Mario Vizcaíno Serrat: el crítico y el periodista tienen que pensar en los seres humanos…

Mario Vizcaíno Serrat: el crítico y el periodista tienen que pensar en los seres humanos…

  • El escritor, crítico y periodista Mario Vizcaíno Serrat (Pinar del Río, 1964), es el autor del libro de entrevistas Portarretratos a la deriva. Memorias y conversaciones, publicado por Ediciones Extramuros. Foto: cortesía del entrevistado
    El escritor, crítico y periodista Mario Vizcaíno Serrat (Pinar del Río, 1964), es el autor del libro de entrevistas Portarretratos a la deriva. Memorias y conversaciones, publicado por Ediciones Extramuros. Foto: cortesía del entrevistado

El escritor, crítico y periodista Mario Vizcaíno Serrat (Pinar del Río, 1964), es el autor del libro de entrevistas Portarretratos a la deriva. Memorias y conversaciones, publicado por Ediciones Extramuros. En ese texto, establece un fluido diálogo cara a cara con intelectuales y artistas de la talla excepcional de Raquel Revuelta (1925-2004), Leonardo Padura, Polo Montañez (1955-2002), Fernando Pérez, Premio Nacional de Cine. Carlos Varela y Mirta Ibarra, Premio Nacional de Cine, entre otros/as no menos relevantes.

Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana se ha desempeñado como reportero cultural de la agencia internacional Prensa Latina, jefe de redacción y director de la nonagenaria revista Alma Mater.

Miembro activo de la sección de Crítica e Investigación de la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) colabora sistemáticamente con las revistas La Gaceta de Cuba, El Caimán Barbudo, Revolución y Cultura, La Jiribilla (digital), y el Sitio Web de la UNEAC y el de Radio Progreso.

En la actualidad, es reportero de Radio Progreso, la decana de las emisoras cubanas, donde compartimos responsabilidades laborales y nos une una sólida relación profesional y afectiva.

Cuando le solicité que me concediera una entrevista para la sección Entrevistas de nuestro sitio Web, accedió de inmediato a mi petición, pero me recomendó: “lea primero mi libro Portarretratos a la deriva…, y luego conversamos”. Así lo hice, y ahora pongo a la consideración del lector los resultados de ese fraternal encuentro.

¿Cuáles fueron los factores cognitivo-afectivo-espirituales que influyeron en su vocación hacia el ejercicio periodístico literario y la crítica?

En mi caso, es el periodismo cultural en general el que empezó a interesarme desde que estudiaba la carrera, en los años 80 de la pasada centuria… Ignoro a ciencia cierta por qué me incliné desde jovencito hacia el periodismo cultural, pero me imagino que una de las razones haya sido mi vocación por la música, a través, primero, de la percusión, de la batería, que estudié en la Escuela de Arte de Pinar del Río, de donde provengo. Desde entonces he sido un consumidor de música casi a tiempo completo, por eso, al parecer, ha sido una de las manifestaciones que más me han seducido como periodista y como crítico. Y eso me ha ido acercando al resto de las manifestaciones artísticas, y por ende, a todo el periodismo cultural.

De los disímiles géneros periodísticos en los que ha incursionado con indiscutible profesionalidad, es obvio que la entrevista deviene uno de los predilectos por usted. ¿Podría explicar a qué se debe esa afición hacia un género que se caracteriza, precisamente, por ser —al igual que la crónica y el reportaje—uno de los más complejos en nuestra práctica profesional?

Quizás sea porque fue el primer género periodístico que me llamó la atención cuando comenzaba la adolescencia y empecé a sentir un algo cuando veía a periodistas con un micrófono que formulaban preguntas. Tal vez porque la entrevista es el género que permite indagar directamente con el  responsable de un suceso […], o de lo que sea. Me gusta entrevistar, porque me permite polemizar abiertamente, aun cuando tenga que cuestionar o discrepar con la persona que tengo delante, cosa difícil, engorrosa, que solo se logra cuando respetas e intentas ejercer tu profesión con dignidad.

Entre los interpelados con quienes estableciera un ameno e instructivo diálogo para que viera la luz de la publicidad el libro Portarretratos a la deriva…  hay artistas e intelectuales cubanos que cultivan las más disímiles disciplinas humanísticas. Algunos de ellos, se encuentran en el pináculo de la fama, y otros están relegados al olvido en el panorama cultural caribeño. ¿Podría reseñar los indicadores metodológicos empleados para realizar dicha selección, muy bien balanceada, por cierto?

Se trata de una selección que consideró la calidad y el prestigio de cada entrevistado, mi admiración hacia ellos, y también, en algunos casos, la popularidad, el impacto en el público, pues lo periodístico debe tener en cuenta eso.

Cuando entrevistó al maestro Fernando Pérez, Premio Nacional de Cine, le preguntó si es cierto que los laureados filmes de ese rey Midas de la cinematografía cubana contemporánea tratan de llegar, por la vía del audiovisual, a la esencia íntima del alma humana. ¿Acaso usted pretende explorar —a través de los recursos lingüísticos que le aporta la comunicación interpersonal— esa región relativamente poco conocida de la psiquis de la persona a quien interpela?

La personalidad del entrevistado es algo que me interesa tanto como su obra, sobre todo si es un personaje público. La gente quiere saber cómo es el artista a quien sigue, a quien escucha, o ve en el cine o la pequeña pantalla. Ha sido así desde que existen personas públicas y consumidores, y seguirá siendo así […], porque así es la naturaleza humana.

El crítico y el periodista tienen que pensar en los seres humanos primero que todo, antes, incluso, que en los entrevistados. Eso de ir a una entrevista con la atención focalizada solo en el entrevistado […], me parece anti-periodístico y anti-crítico. De ahí, esa especie de obsesión que tengo por hurgar en el carácter, la personalidad de los entrevistados, en sus gustos, su forma de ser, de pensar, de mirar la vida, a la vez que me interesa demostrar, cuando puedo, que la persona que tengo delante y que tal vez es un ídolo para miles de personas, es alguien como cualquier “hijo de vecino”. Alguien con los mismos problemas que él, o a veces con más y más complejos, aunque la gente no lo imagine. Y si puedo demostrar, a través de preguntas y descripciones, y con alguna provocación, que ese personaje no es como se vende públicamente, entonces mi satisfacción es mayor. 

De las disímiles anécdotas, experiencias y vivencias registradas en su archivo mnémico, ¿podría relatar alguna que la haya dejado una huella indeleble en el intelecto y en el espíritu, preferentemente que esté en íntima relación con el proceso calificado por los antropólogos como trabajo de campo, y por nosotros diálogo cara a cara con el entrevistado?

Claro que hay, pero esas que me pides que cuente son muy difíciles de contar […] aquí y ahora. Solo pudiera decirte que después de entrevistar a algunos personajes, cambié para bien, en unos casos, y para mal en otros, la idea que tenía de ellos. También puedo decirte que en Cuba, si desempeñas tu función como crítico y periodista, si ejerces tu opinión, más allá de las simpatías por determinado artista, o más allá de la amistad —si separas las simpatías o la amistad de la profesión— lo más probable es que lo que opines no les guste, y dejes de estar en lo mejor de su intimidad.

Gabriel García Márquez (1927-2014), Premio Nobel de Literatura, defendía el criterio de que el periodismo es literatura con prisa. ¿Está de acuerdo con ese planteamiento sustentado en vida por el Gabo, o estima que forma parte del realismo mágico latinoamericano, del cual esa relevante personalidad de las letras universales era uno de sus troncos fundacionales?

García Márquez estaba convencido de que el periodismo escrito es un género literario. Pero, como sabes, es un tema de constante discusión. El poeta y periodista Gastón Baquero (1914-1997) pensaba como el escritor francés Honorato de Balzac (1799-1850): que si el periodismo no existiera, habría que no inventarlo. Por suerte, existen defensores como García Márquez y Ernest Hemingway (1899-1961), también Premio Nobel de Literatura, quienes —por cierto—, demostraron con su ejemplo lo que defendían. El escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski (1932-2007), el llamado Reportero del siglo XX, tampoco subestimaba el periodismo. Yo, que apenas sé de eso, salvo que me encanta el periodismo, estoy de acuerdo, lógicamente, con García Márquez, Hemingway y Kapuscinski.

¿Algo para finalizar este ameno diálogo?

Que los pinos nuevos que se inician en el ejercicio del criterio y el periodismo escuchen a quienes tienen mayor experiencia y “horas de vuelo”, que no crean que porque se graduaron de una carrera universitaria ya conocen todos los secretos de la crítica y el periodismo, porque lo difícil y que jamás termina comienza justamente cuando concluyen la carrera. Pero que tampoco hagan caso a todo el que lleva muchos años en la crítica y en la prensa cubanas, ya que llevar muchos años en una profesión como la nuestra […] no es siempre sinónimo de calidad.