Rafael Villares: "Considero que todo gesto humano, en tanto gesto cultural, implica la producción de un paisaje”

Rafael Villares: "Considero que todo gesto humano, en tanto gesto cultural, implica la producción de un paisaje”

  • Mi fascinación por el paisaje no es fortuita, fue algo a lo que llegué por el interés que despertó en mí las diferentes definiciones del término. Fotos de la autora.
    Mi fascinación por el paisaje no es fortuita, fue algo a lo que llegué por el interés que despertó en mí las diferentes definiciones del término. Fotos de la autora.
  • Mi fascinación por el paisaje no es fortuita, fue algo a lo que llegué por el interés que despertó en mí las diferentes definiciones del término. Fotos de la autora.
    Mi fascinación por el paisaje no es fortuita, fue algo a lo que llegué por el interés que despertó en mí las diferentes definiciones del término. Fotos de la autora.

Grandes raíces que conectan un piso con el siguiente, mapas de papel que animan a ser re-diseñados, transformados a voluntad, diferentes ríos y fórmulas químicas que descomponen en variables la belleza del paisaje se dan cita en la última exposición de Rafael Villares en Factoría Habana. Divergencias: paradigma líquido viene a resumir años de experimentación, la concreción a través de relaciones de colaboración de resultados visuales y la conjunción feliz de lo orgánico, lo tecnológico y su visión poética de la naturaleza y sus fenómenos.

Graduado del Instituto Superior de Arte en 2015, Rafael Villares es uno de los artistas jóvenes cuya trayectoria ya acumula varios méritos. Entre sus exposiciones personales en el último año se encuentran: Eco, realizada en la Galería Artis 718, del Fondo Cubano de Bienes Culturales y Tempestad Cromática como artista invitado a la 12 Bienal de La Habana, así como Árbol de Luz como parte del proyecto Detrás del Muro.

Ha recibido varios premios y residencias entre los que se encuentran: la Residencia Vermont Studio Center Fellowship Award (E.E.U.U)  y la Beca de Creación Studio 21 que ofrece el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales (CDAV). Con motivo de esta muestra que propone una noción más amplia del paisaje entablamos el diálogo.

Estela Ferrer: Esta exposición de Factoría Habana resume parte de tu trabajo anterior, pero también incluye obras nuevas que dialogan con la complejidad de este espacio, ¿cuál es el tema central que abordan las piezas?

Rafael Villares: Primero comentarte que esta expo es una especie de deuda saldada conmigo mismo. Desde 2014, cuando comencé a redactar mi tesis del ISA ¿Cómo redefinir nuestra noción de paisaje? y con la que me graduaría un año después, tenía pensado en algún punto mostrar un resumen de esa investigación.

No exponía de manera personal desde hacía 4 años[1]. Cuando Concha Fontenla me propuso hacer este proyecto como una especie de work in progress[2], nos planteamos retomar un par de obras anteriores con la condición necesaria que se realizara todo nuevamente a la medida del espacio de la galería.

Pudiera decirte que es una expo sobre paisaje, solo si te piensas el paisaje desde una dimensión activa de este, donde no existe una relación entre espectador y espacio observado sino solo observación, creación, transformación. Es absurdo pensarse el paisaje desde la contemplación o el halo romántico al que siempre está asociado. Lo que ves es lo que es, lo que eres. La imagen percibida fuera es una construcción cultural de tus sentidos. Las obras en la exposición juegan todo el tiempo con la capacidad creativa del espectador, de su poder transformador. Por eso obras como Geopolítica creativa, Delta común o Cauce Amazonas-Hamza donde la visión del espectador, la manipulación o la circulación alrededor de la obra es lo que la completa.

EF: Esta muestra evidencia la importancia que en varias poéticas del arte cubano contemporáneo poseen las colaboraciones con especialistas de otros campos, ¿cuánto demanda de ti esta colaboración ya que parten de tu idea?

RV: El arte no puede ser visto fuera del campo de la colaboración. La vida misma es imposible sin este tipo de relaciones. Creo que todo gesto es colectivo, es imposible vivir en soledad. La mayoría de mis obras involucran siempre al otro, como gesto primario para entender que la obra no es una vía de un solo sentido. Involucrar dentro del campo del arte terrenos supuestamente ajenos a él es algo que disfruto hacer. La colaboración es propicia para confrontar saberes, diversificar una misma idea en múltiples aristas. Esto necesita de cierto despojo del halo del artista como demiurgo, al escuchar e incluir la visión de los que colaboran. Uno debe convertirse en una canal, me gusta la idea del artista como mediador. La idea, como un relato, cambia en el momento en el que se la cuentas a otro y esta a su vez regresará a ti tiempo después con el disfraz de otra idea… Ese es, creo, el hábitat natural de la obra.

  • La exposición manifiesta una amplia diversidad de soportes desde piezas con materiales blandos, video y dibujo hasta grandes instalaciones y talla en ladrillos. La pluralidad de soportes es un acierto, pero supongo que también un problema al plantearse la museografía, ¿cómo se fue decidiendo la ubicación de las obras?

RV: Parte del trabajo en colaboración, de la dinámica de la expo, es haber contado con la curaduría a cargo de Concha Fontenla. Su visión y la del equipo de Factoría eran fundamentales para mostrar una perspectiva desde afuera, abarcadora y que aprovechara el espacio en su totalidad.

Factoría Habana es un sitio singular, creo único en Cuba, que te da la posibilidad de desplegar tu poética en un mismo lugar. Como las pieles de una cebolla, la expo está dividida por capas y se va contando a si misma por los tres pisos de la galería. Es, por lo tanto, una expo que pretendió ser inclusiva, pensada desde la curaduría como una gran instalación. Obras que son entre ellas parte y todo a la vez. El espacio te permite además tener visuales no solo planas de cada piso sino diagonales entre ellos gracias al lucernario en el centro de la galería. De forma tal que, por ejemplo, Geopolítica creativa en la planta baja se monta en la visual de Polaris en el último piso, el mapa construido por el espectador se mezcla con la imagen del espectador sobre el mapa de la bóveda celeste. Por eso también la ubicación de Lluvia, como instalación que no solo conecta morfológica y simbólicamente el rayo que cae con la rama que crece, sino también sirve para conciliar cada piso de la galería como una unidad.

EF: Tu trabajo actual desborda los conceptos tradicionales de paisaje al dilatar sus márgenes y yuxtaponer diferentes geografías en el espacio físico de La Habana, ¿por qué te interesan tanto estas contaminaciones? ¿Cuándo decidiste que la tecnología fuera también un medio o instrumento para discursar sobre el paisaje?

RV: Mi fascinación por el paisaje no es fortuita, fue algo a lo que llegué por el interés que despertó en mí las diferentes definiciones del término, su carácter escurridizo, difícil de catalogar y las implicaciones filosóficas que encontré en él. Más aún con la visión casi siempre tradicional y romántica a la que está asociado.

Por lo tanto, podría aventurarme a decirte hoy que no es que esté hablando de paisaje, sino que considero que todo gesto humano, en tanto gesto cultural, implica la producción de un paisaje.

Para mí el término no se refiere a un género, a una forma de hacer o a una determinada estética asociada al culto de la naturaleza. Son los procesos para conformar la ‘’idea” de paisaje, lo que me interesa. Así que me sirven todos los medios al alcance, y la tecnología es fundamental en el mundo contemporáneo. Lo que me llama la atención es el tratar de entender por qué vemos las cosas de una forma u otra. Cambiar la noción de paisaje, a una noción participativa, que te involucra, que no está fragmentada, que pertenece a la mente y al imaginario colectivo, significa hurgar en la condición humana, si es que existe, replantearse la creatividad como una postura al levantarse todos los días.

EF: Es arriesgado convertir en un terreno tan experimental una manifestación donde casi siempre lo esperado es lo testimonial, la inmortalidad del referente como ocurre de cierto modo en la foto del último piso que verifica tu estancia en dos puntos equidistantes de la isla de Cuba, ¿por qué apelar a la fotografía siendo además casi siempre manipulada y renovada a través de múltiples ecuaciones? ¿Por qué abrazar el riesgo?

RV: La isla es del tamaño de mi próximo paso (2018) es una obra que se enlaza con proyectos anteriores como Finisterre (2005) y Bojeo a Cuba[i] (2010). Lo que me gusta de la fotografía es que no importa sea una documentación, un testimonio, una manipulación o una instantánea a lo Cartier-Bresson, siempre es una construcción. En ese sentido toda representación lo es. Aquí me parecía fundamental hacer dialogar los errores del mapa, con la construcción del horizonte a través del viaje, de la acción de replantearse la territorialidad de un espacio y de compartir esa experiencia personal como una interrogante colectiva propia de los tiempos en que vivimos.

La respuesta a la pregunta de si hice el viaje o no entre costa norte y sur, de si estuve en el lugar exacto que señalan los paralelos y meridianos es tan imprecisa como decir que el mapa de la isla que vemos es en verdad la masa de tierra que habitamos. Lo único preciso es que lo queremos ver depende totalmente de nuestro próximo paso.

EF: Si en esta muestra, incluso, desde un sonar obtenemos una narración líquida de la vida misma desmontada en mapas, fórmulas, torbellinos atrapados en un pequeño vaso de cristal, ¿cuál será la próxima obsesión de Rafael Villares?

  1. : En el arte, como en la vida, hay que dejarse llevar. La curiosidad y la intensión de compartir las respuestas halladas son matices que no se deben perder. Si hay alguna obsesión es la de cuestionarme a mí mismo. Cuando lo hago, siento que estoy cambiando el mundo.

                                                                                                           

 

[1] Exhibición personal Eco, en la Galería Artis 718, diciembre de 2015.

[2] Divergencias: Paradigma Líquido tuvo una producción con una dinámica particular, la galería fue cerrada durante más de un mes para el montaje y tanto la mayoría de las obras como las colaboraciones se hicieron in situ. La exposición es, además, la segunda etapa del work in progress curatorial que Concha ha llamado Initínere, que comenzó con la exposición Convergencias. Gonzalo Córdova/Luis Ramírez y que culminará en la XIII Bienal de La Habana con la exhibición Intersecciones.

 

[i] Bojeo a Cuba (2010), fue un proyecto pensado para realizar cuando se cumplían 500 años del bojeo realizado por Sevastián de Ocampo y que desmentía la idea de que Cuba era un continente. La obra tenía la intención de organizar a un grupo de artistas e invitarlos a hacer un bojeo para repensar el territorio cultural y el devenir de la isla. Se tomarían fotografías de la costa norte y la costa sur que luego mediante una instalación se empatarían de forma tal que la isla pareciera un continente nuevamente. Por cuestiones de producción el proyecto ha permanecido en mi cuaderno de apuntes, a la espera de realizarse.