Peregrinaje de Borges por los laberintos de Dante

Peregrinaje de Borges por los laberintos de Dante

  • Diseño de cubierta.
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Arassay Carralero Mariño es una joven filóloga que por primera vez aparece como autora en esta fiesta editorial que es la Feria Internacional del Libro de La Habana.

Para esta 26 edición propone el texto Peregrinaje de Borges por los laberintos de Dante, un estudio que nació como ejercicio final de la licenciatura en Letras y el cual fuera tutorado por la profesora y ensayista Mayerín Bello Valdés.

Según refiere la ganadora del premio Pinos Nuevos de Ensayo e Investigación en el 2016, el texto aspira apropiarse de los presupuestos borgeanos, en un intento de evocar su obra y la de Dante Alighieri.  

El volumen comprende dos ensayos y se vale del análisis del proceder exegético borgeano; asimismo ofrece herramientas para quienes pretendan aproximarse a la obra de Dante o de Borges.

¿Cómo llegaste a publicar?

Peregrinaje de Borges por los laberintos de Dante, que es el primer texto que publico como libro, resultó vencedor del Pinos Nuevos 2016, en la categoría investigación y ensayo. Este certamen, como tantos otros concursos literarios en nuestro país, ofrece a los autores premiados la publicación de la obra.

¿De qué manera está estructurado tu libro? ¿Para qué público lo has concebido?

Está compuesto por dos ensayos. “Dante en Borges: testimonios de un diálogo” y “Nueve ensayos dantescos. Otras disquisiciones”. En el primero puede leerse sobre los acercamientos de Borges a la Divina Comedia, los rasgos de estilo que en reiteradas ocasiones comenta al poema dantesco.

El segundo está dedicado a ese grupo de textos —muchos de ellos publicados antes en revistas— que en 1982 ve la luz como libro: Nueve ensayos dantescos. El estudio se detiene en momentos de la Comedia que han sido especialmente polémicos.

En todo el libro se explicita, por medio del análisis del proceder exegético borgeano, su propia poética.

Creo que para los profundos conocedores de Jorge Luis Borges y Dante Alighieri, mi libro resultará bastante parco; no así para quienes quieran aproximarse a la obra de uno de ellos, o de ambos. Si este último fuese el caso, puede convertirse en un camino útil para iniciar el peregrinaje.

¿Qué quisieras que encontrara el público lector en Peregrinaje de Borges por los laberintos de Dante?

Aquí permíteme citar a Borges y citar algo de mi texto. Hay algunas dimensiones que no desearía que pasaran inadvertidas por aquellos que vean el libro. En la presentación las enuncié y las reitero en este espacio: la preocupación de Jorge Luis Borges por el receptor; los procedimientos exegéticos borgeanos al acercarse a la  Divina Comedia; la maestría para aunar en la sincronía del texto nociones culturales de tiempos y espacios disímiles.

Acercarse a la obra de Jorge Luis Borges permite constatar, ya que no descubrir, la erudición de un hombre que dedicó todos sus años a la literatura. Las referencias que hallamos en sus páginas abren horizontes que se extienden en el espacio y en el tiempo. Su preocupación por el conocimiento de otras culturas no solo es manifiesta en los textos que dedicó íntegramente a algún tema de la religión, de las literaturas orientales o las germánicas antiguas, sino que, en la ficción o en los ensayos, se vale de rasgos, de nociones, que le permiten equiparar autores occidentales con otros del ámbito oriental.

Borges asocia, así, a los hombres pertenecientes a épocas y espacios diversos. En Nueve ensayos dantescos subyace también ese principio de poner en diálogo textos muy distantes entre sí.

Respecto a la preocupación por los receptores en relación con la Divina Comedia, me gustaría comentar una cita de la primera de las conferencias recogidas en Siete noches, donde el argentino escribe:

(…) nadie tiene derecho a privarse de esa felicidad, la Comedia, de leerla de un modo ingenuo. Después vendrán los comentarios, el deseo de saber qué significa cada alusión mitológica, ver cómo Dante tomó un gran verso de Virgilio y acaso lo mejoró traduciéndolo. Al principio debemos leer el libro con fe de niño, abandonarnos a él; después nos acompañará hasta el fin. A mí me ha acompañado durante tantos años, y sé que apenas lo abra mañana encontraré cosas que no he encontrado hasta ahora. Sé que ese libro irá más allá de mi vigilia y de nuestras vigilias.

Con un didactismo evidente marca un itinerario a seguir, un algoritmo de lectura para enfrentar el poema de Dante. Con tal de que el lector se acerque a la Comedia señala, en el prólogo a los Nueve ensayos dantescos, aquellos “caracteres menos abrumadores y harto más deleitables”: las “ternuras” y “delicadezas”, la precisión de las imágenes, el carácter vívido de los pequeños “dramas” que se muestran en el poema. Emplea su erudición para allanar el camino a los lectores, para propiciarles el encuentro con un libro que no está habitado solamente por un complejo conjunto de referencias capaces de satisfacer las expectativas de los más avezados especialistas, sino, un libro que posee esos rasgos en los que puede complacerse aun la búsqueda argumental, inocente. Con ello Borges deslinda los niveles de lectura de la Comedia y manifiesta los resquicios por donde pueden penetrar cada uno de los lectores contemporáneos.

Sobre la exégesis borgeana de la Divina Comedia se puede señalar que el autor argentino  construye las soluciones al texto, con procedimientos hermenéuticos que indagan no solo las relaciones de esta con las series literarias, históricas, culturales; su hermenéutica indaga, también, en las motivaciones emocionales e inconscientes de Dante. Borges maniobra con el texto. Recurre —sin recelos— a nociones de la vida —y del imaginario que nos ha llegado— del autor histórico Dante, de los antetextos de la Comedia. Manifiesta una erudición vasta sobre el poema dantesco y los textos dedicados por críticos y escoliastas.

De la combinación de estos aspectos surgen las interpretaciones que quizás un teórico no tome como la explicación definitiva, pero, sin dudas, sí como una interpelación directa al receptor, un saludable ejercicio del pensamiento, y el convite a la lectura desprejuiciada, que procure, sobre todo, la búsqueda del placer estético.

De muchos de esos presupuestos borgeanos quise apropiarme e intenté que la evocación a su obra y a la de Dante Alighieri, fuese “un jardín de senderos que se bifurcan” hacia otros horizontes culturales que permitan el enriquecimiento del lector.

¿Qué nuevos planes de publicación tienes?

Ahora mismo estoy empezando con el proyecto de un libro de ensayos literarios, un poco en el ámbito de los estudios de literatura comparada. Pero el propósito es que, después de una investigación lo más exhaustiva posible —hasta donde nos lo permitan nuestros límites—, el texto sea el humilde servicio de homenajear y difundir la literatura. 

Este librito sobre Borges y Dante, que nació como ejercicio final de la licenciatura en Letras y que fue tutorado por la profesora y ensayista Mayerín Bello Valdés,  ha sido un proceso de aprendizaje en muchos sentidos, y además nos hizo pasar excelentes años en la lectura de esos dos grandes escritores. Creo que el mayor valor que puede tener es precisamente el de la difusión, la evocación a los dos autores y el abordaje sistémico en nuestro país de la funcionalidad de la obra dantesca en Borges.

Esa es la naturaleza del que estoy iniciando, una obra de goce, rescate y difusión. Con el deseo de que otros también conozcan esos goces. Pero tardará algunos años en concluirse, aún no piensa en editoriales. Como tampoco, un par de libros, uno de cuentos y otro de poesía, que están terminándose —con paso particularmente lento—.

Por otro lado están las traducciones, de las que no soy autora, pero disfruto mucho ese adentrarse en un mundo en el que funges como un artesano del lenguaje. En este campo también estoy todavía en el umbral, en continuo aprendizaje. La iniciación la he tenido con dos libros que se publicaron recientemente El castillo de papel (narrativa), del escritor italiano Davide Barilli (Colección Sureditores, 2017), y Mantua, Cuba (Greta Edizioni, 2016), de Davide Barilli y el fotógrafo Paolo Simonazzi. Con algunas amigas estamos traduciendo una selección de textos del Renacimiento italiano. No es la premura por publicar lo que nos mueve, quisiéramos, sobre todo, alcanzar un rigor que no desvirtúe los textos y que sea de provecho para el lector.