“La Bienal del Humor para mí es un momento en que rejuvenezco”

“La Bienal del Humor para mí es un momento en que rejuvenezco”

  • Blanquito conversa con Perfecto Romero a la entrada del Museo del Humor. Foto: Pepe Cárdenas.
    Blanquito conversa con Perfecto Romero a la entrada del Museo del Humor. Foto: Pepe Cárdenas.

El Semanario humorístico Palante tuvo una época de culto. No había momento en que cada edición se agotara rápidamente. Era buscado por toda la población.
Varias secciones resultaban del agrado de los lectores. Además de la risa, provocaba la reflexión como generalmente hace el buen humor.
Dentro de estas, según mi opinión, dos disputaban especialmente la atención del público: las Criollitas de Wilson y ¡Ay, Vecino!
El caricaturista Francisco Blanco Ávila, “Blanquito”, es el autor de esta última. Dos personajes, remedos del gordo y flaco del cine hollywoodense, pero atemperado a la realidad cubana, aparecían totalmente desnudos en dos balcones contiguos de sus viviendas. Ironizaban y reflexionaban sobre nuestra más inmediata realidad, además de hacer reír.
Era 31 de marzo y comenzaba la XXII Bienal Internacional de Humorismo Gráfico de San Antonio de los Baños, de la cual, Blanquito fue activo participante y colaborador. En el 2011 recibió la condición del Sello Fundación de la Villa de Ariguanabo e Hijo Adoptivo de esa localidad.
El gremio de caricaturistas prácticamente no le permite ni respirar: es un hombre querido por todos ellos, se le acercan, lo abrazan, conversan con él. Saben que, aún a sus 89 años, su amor por la caricatura no muere y tal vez el consejo sabio de su experiencia prenda en muchos todavía.
Es el dibujante que desde el 23 de abril de 1967 nos entregó más de 3000 dibujos de ¡Ay, Vecino!, devenida estampa costumbrista en blanco y negro de nuestra cotidianidad.
Comienza el desfile inaugural, la conga mueve al más zurdo de los mortales. En medio de esa juerga, me las arreglo para “cazarle la pelea” y me comentase de la bienal, los tiempos que corren y el humor gráfico.

¿Qué le parece este evento, usted que ha sido partícipe de su hechura?
Imagínate, ya son 89 años. Estuve enfermo, hospitalizado en aquellos 9 días de duelo por la muerte de Fidel, estuve mal. Ahora me siento mejor, la bienal para mí es un momento que me rejuvenece, vuelvo a renacer y vivir mi pasado como caricaturista.
¿A qué atribuye el hecho de que haya habido esa enorme cantidad de obras presentadas?
Primeramente, a las posibilidades de enviarlo electrónicamente. Fueron 1440 trabajos presentados. En la época mía no había eso, y lo otro es que estamos ya incorporados al movimiento mundial, actualizados.
¿Cómo usted ve el estado de la caricatura en estos momentos, tanto la política como la humorística, en fin, la general?
Mira, son tiempos distintos. Primero, en mi época, nuestro soporte era el periódico, la tinta china sobre el papel. Hoy todo es Internet, muchos caricaturistas y hasta personas que no lo son, trabajan electrónicamente. Como son tecnologías modernas surgen nuevos artistas con diferentes maneras de expresión.
Por ponerte un ejemplo, los pintores de le edad media pintaban aquellos murales retratos de una manera completamente distinta a la de ahora. Nadie hace ya esos retratos.
¿Cree que eso le quita o le resta al hecho artístico?
No, para nada. Cada época es distinta, tienes que ubicarte. Esta época tiene su cultura, su arte, ya la música no es igual, es distinta, es una evolución del mundo, cambia constantemente. Tenemos que cuidarlo mucho porque se nos va, y en eso juega un papel importante el hombre con su egoísmo innato. Los egoísmos del hombre destruyen al mundo.
Hay que jugar desde la creación con las cosas contemporáneas, pero sin destruir las esencias ni abandonar las culturas.
Hábleme del tema al que está dedicado el evento en este año: Humanos con derechos
Recuerdo que de la Nuez realizó un artículo muy bueno de la solidaridad, eso fue en el año 83 más menos, fue en un movimiento por la paz. Colaboré en ese proyecto. Pues claro que sí, es algo por hacer para salvar al hombre.
Maestro, ¿le queda algo por hacer todavía en el ambiente caricaturista?
Ya son 89 años y he hecho bastante, ahora es menos, la vida es esa, pero sigo amando lo que fui y me quedan deseos de trabajar.

Continúa la algarabía y el disfrute colectivo. Dejo en el tintero, porque ya me lo aclaró con su parecer, la pregunta sobre esa desnudez en ¡Ay, Vecino! Aunque no le pregunté, se me antoja que es la trasparencia, autenticidad y fidelidad sin máscaras del cubano, como la misma que, casi a sus nueve décadas, me demuestra en vitalidad, razonamiento y pragmatismo envidiables, este cubano.