Leandro Airaldo: “Una obra teatral permite repensarte como ser humano”

Leandro Airaldo: “Una obra teatral permite repensarte como ser humano”

  • Airaldo es capaz de trasladar y desarrollar el pensamiento y mundo propio de las culturas antiguas a este otro lado del mundo.
    Airaldo es capaz de trasladar y desarrollar el pensamiento y mundo propio de las culturas antiguas a este otro lado del mundo.

Un encuentro dirigido a intercambiar sobre temas tan interesantes como la fuerza y sensibilidad de la dramaturgia argentina fue lo que sostuvo en la sede de la habanera Casa de las Américas, el actor, dramaturgo y director Leandro Airaldo con teatristas y amantes de las artes escénicas.

“Desde el año 2000 me dedico al teatro en Buenos Aires. A los siete años de concluir mis estudios de actuación comencé a escribir; y desde entonces, los inicios fueron bastante impulsivos por la propia necesidad natural de hacerlo para el teatro. Confieso que en una ocasión iba caminando y, en una esquina me bajaron dos textos teatrales, dos personajes y, a partir de ellos, llegué a mi casa y comencé a escribir. A partir de aquel momento no me detuve nunca más en la escritura referida a las tablas”, aseguró el creador.

El joven artista explicó a continuación que su formación actoral la desarrolló con prestigiosos maestros de Buenos Aires —Julio Chávez y Carlos Gandolfo, entre otros—, en talleres particulares “y, en lo que respecta a la dramaturgia, tuve una formación institucional en la Escuela Metropolitana de Arte Dramático, donde se estudia dramaturgia, actuación, dirección… Así, empecé a escribir mis obras teatrales y también a dirigirlas. No obstante, también escribo obras que otros dirigen, una fusión muy interesante dentro del mundo de las tablas. Actualmente integro el Diplomado de Dramaturgia en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

“Asimismo, en fecha reciente, tuve la suerte de visitar México, producto de un intercambio entre la UBA y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con vista a cursar un taller de dramaturgia con un director de teatro de ese país cuya obra relata un mundo futuro sin existencia de agua; problema que genera una guerra para obtener la poca agua que va quedando en el mundo, y que no está muy lejos de que ocurra. Es una obra de estructura brechtniana y su personaje protagónico se llama Maremoto el que personifica una travesía a través del mundo en busca de su hija perdida producto de ese conflicto. Durante su periplo se cruza con diferentes arquetipos sociales, entre ellos una persona que intenta venderle agua a bajo costo y quien, casualmente, se identifica con el nombre de Marketing para al final no venderle nada. Este es, sucintamente, el tema de la obra que vengo de actuar en México”.

Puntualizó a continuación que “en Argentina no somos muy conscientes de tal problema debido a la inexistencia de pocos lugares con carencia de agua; algo que no ocurre en México donde están profundamente conectados con dicha situación. Ejemplo de ello es que a tan sólo ochenta kilómetros de Ciudad de México no existe agua, literalmente”.

En otra parte de su intervención y, en relación a cómo pensar el teatro, para qué sirve y cuáles son sus objetivos, reveló que “la decisión de dedicarme al teatro fue (reitero) algo impulsiva: concluí la escuela secundaria, no sabía bien qué hacer de inmediato, pero sí estaba consciente de que me gustaba y disfrutaba muchísimo el arte de las tablas. Fue así que, de Córdova pasé a la capital argentina. Una decisión inconsciente en aquel momento pues carecía de un vínculo profundo con el teatro comparado con el que hoy tengo. Era un principiante. Si hoy por hoy tengo que pensar la actividad teatral o pensar el teatro, estimo que como todo tipo de arte es un dispositivo que nos permite proyectarlo como destino del hombre, como humanidad, como especie. Una obra teatral permite, desde su escritura y puesta en escena, pensarse y repensarse como ser humano. Sea el que sea el tipo de tema que se aborde, la posibilidad que nos otorga lo teatral jamás lo brinda ningún otro tipo de arte. Es un arte presente, a diferencia de cualquier otro tipo. Y es que cuando asistes a una puesta en escena tienes delante de ti un cuerpo humano presente, con una estructura y narración que eres capaz de compartir en ese momento. Todo lo que ves está sucediendo también en ese momento; algo que no sucederá de igual manera un tiempo después, pues los actores en cada oportunidad que salen a escena brindan una única y diferente actuación”.

Dentro de su experiencia como escritor de teatro, Airaldo es capaz de trasladar y desarrollar el pensamiento y mundo propio de las Culturas antiguas —griega, romana, egipcia—, a este otro lado del mundo y, en especial, a determinadas zonas de la Argentina.

“Al rememorar esa experiencia por vez primera me dije: si quisiera escribir una pieza sobre este mundo filosófico necesito llevar a cabo un trabajo investigativo muy profundo, o parodiarlo —pero para parodiar hay también que conocer e investigar—, entonces con el poco tiempo que tenía para entregar el trabajo decido tomar lo mitológico de mi tierra y así surge la idea de la Salamanca, una bruja que habla de apariciones, espíritus, fantasmas, premoniciones… Un ser similar al de Las mil y una noche, pero trasladado a mi contexto, el que parte del pensamiento de una fiesta folclórica, la Salamanca, presente en algunas zonas rurales de mi país, y donde se relatan infinidad de mitos y leyendas. Esto es cultura popular, de gente de pueblo de campo…Es magia, fantasía popular”.

Ante la interrogante de este Sitio Web sobre la existencia y perdurabilidad en la actualidad —como ocurría en otras épocas, en específico, durante la segunda mitad del pasado siglo—, de grandes obras del teatro universal adaptadas —y hasta distorsionadas ideológicamente en determinados momentos—, a los contextos de cine y televisión de su país, afirmó:

“En la Argentina ya esto no existe en el momento actual que vivimos. Estimo que todo ello tuvo que ver más con una época —adaptaciones al cine y a la televisión de obras de teatro de algunos clásicos como el noruego Henrik Ibsen o el norteamericano Arthur Miller, entre otros. Pero en estos últimos años —hablo de los últimos quince—, ya no se realiza. Esto lo atribuyo a producto de la aparición del cine como ilusión del teatro…No obstante, no puedo negar que existen grandes obras de teatro llevadas al cine como son los casos de Otelo, Mackbeth (del director japonés Akiro Kurosawa)…Sin embargo, obras de reconocidos dramaturgos o clásicos norteamericanos (Miller, Tennesse Williams…) se representan todo el tiempo en la Argentina, en especial, en los teatros de carácter oficial en Buenos Aires.

“Quizás, alguna obra de la dramaturgia contemporánea muy reconocida sea llevada al cine, como es el caso de El juego de las sillas, de Ana Katz —quien ahora realiza más cine que teatro—, y Rancho, de Julio Chávez. A esto agrego que, entre otras piezas, podría llevarse a La familia Coleman al mundo del séptimo arte. Hoy por hoy existen aproximadamente entre 500 y 600 obras llevadas a escena semanalmente. No existe un día de la semana donde no se haga teatro; mas esto no quiere decir que todas las obras sean buenas, y esto ocurre cuando existe una gran cantidad de ellas”.

Agregó seguidamente que “con la llegada al poder del gobierno de Mauricio Macri, se han cerrado muchos locales de teatros y espacios culturales en general, debido a los enormes tarifazos dictados por su administración imposibles para el sostenimiento de los servicios. A pesar de todo ello, continuamos haciendo teatro donde se pueda. En Buenos Aires puedes hallar sótanos donde entran, por ejemplo, diez personas y acontecer en su interior excelentes obras de teatro. En la Argentina somos muy resistentes a sostener lo cultural. Venga de donde venga”.