Irene Rodríguez: el baile flamenco hechizó a la crítica especializada neoyorquina

Irene Rodríguez: el baile flamenco hechizó a la crítica especializada neoyorquina

  • La primera bailarina, maître y coreógrafa Irene Rodríguez. Foto tomada de internet
    La primera bailarina, maître y coreógrafa Irene Rodríguez. Foto tomada de internet

He tenido el honroso privilegio de ser un fiel seguidor de la Compañía Irene Rodríguez desde su fundación en 2012 cuando la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), la seleccionó como agrupación invitada a la entrega de los Premios Caricato, cuya sede fuera el Teatro Astral; escenario de los espectáculos de lujo Sonando en Cuba, Bailando en Cuba y La Banda Gigante.

Por lo tanto, me he convertido —por derecho propio— en cronista de ese emblemático conjunto músico-danzario, que ha llevado lo mejor de las danzas españolas a los escenarios nacionales y foráneos, así como devenido entrevistador de la primera bailarina, maître y coreógrafa Irene Rodríguez, Premio del Certamen Iberoamericano de Coreografía (CIC) Alicia Alonso, por cuyas venas corre sangre cubano-hispana y lleva el baile flamenco en los genes y en el alma.

¿Qué representó para usted haber generado en los colegas estadounidenses de la prensa las más elogiosas críticas a las actuaciones de la compañía que jerarquiza durante sus más recientes presentaciones en el neoyorquino Joyce Theatre?

No creo que haya palabras capaces de reflejar el cúmulo de emociones que experimenté cuando escuché las ovaciones por parte del auditorio desde el mismo momento en que los integrantes de mi agrupación salimos a escena, pero voy a intentar describir lo que, en el plano íntimo, sentí ante tan favorable acogida por parte del público neoyorquino: me convertí en una de las bailaoras más realizadas del mundo, no solo por los cerrados aplausos y gritos de “Viva Cuba”, que inundaron el Joyce Theatre, sino también por todo el amor y pasión con que bailé para colocar —en la cima de la montaña, donde siempre ha estado— a la cultura cubana que mi compañía representara en la vecina nación norteña.

Una prueba elocuente de que pudo materializar con creces ese deseo fueron las críticas favorables de que fuera objeto la agrupación que dirige por parte de la prensa especializada estadounidense. ¿Pudiera referirse a las más significativas, y que dejaron una honda huella, tanto en usted como en los demás bailarines que integran la compañía?

Claro que sí. Hay varias, pero voy a citar solo más que más me impresionaron, y consecuentemente,  dejaron una impronta en la memoria poética (como sé que a usted le agrada decir) de todos los miembros de la agrupación:

La periodista Ibis Frade, corresponsal de la Agencia Prensa Latina (PL) en Naciones Unidas cubrió las funciones y las describió de una forma tan gráfica como convincente: “todo un fin de semana estuvo en la cartelera del Joyce Theatre de Nueva York, un lugar conocido en los circuitos de arte de la ciudad por traer lo mejor de la danza internacional.  La compañía asumió airosa el reto de realizar cinco presentaciones durante tres días seguidos: el debut [del] espectáculo Más que flamenco sacudió a los espectadores, que varias veces se pararon de sus asientos en medio de vítores y gritos de ‘Bravo’. Al inicio del primer acto, la exactitud y sincronía de los pasos [en] El mito —una coreografía donde solo se ven los pies de los danzantes— despertó profunda admiración en el Joyce Theatre desde la primera presentación […]. La audiencia respondió con euforia a cada una de las [obras llevadas al proscenio]: sintió el dolor en los gestos y el movimiento lento de Irene Rodríguez y sus bailarines en La pena negra  —inspirada en un poema de Federico García Lorca— y se sacudió en sus asientos con el ritmo de Zapateao. Pero la apoteosis llegó […] con Amaranto, un solo donde una sensual Irene mira desafiante a los espectadores, reta a sus músicos y obsequia la fuerza poderosa contenida en su cuerpo menudo y la pasión y destreza de su taconeo impetuoso. El [auditorio en pleno] se puso de pie dos veces en Amaranto, y gritó: ‘Bravo, Olé y Viva Cuba’”.

Y concluye la reportera de PL: “Irene Rodríguez tiene una fuerza poderosa en sus pies y en su taconeo frenético, así queda hoy en la mente y [en] los corazones de quienes respondieron con vítores a sus pasos en el Joyce Theatre de Nueva York”.

El crítico Stacey Menchel Kussel, de la revista Dance Enthusiast, en el artículo “Impressions” señala que “el elenco […] incluía a la destacada y eternamente joven Irene Rodríguez y [a] sus seis secundarios y magníficos bailarines, [quienes] ofrecieron lo máximo. Todas las [obras que configuraran el programa] fueron fascinantes, pero los dos estrenos en Nueva York, El Mito y La pena negra, se robaron el espectáculo. Rodríguez desarrolló el solo final: Amaranto, [en el que mostró] un nivel extraordinario de resistencia física, un signo de exclamación que cerró un festival fascinante y enriquecedor que atestigua el valor y desarrollo artístico de la nación [cubana]”.

Me parece que eso es suficiente para satisfacer las expectativas cognoscitivas y espirituales de los lectores.

¿Cuáles son los planes de la Compañía Irene Rodríguez durante el año en curso?

Tenemos delineadas tres líneas estratégicas en las cuales hemos centrado nuestros esfuerzos: continuar trabajando para darlo todo en el proscenio, continuar formando (o sea, instruyendo y educando) a los futuros bailarines profesionales que engrosaran las filas de nuestra agrupación danzaria, y continuar con nuestras giras al exterior para llevar a cualquier lugar del orbe la magia de las danzas españolas; en particular, el embrujo del baile flamenco, una de mis grandes pasiones, y el género que hechizó a la crítica especializada neoyorquina.

Quisiera agregar algo para que no se le quede nada en el tintero:

Solo cumplir un elemental deber ético: agradecerle a usted haber seguido —como cronista— la trayectoria artístico-profesional de la Compañía Irene Rodríguez, y además, ser mi entrevistador por excelencia.