Los ojos de miedo

Los ojos de miedo

  • Aunque ha venido empleando grandes formatos para su obra, en la muestra “Miedo a la muerte es miedo a la verdad”, expuesta recientemente en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, Campins ha dejado pequeños lienzos. Fotos de la autora
    Aunque ha venido empleando grandes formatos para su obra, en la muestra “Miedo a la muerte es miedo a la verdad”, expuesta recientemente en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, Campins ha dejado pequeños lienzos. Fotos de la autora
  • Aunque ha venido empleando grandes formatos para su obra, en la muestra “Miedo a la muerte es miedo a la verdad”, expuesta recientemente en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, Campins ha dejado pequeños lienzos. Fotos de la autora
    Aunque ha venido empleando grandes formatos para su obra, en la muestra “Miedo a la muerte es miedo a la verdad”, expuesta recientemente en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, Campins ha dejado pequeños lienzos. Fotos de la autora
  • Aunque ha venido empleando grandes formatos para su obra, en la muestra “Miedo a la muerte es miedo a la verdad”, expuesta recientemente en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, Campins ha dejado pequeños lienzos. Fotos de la autora
    Aunque ha venido empleando grandes formatos para su obra, en la muestra “Miedo a la muerte es miedo a la verdad”, expuesta recientemente en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, Campins ha dejado pequeños lienzos. Fotos de la autora

A la hora de hablar de arte joven cubano, es necesario mencionar a Alejandro Campins. Este artista de la plástica manzanillero, a diferencia de una gran parte de su promoción, ha apostado por la pintura en un momento en que los salones de exposición y las galerías se repletan de instalaciones, videoartes y, en menor medida, de fotografías.

Aunque ha venido empleando grandes formatos para su obra, en la muestra “Miedo a la muerte es miedo a la verdad”, expuesta recientemente en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, Campins ha dejado pequeños lienzos, no exentos de la belleza de los anteriores. Usa planos de colores con naturalidad, agudeza y sobre todo con un gran dominio de la simplificación. 

En los trabajos se revelan edificaciones de tiempos de guerra, búnkeres absorbidos por paisajes de guijarros, desiertos y masas de rocas a orillas de mares solitarios. Más que sensación de letargo, como nombró la serie, se siente vacío y abandono, en específico “El hipnotizador” compuesto por varias piezas; sus juntas finísimas pretendieran unificar la soledad bajo el beso pictórico, tras el gesto ancestral de la creatividad. El ocre sobre sus piezas trasluce igual que el ámbar y como la resina fósil nos trae una historia desde el pasado. Atrapa en el interior de cada cuadro no a un ser vivo sino una emoción. Detrás de cada una de estas pinturas subyace un poema. Y es probablemente esta característica la que atrajo, sobre todo, mi atención.

Algunos críticos han especulado (y tal vez tengan razón) que trabajas a partir de códigos retomados de los neoexpresionistas alemanes y de los transvanguardistas italianos…

AC: La pintura alemana en general me interesa, especialmente la Romántica. También la obra de Giotto, G. Chirico y David Hockney.

Se ha dicho que tus pinturas se apartan de localismos para alcanzar una dimensión y un carácter de acento universal. ¿Qué opinas al respecto?

AC: En mi opinión, lo más importante para que esa dimensión universal se dé, es no pensar en eso, ser sincero y sentirse identificado con lo que haces para que haya transparencia en lo que se comunica. Esa transparencia es común a todos.

Presiento que, como título al fin, “Miedo a la muerte es miedo a la verdad” es la llave para abrir la puerta del universo pictórico creado por Campins. ¿De dónde proviene esta construcción y a partir de qué conceptos rige la muestra?

AC: Las personas constantemente tenemos miedo a la muerte, al cambio que se está manifestando asiduamente a nivel personal, familiar, social, etc. Entonces nos creamos sistemas de defensas físicos y mentales para protegernos de ese cambio. Y vivimos toda la vida cargando con todo ese sistema de defensa que no nos deja ver más allá.

Esta exposición ha sido un proyecto de aproximadamente tres años. ¿Por qué procesos tan largos en una época en que se impone la velocidad? ¿Cómo concibe Campins el paso del tiempo?

AC: Creo que cada proyecto impone su propio ritmo. En este caso necesité mucho tiempo para explorar y descubrir los lugares. Para mí es importante tener contacto con el lugar sobre el que quiero pintar. Es verdad que es muy cómodo descargar imágenes bellas de lo que quieres en Instagram, Pinterest etc., y luego reinterpretarlas y pintarlas, esto puede ir acorde con lo velocidad y la exigencia de estos tiempos, pero la historia del arte muchas veces ha demostrado lo contrario.

En tus recientes trabajos aparecen edificaciones abandonadas y retazos de arquitectura, donde los bunkers son un motivo recurrente…

AC: Me interesaron búnkeres que están actualmente abandonados, búnkeres que fueron construidos durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría.

Me interesan los espacios que cargan con fuertes historias emocionales. Me resultan muy sugerentes, son como oráculos. Estos monstruos de concreto hibernando le dan al paisaje un aura metafísica que me llama la atención.

¿Cuáles son las motivaciones de Campins?

AC: Un día detrás de otro.

¿Dónde encuentra la inspiración?

AC: En el camino.

¿Qué mensaje pretende trasmitir con su obra?

AC: Aún lo estoy descifrando.