde vivió hasta los 98 años.

Recibí un primer texto de trabajo y ya tenía a una actriz muy bien preparada, que se había metido hondamente en el entorno del holocausto y en la vida de Irena, y no puedo dejar de decir que hubo días que teníamos que descansar, porque las imágenes y lo que se vivió en ese terrible pasaje de la historia del ser humano sobrepasa todo cuanto podamos imaginar. Fue difícil en muchos momentos; pero por otro lado sabíamos que era muy necesario hablar de esta gran mujer y que nuestro público conociera otro nombre: el de una mujer que mostró la cara altruista y generosa del ser humano.

Irena no resultó un personaje sencillo. Siempre fue una mujer polémica, con un coraje puesto a prueba. Cuestionada muchas veces y olvidada o silenciada otras. Luchó por sus niños judíos hasta el final de sus días al precio de ganar el rechazo de sus hijos naturales y de tener graves problemas para salir de Polonia, donde por mucho tiempo se le negó el pasaporte para viajar a Israel: país que acogió a muchos niños que ella logró sacar del gueto.

La actriz Giselle González logra un desempeño notable encarnando las vidas cruzadas de Irena Sendler y una actriz que se dispone a encarnar la piel de esta valiente mujer ¿Qué resortes empleaste para lograr la esencia de una trayectoria tan intensa?

Los mismos resortes que hemos venido entrenando durante los procesos de trabajo que hicimos para las obras de Wadji Mouawad, es decir, recursos de la actuación para lograr una conexión profunda y honesta entre el actor y su personaje y que ambos entren en el túnel de la verdad y el compromiso con el trabajo. Irena Sendler merece un esfuerzo enfocado donde sea notable esa condición de entrega del actor que hace excepcional su actuación. Y Giselle González es una actriz muy estudiosa, y que sabía la responsabilidad que tenía en sus manos. Su trabajo de investigación fue muy fuerte, obsesivo y esta actitud nos dejó claro que este diálogo actor-personaje sería el recurso dramatúrgico para hablar de la vida de Irena. No quisimos traicionar, mucho menos negar, el impulso de Giselle; de ahí que la obra es la crisis del actor en busca de su personaje.

Los ensayos pidieron una segunda versión del texto en la que Maikel Rodriguez trabajó, hasta que llegamos a la que quedó para la puesta en escena. Un espectáculo unipersonal debe estar enfocado en el actor. Cuando en el año 2013 dirigí el texto de Alberto Pedro, Las lágrimas no hacen ruido al caer, lo hice bajo la misma premisa de sacar el máximo partido al actor. Una puesta en escena enfocada en enmarcar al actor, en contar de manera clara la historia del personaje, apoyada en la música y el sonido para lograr un efecto inmersivo en el espectador y buscar la mayor síntesis de recursos y objetos posibles sobre la escena.

En Ludi Teatro, realmente, contamos con un equipo de primera: el productor Rafael Vega y los diseñadores Celia Ledón, Pavel Marrero, Herman Bejerano, entre otros, que aportan, en gran medida, al buen resultado de nuestra labor.

Si tuvieras que hacer un recuento del año 2018 para Ludi Teatro ¿Cómo lo definirías?

Un año de mucho trabajo. Luego de cuatro años de abierta nuestra sede (calle I, entre 9 y 11) hemos creado un público asiduo que busca nuestros estrenos, las reposiciones, los eventos y desea que Ludi siga siendo un cuerpo teatral vivo y dinámico, nutrido por muchos talentos que encuentran allí su espacio para crear. Esta familia teatral estrenó en el 2018, además, las obras: Bosques, de Wadji Mouawad y La mujer de antes, de Roland Schimmelfenig. También se hicieron las reposiciones de Aprender a nadar, de Mariana Salzman y Dos pobres rumanos que hablaban polaco de Dorota Maslowska. Fuimos invitados al Festival Traspasos Escénicos, a la Semana de Teatro Alemán en Cuba, a la Semana de la Cultura Polaca así como al Festival Nacional de Teatro de Camagüey.  

Tenemos muchos proyectos para el año 2019. Volverá a escena La mujer de antes, de Roland Schimmelfenig y luego Bosques, de Wadji Mouawad. Hay otros estrenos planificados. Ludi funciona como un teatro de grupo, concepto casi extinto en nuestro entorno por lo que sus miembros son parte de una familia de la cual soy un padre muy afortunado. Ludi Teatro, más que trabajo, es una forma de vida.