La Gitana Tropical para una mujer de eterna sonrisa y vasta cultura

La Gitana Tropical para una mujer de eterna sonrisa y vasta cultura

  • Una extraordinaria sorpresa recibir esta distinción. Según me han dicho es el galardón más alto que otorga la Dirección Provincial de Cultura. Foto: Archivo UNEAC
    Una extraordinaria sorpresa recibir esta distinción. Según me han dicho es el galardón más alto que otorga la Dirección Provincial de Cultura. Foto: Archivo UNEAC

Cientos de fotos junto a connotadas personalidades políticas y del mundo cultural y académico de Cuba y de diversas partes del mundo, avalan la extensa hoja de servicios a este país y a su Revolución por parte de Lourdes Arencibia Rodríguez. Una mujer sencilla, de perenne sonrisa, vasta cultura, sapiencia lingüística, sin un ápice de orgullo o vanidad personal, y quien acaba de recibir la distinción La Gitana Tropical, en reconocimiento a su más de medio siglo de ardua labor profesional.

Hace algunos años trabajó como traductora e intérprete simultánea en la otrora Dirección de Congresos del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), más tarde devenida en Empresa de Servicios de Traductores e Intérpretes (ESTI). ¿Cuándo y cómo, entonces, ocurren sus inicios como escritora?

Si hiciese un poco de historia al respecto tendría que hacerlo a partir de muchísimas vertientes. Además de ser egresada de la Escuela de Filosofía de la Universidad de La Habana, también lo soy en Economía y mis primeros pasos en ese sentido fueron en el Comité Estatal de Colaboración Económica (CECE) durante los años ochenta, como especialista de países y, en específico, Francia, Bélgica y Luxemburgo. En ese centro, donde estuve ocho años laborando, me especialicé en la llamada Colaboración intergubernamental. Primero, industrial, en el momento de producirse un acercamiento económico entre las naciones capitalistas y Cuba. Fue el momento en que se compró la planta de pulpa y papel, la termoeléctrica de Matanzas…fueron momentos de grandes inversiones.

Al mismo tiempo, atender Francia desde cualquier ámbito ya fuera en las facetas de cultura y economía o de cualquier otra, era de una gran seducción. Francia es un país con demasiados atractivos desde todo punto de vista. Más tarde, cuando mi esposo en aquel entonces —el profesor y escritor Aurelio Alonso—, fue nombrado Encargado de Negocios en dicho país, pude continuar con mi labor de colaboración científico-técnica en su sentido más amplio, además de iniciar mis pasos hacia el escenario cultural. Así me fui desviando hacia toda una serie de organismos culturales hacia los que nuestro país mantenía y mantiene vínculos muy estrechos. El llegar a ser diplomática me vinculó también mucho más con la intelectualidad francesa. Todo esto me abrió un gran horizonte, un gran ámbito que he continuado cultivando.

En mi caso, ¿qué pasa con el trabajo de traducción-interpretación-escritura? La traducción es como una especie de doble autoría que se va estableciendo con la obra que se trabaja; ya no solamente la del autor, sino también de tu visión sobre aquel en otra cultura y lengua. Esto se va vinculando a tu manera de escribir, al tenerte que apoderar de ese pensamiento para finalmente volcarlo hacia otra forma de expresión. Así, para traducir a un poeta francés, tienes que lograr que esa poesía viva con igual hálito o vuelo poético de su autor original. Te vas formando un poco poeta, sin llegar a serlo, por supuesto —esto es un don—, pero todo esto es válido para cualquier otra expresión escrita u oral sea de corte narrativo, ensayístico…hasta ir conformando una manera propia de expresarte, y te va haciendo un poco autora a la vez con el tiempo y la práctica.

Todo ello ha dado lugar a mi animación hacia la escritura, a mis deseos de escribir. Hasta la fecha tengo más de cinco libros escritos sobre distintos temas.

Por otra parte, debo admitir que el género ensayo literario es el que más he practicado, en especial, reivindicando autores de nuestra cultura nacional que por alguna razón han resultado desconocidos sobre algunas facetas de sus vidas. Tengo a mi haber a un escritor, nuestro primer poeta romántico, José María Heredia, pero en el llamado José Martí de Heredia francés. A partir de la obra de ese afamado autor, a veces lo vemos en su estilo algo afrancesado y hasta ajeno. Y no es así. Aunque ese no puede compararse con el otro Heredia —el del poema Al Niágara, revolucionario y precursor del movimiento romántico y de toda una serie de valores sobre la literatura cubana—. Mas, al que me refiero no tuvo igual impacto en la literatura latinoamericana. Algo sumamente importante. Por lo tanto, ambos Heredia gozan de iguales valores, no obstante uno de ellos estar parapetado con una etiqueta afrancesada con la cual no estoy de acuerdo.

Igual situación ocurre con Pablo Lafargue. La gran mayoría de los lectores le conocen tan sólo por haber sido el yerno de Carlos Marx y esposo de Jenny, su hija. Sin embargo, su mérito fundamental está en haber sido el primer comunista latinoamericano que existió, al igual que el primer crítico marxista que conoció Europa, al sentar pautas para el estudio del Marxismo en el Viejo Continente. Una vertiente de él completamente desconocida para muchos. Acerca de Lafargue, tengo publicado un ensayo literario relacionado con sus crónicas. Fue crítico literario sobre el romanticismo, sobre los cantos populares vinculados al matrimonio y a la libertad de géneros. Todas ellas, crónicas de su autoría que he traducido del francés al español.

El idioma francés, ¿cómo llega a tu vida?

Simplemente, el idioma francés me entra por la ventana porque resido al lado mismo de la Alianza Francesa y, en esta casa vivo desde que tenía seis años de edad. Aquí vivieron mis padres, mis hijos, mi sobrino…Ya puede imaginar. No olvido que, en la época de la dictadura batistiana, los jóvenes no salíamos a la calle de noche, pues se jugaba la vida en cualquier esquina; los muchachos aparecían muertos en cualquiera de ellas. Por tanto, a mí no me dejaban salir por las noches e iba, entonces a la Alianza Francesa que estaba a tres puertas de mi casa. En las noches participaba en ella un coro de voces convocado por profesores de esa institución y de la Sociedad Pro Arte Musical; o sea, se convocaba a una serie de actividades musicales y culturales para propiciar la existencia de cierta vida social, que no fuese la del terror en que se vivía en aquella época.

Así fue cómo en la Alianza recibí clases de arte culinario con un chef francés; aprendí además labores (costura), con una oficial en esa materia de la firma Christian Dior…Puedo afirmar que la Alianza ocupó un papel muy importante dentro de la vida cultural cubana, en especial aquí en la barriada de El Vedado, pues llegó a ser al  único lugar en que los jóvenes de estos alrededores podíamos salir durante las noches. De esta forma y, desde muy joven, me fui vinculando poco a poco a la cultura francesa.

¿Cómo rememora su trabajo en el ICAP, sus viajes junto a Fidel y a otros dirigentes del partido y del gobierno cubano?

La experiencia junto a Fidel marca la vida de todo el mundo. Mi experiencia con él fue bastante temprana. Como todos sabemos, el Líder de la Revolución baja de la Sierra en los primeros días de enero de 1959. Tanto a él como a su esposa de aquel entonces (Mirta), los conocía de la Universidad de La Habana. En aquel entonces Mirta y yo estudiábamos la Filosofía —carrera que estudié inicialmente—, y Fidel estudiaba en la Escuela de Derecho. Ellos ya estaban casados y tenían a su pequeño hijo Fidelito. Realmente nos conocíamos de tú a tú. Tras el triunfo de la Revolución, yo trabajaba en la Oficina de Publicidad e Información del Palacio Presidencial, lugar que visitaba Fidel, al igual que Camilo y otros dirigentes revolucionarios. Fue un período de una gran empatía político-ideológica, de un gran acercamiento, diría hasta de un enamoramiento romántico que todos teníamos con la Revolución y sus líderes. Fue una época inicial muy sencilla desde el punto de vista de las relaciones sociales y humanas, hasta con el transcurrir del tiempo irse conformando una nueva estructura de gobierno.

Con el propósito de que Cuba no estuviese aislada internacionalmente luego del triunfo de una hermosa Revolución, es que se comienza a trabajar en todo lo relacionado con los eventos y encuentros entre países, líderes y amigos de todas partes del mundo. Es la ocasión en que se crean la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), la Conferencia Tricontinental…Organizaciones cuyos eventos sesionan en el Hotel Habana Libre y luego en el Palacio de las Convenciones a partir de 1979. En mi caso, junto a un grupo de traductores e intérpretes con nivel universitario —algunos de ellos repatriados de Estados Unidos—, pasamos a formar parte del Departamento de Congresos del ICAP. Realmente nos fuimos haciendo traductores e intérpretes con la práctica. Así llegamos a ser —partiendo de un equipo muy pequeño—, la voz de Cuba y de Fidel a todos partes del mundo. Con el tiempo, fuimos tomando otras estructuras y ocupando algunas casas-sedes hasta pasar a la calle Línea, en El Vedado donde, bajo la jefatura del compañero Osmani Cienfuegos, miembro del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, pasamos a ser parte de ese organismo.

La Gitana Tropical para Lourdes Arencibia…

Una extraordinaria sorpresa recibir esta distinción. Según me han dicho es el galardón más alto que otorga la Dirección Provincial de Cultura. Este otorga dos distinciones. Una, La Giraldilla, que se entrega a nivel de gobierno y la otra, La Gitana Tropical. La Gitana… siempre me ha gustado muchísimo como obra pictórica de Víctor Manuel, afamado artista cubano de la plástica. En esta oportunidad, este galardón lo hemos recibido 40 compañeros por parte de la Dirección Provincial de Cultura tiene como política actual realizar una apertura extraordinaria sobre el concepto cultura; en este sentido vincularlo a toda una serie de actividades de índole cultural, y valga la redundancia. En mi caso, me otorgan dicha distinción por el trabajo realizado como traductora y escritora. En el caso de la traducción, teniendo en cuenta que ésta es tan importante como cualquier otra disciplina dentro del contexto cultural como son la música, la literatura, la comunicación social…Sí debo destacar que con esta óptica existen muchos compañeros a quienes también se les puede otorgar.

¿Traductora-intérprete? ¿Escritora?...

Sinceramente, de estas dos ocupaciones me he sentido sumamente satisfecha como ensayista, y es que hablar sobre un tema de cualquier género dentro del ensayo constituye una forma de traducción.

En sentido amplio, cuando alguien se expresa, interpreta algo… que no tiene razón de ser oral o escrita, puede ser visual, gestual…Y todo ello traer consigo un significado; algo que se traduce en la medida de su entendimiento, comprensión, interpretación y contextualización. Todo esto conforma una forma de traducción.

Asimismo, mientras se tenga vida, siempre vamos a tener mucha curiosidad, acercamiento, ser actor de nuestra riquísima cultura nacional, en la formación educacional constante que tiene este país y en la cual todos estamos empeñados. Igualmente, nos ha tocado vivir una época muy particular, convulsa y que se manifiesta de muchas maneras. Concibo que debe analizarse a partir de una visión y entrega grandes y de una lucidez y serenidad excepcionales para no caer en excesos y no precipitarnos; tener en cuenta todos los factores que nos rodean y no perder así el camino tan hermoso por el que nos hemos propuesto construir y transitar”.

¿Se considera una mujer realizada?

Nunca me sentiré satisfecha. Considero que a todos siempre nos falta algo por hacer. Mientras se tenga vida uno debe mantenerse siempre con una gran curiosidad para recibir conocimientos y poder transmitirlos. Sí estoy consciente de que llegará el momento en que las capacidades son más atenuadas, que van mermando…para entonces, estar dispuestos a entregarle el camino a los jóvenes, como fuerza extraordinaria y siempre recordando que así fue también la nuestra en momentos muy, muy hermosos, de disímiles espacios de mucha entrega a la vida, a la Revolución. A ellos, a los jóvenes, les sugeriría mantener siempre una sonrisa en los labios, asumir infinito amor al futuro y, ante todo, continuar preservando la unidad y solidaridad que nos ha caracterizado históricamente como cubanos.