“Nunca vamos a llenar todas nuestras lagunas culturales”

“Nunca vamos a llenar todas nuestras lagunas culturales”

  • Yuris Nórido Ruiz, periodista, fotógrafo y crítico de nuestro contexto cultural. Foto tomada de Internet
    Yuris Nórido Ruiz, periodista, fotógrafo y crítico de nuestro contexto cultural. Foto tomada de Internet

Su joven rostro lo observamos casi a diario en la pantalla televisiva transmitiendo algún que otro comentario —por lo general crítico—, relacionado con nuestra programación habitual de la esfera cultural, y desarrollado de una forma profunda y diáfana partiendo siempre no sólo de aspectos técnicos que contribuyen a un mayor grado de comprensión y valoración por parte del televidente, sino también (y en lo fundamental), a partir de la opinión del público: el mejor y mayor censor. Estimo que su tarea no resulta nada fácil, mas él la ha sabido emprender desde hace varios años gracias también a su excelente desempeño en el arte de la comunicación en los medios y en acompañarle la búsqueda de la verdad y la necesidad del conocimiento para hacer del medio televisivo una opción aún más atrayente y educativa. Es Yuris Nórido Ruiz, periodista, fotógrafo y crítico de nuestro contexto cultural.

¿Cuándo, cómo y por qué surge su interés profesional hacia el desempeño de la crítica cultural?

“Desde pequeño me interesó el arte y la literatura, y ese interés iba un poco más allá del mero disfrute: quería saber qué había detrás, cómo se “armaba” un libro, una pintura, una función de títeres… Gracias a mi padre, tuve a mi disposición muchos libros. Cada vez que terminaba una novela, él y yo nos sentábamos a “comentarla”. Íbamos mucho al cine, y camino de regreso a la casa, “analizábamos” la película. Ahí está la semilla. Cuando comencé a estudiar periodismo, el arte fue un camino natural. Por suerte pude encaminarme, apenas me gradué comencé a trabajar en la redacción cultural del semanario Trabajadores. No me hubiera sentido tan cómodo si hubiera tenido que escribir de deportes o agricultura”.

¿Qué le falta a nuestros programas de radio y televisión para llegar a ostentar una categoría de excelencia?

“No se puede absolutizar porque ya hay programas de radio y televisión con muy buena calidad, con excelente factura. Es cierto, no son la mayoría; pero el hecho de que haya buenos programas es la prueba de que se puede hacer buena radio y buena televisión en Cuba, a pesar de las tan llevadas y traídas dificultades con los recursos y otros obstáculos no precisamente económicos. Faltar, falta mucho. Primero: talento y empeño de algunos realizadores; las dos cosas son importantes; pero creo que el empeño, el “querer hacer”, la vocación por la excelencia es vital. Segundo: Más organización en los procesos de concepción y concreción de los proyectos. Tercero: Estímulos (morales y materiales) para los realizadores, sentido de competencia (o sana emulación, para los que se asusten con el término); hay que premiar al mejor, al que tenga mejores resultados. No puede ser (pero es) que el talentoso gane lo mismo que el mediocre. Cuarto: Un entramado crítico más efectivo; debates teóricos y prácticos; encuentros entre los creadores”.

¿Por qué no se valoran como ocurría en otras épocas las llamadas encuestas o surveys dirigidas a los televidentes y radioyentes? ¿Qué lo invalida con vista a una adecuada comunicación entre medios y público?

“Esas encuestas y estudios de la opinión del público se siguen haciendo. De hecho, hay un Centro de Investigaciones especializado en esos temas. En teoría, los realizadores y productores deben trabajar teniendo en cuenta esos estudios, pero en la práctica son pocos los que los utilizan. Tampoco ayudan los esquemas de producción vigentes, que no dejan espacio para la retroalimentación: buena parte de los programas se hacen a partir de las capacidades y los intereses de los realizadores y productores, que no siempre coinciden con los intereses y las demandas del público. Como la televisión es subvencionada, como no se suele reconocer las jerarquías, como se seguirá cobrando lo mismo salga bien el programa o salga mal, “complacer” al público pudiera parecer hasta secundario (aunque para muchos de los realizadores, obviamente, es lo principal). Los estudios están, pero muchas veces sólo sirven para llenar informes”

¿Estaría de acuerdo en crear una cátedra o maestranza, doctorado universitario dirigido, exclusivamente, al desarrollo y adiestramiento de profesionales especializados en crítica comunicacional o de los medios? ¿Hasta qué punto podrían colaborar al respecto a instituciones culturales de nuestro país –entre ellas la dirigida por el profesor y escritor Eduardo Heras León? si estuviese de acuerdo, ¿Cómo desarrollaría un proyecto al respecto?

“Existen programas de posgrado en nuestras universidades que pudieran encaminar a los interesados en la crítica. Uno dirigido exclusivamente a la formación de estos profesionales no estaría de más, aunque sería particularmente complejo y ambicioso, teniendo en cuenta la cantidad de disciplinas y saberes que deberían confluir en el ejercicio de la crítica. Ha habido puntuales intentos, pero no han fructificado. Por el momento, convendría aprovechar los cursos de los centros especializados, de las universidades (particularmente la Universidad de las Artes y las carreras de Comunicación, Artes y Letras a lo largo y ancho del país… El caso es que hay posibilidades.

“Yo no me aventuraría a desarrollar un proyecto tan integral, porque siento que me faltan capacidades y referentes. El ejercicio cotidiano del periodismo cultural solo me ha dejado una certeza: hay que seguir estudiando siempre, hay que seguir aprendiendo siempre: nunca vamos a llenar todas nuestras lagunas culturales”.

¿Cuáles son sus aspiraciones inmediatas en nuestros medios de comunicación y, en especial dentro de su esfera cultural? ¿Qué autores y bibliografía le satisfacen más referidas a dichos temas?

“No tengo grandes aspiraciones en los medios de comunicación. Estoy satisfecho con lo que hago ahora y francamente, no quisiera hacer más: mucho tiempo me ocupa ya. Eso sí, quisiera hacerlo cada vez mejor, con más autoridad y suficiencia, comprendiendo mejor los procesos culturales (que son muy complejos, que ameritan estudio concienzudo); quisiera tener un conocimiento más abarcador del amplísimo espectro del arte y la literatura, y que se ese conocimiento no fuera solo información pasiva, sino que fuera punto de partida para análisis más serios y contundentes. Tengo que mejorar todavía el “cómo”, el aspecto puramente formal de la comunicación (a veces veo o leo mis comentarios y me quedo muy insatisfecho, como supongo quedarán no pocos televidentes y lectores). Alguien me dijo un día que en este oficio (como en otros tantos) nunca acabas del todo.

La lista de autores y bibliografía es tan larga que no me animo a enumerarlos. Leo mucho, leo de todo: libros de teoría (particularmente de la danza, que es el arte en el que pretendo especializarme); libros de ensayos, periodismo, poesía, teatro… y muchas novelas, que son mi lectura preferida. Pero hay una “bibliografía” en la vida que hay que aprovechar: las experiencias más o menos cotidianas, desde las más simples hasta los grandes acontecimientos. El crítico tiene que ser, por esencia, curioso. Como el niño que quiere saber qué es lo que hay dentro del juguete que le acaban de regalar”.