La poética de René Figueroa

La poética de René Figueroa

  • Fotografía de La Habana (Obra de René Figueroa). Foto cortesía del entrevistado
    Fotografía de La Habana (Obra de René Figueroa). Foto cortesía del entrevistado
  • René Figueroa. Foto: Caligari García
    René Figueroa. Foto: Caligari García

Lo conocí en Toluca, México, en un festival de poesía que sirvió de encuentro a poetas de las más recónditas latitudes. Me deslumbró su exploración artística a través de la fotografía, la poesía y la música, y mediante la cual logra atrapar realidades, sueños, angustias y alegrías.

Para René Figueroa (El Salvador, 1970) el arte es un ejercicio de libertad, donde la necesidad de comunicar y la aventura son caminos a transitar, ya sea desde un instante detenido en el lente de una cámara, hasta un acorde musical o una metáfora. Este artista salvadoreño posee una curiosidad que se traduce en búsqueda, emoción y pensamiento; esencias que le permiten indagar y reinventarse la cotidianidad del mundo.

Aunque eres graduado de Ingeniería Civil decidiste dedicarte a la creación artística…

Mis pininos creativos se remontan a mis 14 años, cuando intentaba componer canciones, guitarra en mano, y escribir textos que yo creía que eran poesía, pero eran como débiles metáforas en clave de sabiduría, no de poesía. Actualmente, el arte ocupa todo el espacio en mi vida.

Además de ingeniero y poeta eres músico y fotógrafo. ¿Qué aportan estas perspectivas a tu visión sobre la poesía?

Debo decir, por el respeto que me merecen los músicos, que no soy unmúsico de conservatorio, soy un “músico de la calle”. Creo que la música le aporta el ritmo, yo escribo en métrica libre y sin rima, entonces, solo me queda el ritmo. Y la fotografía, es decir, mi obsesión por la observación, le aporta a las imágenes literarias. En el orden de mis procesos creativos, primero fue la fotografía, desde los 5 años, luego fue la música, desde los 12 años y después llega la poesía, entonces, me queda claro que esos aportes vienen de ahí. Pienso que el ritmo y las imágenes, más allá de lo metafórico y de las figuras retóricas, son características que definen mi visión sobre la poesía.

¿En cuál experimentas mayor libertad?

Me siento bastante libre en las 3, pero, por las particularidades de cada una, diría que tengo más control sobre la poesía. La música me brinda tranquilidad, sobre todo en la improvisación, la fotografía me proporciona aventura y la poesía me brinda desahogo.

Tus cuadernos poéticos “La grieta” y “Pequeñeces” fueron merecedores de los premios Juegos Florales de Santa Ana (2008) y Ahuachapán (2010), respectivamente. ¿Cuáles motivaciones te hacen enviar tu obra a un concurso?

Honestamente, estaba pasando por una situación económica difícil y los premios en metálico estaban ahí, entonces pensé en por qué no usarlos, y decidí concursar. Los Juegos Florales son un concurso nacional que ha sido muy criticado por, supuestamente, haberse dado algunos compadrazgos en el pasado, son comentarios de pasillo, sin embargo, yo soy la prueba de que, al menos en las ediciones que mis trabajos ganaron, no hubo nada de eso. Después de ganar esas 2 ediciones, 5 años después, gané la tercera, y última edición que me era permitido por las bases, por lo que la comisión me entregó el título de “Gran Maestre en la rama de Poesía”, lo cual, para mí, solo representa una especie de premio de consuelo, porque ya no se puede volver a participar en esa rama, lógicamente, para irle dando oportunidad a otras voces.

Más allá del reconocimiento, ¿qué satisfacciones te han dejado estos cuadernos?

La satisfacción que me han dejado estos trabajos es que pude escribir libremente mis temáticas, sin tener que usar el recurso, o pretexto, de escribir sobre la guerra que vivimos los salvadoreños en los años 80. “La grieta” es una exploración personal de mis miedos, a pesar de que está escrita en primera persona del plural y “Pequeñeces” es una exploración lúdica de varios temas de los que quería hablar, valiéndome del pretexto del tamaño pequeño de las cosas, y está escrito, en su mayoría de textos, en primera persona del singular y algunos en tercera persona.

Un poema favorito, una fotografía, una canción.

Difícil pregunta. Poema: “Nocturno de la rosa”, de Xavier Villaurrutia; fotografía: “The american way (The Louisville Flood)”, de Margaret Bourke-White; canción: prefiero referirme a una pieza musical de Chopin, “Fantaisie-impromptu, Op.66.

Arthur Rimbaud era de la opinión de que “hay que ser absolutamente moderno”. Aplicada al poeta ¿Consideras que esa modernidad está ligada de manera indisoluble a la realidad social? ¿Crees que atenta contra la poesía?

La modernidad es un término que sigue resultando relativo o conveniente, pero cada época tiene su propia realidad social, por lo tanto, no pueden estar desligadas. Lo que no me parece justo es invalidar la poética de un texto, por su poca o por su mucha carga de realidad social y menos por el tipo de realidad social que aborde, olvidándose de la estética. Atenta,o no, contra la poesía, dependiendo del concepto de modernismo del que la interpreta.

En septiembre del 2018 compartiste junto a escritores de más de 30 países en el II Festival Internacional de Poesía José María Heredia, efectuado en Toluca. ¿Cómo valoras la experiencia?

La experiencia de Toluca fue muy gratificante y de mucho aprendizaje, más allá de lo poético, ya que pude ver que con la suficiente voluntad de apoyar el arte, desde el poder político, y en franca comunión con la gestión cultural independiente, puede aportarse al desarrollo cultural de las comunidades.

En tu opinión ¿cuál debe ser la esencia de un Festival de poesía?

La esencia de un festival poético debe ser mantener vigente, en la memoria colectiva, que el quehacer poético, como medio artístico, puede propiciar un cambio, sobre todo en el ideario de las nuevas generaciones. En el cierre del Festival de Toluca, los participantes recibimos un baño de humildad cuando una adolescente del público subió al estrado y leyó sus hermosos textos, con la seguridad de quien se sabe poeta, pero sin la pose de quien se cree poeta.

En una entrevista radial comentaste que no ves mucho reto en fotografiar atardeceres. Con respecto a la poesía, ¿qué asumes como reto? ¿Qué temas prefieres no abordar?

El reto, en principio, es abordar lo que uno quiere decir y no lo que “se espera” que el poeta aborde. Vivo en un país que pasó por una guerra civil que terminó hace 27 años, reconozco la necesidad de no desechar la memoria histórica de los pueblos, pero también reconozco la necesidad, sobre todo de las nuevas voces, de expresar sus intereses, sus nuevas realidades sociales, que son tan válidas como las de antaño lo fueron en su momento. Para mí, los bellos atardeceres que evito fotografiar son, en poesía, esos temas recurrentes que yacen en nuestra zona de confort, como el amor que raya en la cursilería o como el discurso social que raya en el panfleto.

En la fotografía defiendes mucho la espontaneidad de la imagen, aunque sé que la preparas mentalmente antes de tomarla. En la poesía ¿cómo funciona tu proceso creativo?

Defiendo la espontaneidad del suceso fotografiable, prefiero que un suceso me provoque fotografiarlo a provocar un suceso para fotografiarlo, y digo prefiero porque lo segundo no lo descarto; por supuesto, hay un proceso mental que dura un respiro, para buscar el encuadre, la perspectiva y la composición de una imagen fotográfica. En poesía soy diferente, es más pausado. Primero debo sentir la necesidad de decir algo, de sacarlo, de ahí viene lo del desahogo que hablaba al inicio, una vez que tengo identificada esa necesidad, empiezo a darle vueltas al tema, sin escribir nada en el papel, únicamente “escribiendo” en mi mente, dejando que el tema vaya madurando, poco a poco, proceso que suele durar aproximadamente un año y medio, hasta que llega un momento en el que tengo que “vomitar” los textos, prácticamente sin parar, durante algunos meses más y, por supuesto, después a corregir y eliminar lo que no funciona. Todo este proceso tarda, en promedio, dos años.

Símbolos que identifican tu poética. Temáticas. Estructuras…

Las temáticas pueden ir desde experiencias personales hasta intereses colectivos, por ejemplo, tengo un poemario inédito que trata sobre la violencia social que azota a mi país, es un tema actual y es de interés colectivo. En mi poesía hay símbolos recurrentes, por ejemplo, relacionados a aspectos religiosos, pero en franco desafío a sus significados tradicionales; también la oscuridad y los escenarios apocalípticos son recurrentes, las yuxtaposiciones, que también parecen frecuentemente en mi fotografía, son de mis recursos favoritos. En cuanto a la estructura, escribo en métrica libre, evitando, hasta donde me es posible, las rimas, trato de establecer un ritmo muy marcado, y mis cortes de verso son, casi siempre, en ideas completas. Siempre intento balancear los versos que contienen las imágenes poéticas con los que llevan el discurso poético, aunque a veces se me pasa la mano con las imágenes, quizá porque soy fotógrafo.

Partiendo de estos versos de Fernando Pessoa: “El poeta es un fingidor. / Finge tan completamente / que hasta finge que es dolor / el dolor que en verdad siente”. ¿Cuánto de verdad hay en la poesía de René Figueroa?

La cantidad de verdad que hay en mi poesía es la necesaria para mantenerme con vida.