Laidi Fernández: “La literatura se complementa muy bien con ese placer de entregarse a los demás” (I)

Laidi Fernández: “La literatura se complementa muy bien con ese placer de entregarse a los demás” (I)

  • La Medicina es un sacerdocio, una vocación de servicio de la cual es imposible escaparse del todo. La literatura se complementa muy bien con ese placer de entregarse a los demás. Foto tomada de Internet
    La Medicina es un sacerdocio, una vocación de servicio de la cual es imposible escaparse del todo. La literatura se complementa muy bien con ese placer de entregarse a los demás. Foto tomada de Internet

Laidi Fernández, es una de las autoras que surgió con el boom literario de los noventa. En aquella época ya lejana pero inolvidable no solo por su carencia, y todo lo que esto conlleva. También por sus múltiples significados e interpretaciones. Sin embargo, no sé la razón y creo que nunca la sabré,  en medio de aquella crisis con tantas vicisitudes, a muchas mujeres nos dio por escribir y muchas consiguieron situarse en un lugar prominente en la literatura cubana, entre ellas mi entrevistada,  su obra tuvo un gran impacto social. Mostró con audacia y sentido del humor el rol de la maternidad y sus conflictos en tiempo de crisis, entre otras temáticas. Sus protagonistas son madres solteras que se lanzan a la lucha por la subsistencia en plena crisis económica. Haciendo un sinfín de estratagemas para alcanzar las cosas más sencillas, difíciles de conseguir en las adversidades. Expone la vida asfixiante de la madre y su afán por sobreponerse a las situaciones por las que transita. Es la primera narradora, que escribe sobre las misiones internacionalistas. Tema que había sido exclusivo de los hombres.Hoy la autora, además de narradora y  médica es una de las cronistas de nuestra época.

Nos vemos en actividades de la UNEAC, en eventos literarios, compartimos café, algún chiste o preocupación,  y entre una cosa y la otra nos hemos ido acercando y ganando complicidad. Siempre he tenido curiosidad por su dualidad médico literaria, también por formar parte de una familia de reconocidos intelectuales, y otras cuestiones más, que Laidi responde con franqueza y sencillez:

¿Tu obra literaria comienza a partir de tu viaje como médica internacionalista a África? ¿Por qué escogiste la medicina como profesión? ¿Por qué la literatura? ¿Cómo reconociste o conociste tu afición a la escritura? ¿Te imaginaste teniendo dos profesiones al mismo tiempo?

Desde niña quise ser médica. Hubo una pediatra, llamada Minerva de la Cueva, que visitaba nuestra casa cuando mi madre consideraba que debía atenderme alguna enfermedad que ella misma no sabía manejar. Me fascinaba el arte de esa mujer: la manera en que me auscultaba, me exploraba los reflejos, me examinaba la garganta; me encantaba hurgar en su maletín negro, palpar el estetoscopio, el martillo, el esfigmomanómetro. Yo le hacía muchas preguntas, que supongo debieron exasperarla, pero era una gran doctora, muy paciente con los niños. Nunca más supimos de ella cuando llegué a la adolescencia, y sin embargo, guardo muy buenos recuerdos de sus visitas a casa, y de sus acertados tratamientos. Pocas personas saben que la vocación inicial de mi madre fue la Medicina, carrera que no pudo estudiar por falta de recursos económicos. Es sabido que llegó a ser una importante Crítica de Arte, y sin que ejerciera en mí ninguna presión, yo decidí, con seis o siete años, que sería Pediatra, como la Doctora Minerva, y eso le produjo gran alegría a mi madre. Al cabo, me hice Internista: Me dolía en exceso la muerte de niños. Ejercí la Medicina durante veintiocho años, y aun lo hago, aunque de forma no oficial. Por otra parte,siempre he escrito, toda la vida. Los seis años de becada en la escuela Lenin me proporcionaron, además de miles de experiencias vitales, el hábito de escribir cartas. Mis padres y yo nos comunicábamos dos veces por semana a través de cartas, que nos enviábamos gracias a otras madres que iban a la escuela martes y jueves a colaborar con la limpieza. Eran llamadas “Madres combatientes”. Y luego, cuando me fui a Africa como misionera internacionalista, mantuvimos el hábito de escribirnos mis padres y yo. El género epistolar me fascina, es donde más cómoda me siento. Nunca pensé dedicarme a la Literatura. Más bien era el modo de sentirme cerca de mis padres lo que me inició en el mundo fascinante de las Letras, pero nunca vislumbré que algún dia fuera considerara una escritora. Yo solía decir que la Medicina era como mi esposo formal, y la Literatura, un amante. Luego de dos décadas de dedicarme a ambos amores, ganó el amante, y se invirtieron los papeles. Por ambas profesiones siento mucho respeto, y un cariño muy especial, aunque parezca cursi decirlo.

Tienes una interesante dualidad profesional: Médicay escritora ¿En qué crees que una afecta a la otra? ¿En qué crees que lo beneficia?

La Medicina es un sacerdocio, una vocación de servicio de la cual es imposible escaparse del todo. La literatura se complementa muy bien con ese placer de entregarse a los demás. En la práctica de ambas, todo el tiempo se está pensando en “el otro”, o al menos me sucede a mí. Ser médica me enseñó a escuchar, y ser escritora, me permite contar. Por cuestiones de tiempo, tuve de abandonar mis consultas, y me dedico solo a actividades literarias, no obstante lo cual, sigo siendo la Internista Adelaida, a pesar de ser la escritora Laidi desde hace un cuarto de siglo.

¿Crees que escribir es un don innato o un largo proceso de estudio y entrenamiento? ¿El talento literario se hereda? ¿Alguien más en tu familia, además de tus padres, es escritor o escritora?

Es una buena pregunta, Lourdes, de la que no sabemos respuesta ni tú ni yo, pero como te aprecio tanto, voy a intentar alguna: La literatura es un don, como lo es la música, la pintura, la danza, el cine, y todas las manifestaciones del arte. Mi madre solía decir que, en general, aprender técnicas tiene una sola utilidad: Permite violarlas. Asi como se aprende a capar capando, se aprende a escribir bien leyendo mucho, todo el tiempo, indiscriminadamente. Esa es una cuestión que siempre me intriga: ¿Qué se debe leer, quién lo determina? Y, también: ¿qué es, realmente, escribir “Bien”? Creo que cada quien dará una respuesta diferente. A veces busco un libro muy recomendado por los académicos, y me resulta de un aburrimiento pertinaz, y en otras ocasiones descubro una lectura deliciosa, de un autor/a que nadie menciona, y me conquista para siempre. Leer tiene que ser un acto placentero, además de instructivo. En cuanto a heredar un talento X, creo que es el entorno, el contexto, el ambiente lo que facilita el desarrollo de una determinada aptitud innata, aunque esto no sea ni de lejos, una regla. Muchos artistas han nacido en ambientes repulsivos, durísimos, y otros, en hogares de alta cultura. No es absoluto que sea “Yo y mi circunstancia”, pero en sentido general, suele suceder que de un artista, nazca otro, aunque sea en otra expresión cultural. Igual sucede con los médicos.

¿Qué implica para tu profesión como escritora, ser hija de padres tan reconocidos como los tuyos? ¿Qué implica como doctora? ¿Como mujer? ¿Como madre?

Voy a responder los dos finales de la pregunta: Haberme iniciado en la condición de madre durante la gran crisis de los noventa, fue un acto de catarsis. Mis hijos, como diría Kelvis, son para mí “lo más grande de la vida”. Más que en un público como entelequia, pienso mucho en ellos cuando escribo. Debe ser aberrante, pero es la verdad. En lugar de la necesidad que siente todo hijo por complacer a sus padres, me sucede que trato de satisfacer lo que quizás a mis hijos les gustaría que yo escribiera. Algún dia, cuando yo sea polvo en el polvo y no precisamente “enamorado”, Robin y Rubén sabrán distinguir los guiños que les hice a través de mis textos, además de lo que quise sacarme de adentro. Por ahora, ni lo saben, como es natural. Ser mujer nacida de una mujer excepcional, la primera feminista que me topé en la vida, es una raya más para el tigre. Siempre supe que el esfuerzo sería doble, siempre estoy alerta,sé que la literatura de nosotras es examinada con una lupa diferente a la de los hombres, pero igualmente sé que el miedo es paralizante, y que debemos batallar constantemente. Admiro tu valentía Lourdes, tu libro “Marx y mis maridos” es ejemplar. Ser hija de quien soy es un privilegio que no merezco. Si algo de rigor alcanzo, a ellos, mis padres, se lo debo.

La medicina es una profesión para la cual hay que tener un espíritu de sacrificio una tendencia a servir y ayudar a los demás. Y es un rasgo que he notado en ti. Te he visto ir a llevar ropas a los necesitados. Atender a un enfermo fuera de horario. Lo has hecho con naturalidad y discreción.  ¿Asumes la literatura del mismo modo? ¿Para y por qué, en tu opinión, sirve la literatura? ¿Es también un servicio?

Para algunos, la Literatura es un modo de mal ganarse la vida, o de hacer concesiones en post de regalías, o de alcanzar un protagonismo que no merecen, no sé, pero yo la asumo de otra manera, lo cual no significa que sea mejor. No escribo buscando notoriedad. Intento ser cronista de mi tiempo, dar voz a tantas mujeres que no disponen de un espacio para expresarse, y de ser posible, trato de movilizar conciencias a través del humor, siempre que sea posible. Otras veces no puedo evitar denunciar abiertamente, sin que medie ni un esbozo de sonrisa. La literatura es útil en tanto refleja, denuncia, cuestiona y ayuda a encontrar intersticios.

¿Cuál fue tu primer texto?

La primera carta la escribí a mis doce años, y el primer cuento de ficción publicado, “Dolly”, cuando tenía treinta años. Una revista chilena ya desaparecida, llamada “Pluma y Pincel” tuvo la generosidad de incluir dicha narración en su publicación. En 1994, ese cuento integró (y le dio título) a mi primer libro, “Dolly y otros cuentos africanos”, en el primer concurso Pinos Nuevos.

¿Cuáles son tus escritores fundamentales, los que en tu opinión han marcado tu obra. ¿Cuáles son tus escritores preferidos?

Bueno, eso depende de la temática: Para la literatura de/por/para/ mujeres, Dorothy Parker y Luisa Valenzuela. En literatura humorística: Mark Twain y Macedonio Fernández, y en el Costumbrismo literario: Jorge Mañach y Eladio Secades, aunque muchos /as también me abrieron diversos caminos: Héctor Zumbado, Amos Oz, Juan Villoro, Soler Puig. Me interesa muchísimo la buena literatura histórica, y no puedo dejar de mencionar a Juan Madrid, a Almudena Grandes, a Fernando Butazzoni, a Milton Fornaro, a Marcia Collazo. Como ves, son muchos/as. Tampoco sería honorable omitir entre mis preferencias, a los autores que me marcaron en mi infancia, y cuya literatura sigo admirando: Alejo Carpentier, Emile Zolá, Stefan Sweig, George Simenon, John Dikcson Carr, Benito Pérez Galdós, Cirilo Villaverde, Juan Mesa, García Márquez. Mi formación autodidacta, caótica y deliciosa como todo lo que se hace sin orden, no me permite seleccionar ni pocos nombres, ni los “supuestos clásicos”. No me importan ni la moda ni “estar a la altura”. Rindo tributo a mi muy particular rincón de preferencias.

¿De tu obra con qué títulos te sientes más identificada? ¿Cuál te gusta más?

Con todos mis libros, que son más de diez, me siento identificada, lo cual no implica igual nivel de satisfacción. Creo que el más logrado es “Sucedió en Copperbelt”, y el más lírico, “Será siempre”. El más ingenuo, el primogénito “Dolly y otros cuentos africanos”, me abrió los caminos por los cuales aún transito. Mi libro más reciente, “La Habana nuestra de cada dia”, recoge mis primeras cien estampas costumbristas, y creo que será el más popular. Como ves, justifico mi apego a cada uno de los libros que he ido pariendo a lo largo de veinticinco años.

¿Estás escribiendo en estos momentos

En este yen todos los momentos escribo. Cada dia lo inicio escribiendo, aunque a veces, obligada por las circunstancias, dicho acto se limite a la imaginación. Vivo pensando en lo escribible, que es casi todo.

¿Qué opinas de los concursos en Cuba?

Lo que todos y todas sabemos: Es una buena fuente ya sea para publicar, y, en caso de perder (cosa frecuente), para armar un libro. En todo caso impone un límite, compulsa a dar por finalizado un libro,y todo eso es bueno, se gane o se pierda. Hay que aprender a asumir ambas posibilidades. Y a no creerse demasiado ninguna de las dos.

¿Escribes sobres tus vivencias?

No necesariamente, aunque gran parte de mis vivencias, sobre todo las desdichadas, intento transformarlas en narraciones.

En tu literatura está presente la mujer, en su rol de madre y esposa, dentro del universo cotidiano cubano. Esta perspectiva de género, esta mirada femenina, ¿es consciente? ¿A qué se debe?

No es a propósito. Sucede que no he sido dotada de una gran capacidad imaginativa, de manera que escribo desde mi monda condición, que es Mujer Cubana/Madre /Esposa/ Hija/ Trabajadora/ Socialista. La postura feminista, si es que existe en mi literatura, no es más que muestra de mi rebeldía, y espero ser perdonada por la vanidad de decir que también refleja la autenticidad a la que aspiro.

Continuará...