Religión y humor en la novelística de F. Mond

Religión y humor en la novelística de F. Mond

  • El escritor F Mond. Foto tomada de internet
    El escritor F Mond. Foto tomada de internet

Entrevistar a un humorista no es nada fácil. Ya se darán cuenta.

Efe, eres un autor popular, la gente te conoce mucho. Pero, de vez en cuando te pierdes, no apareces en los medios, y como dirías tú, ni en las pesetas. De ahí que me interesara saber que estás aquí, entre nosotros, que no has pasado a mejor vida en ninguno de los dos sentidos. Y que estás solo tan loco como la mayoría de la gente. No más. Ni menos.

Por otra parte, no veo tus novelas en librería. Y esa ausencia tanto en persona como en obra llama la atención de los lectores.

¿Estás dispuesto a responder con sinceridad y trasparencia?

Sí, con la sinceridad de Maquiavelo y la transparencia de un cristal nevado. 

Entonces, toma aire como si fueras a zambullirte en aguas profundas y responde.  Escribes, sobre todo, Ciencia ficción. ¿Cuál es tu libro favorido en esta temática?

La Biblia. Creo que ha sido fuente de inspiración para muchos de los escribimos en esa cuerda. Para mí, es un libro fascinante. 

Pero, además de leerla, también la estudiaste. Eres graduado del Instituto Superior de Estudios Bíblicos y Teológicos (ISEBIT) ¿Quiere decir esto que eres un hombre de fe? Porque esa es una parte completamente inexplorada de ti.

Sí, soy un hombre de fe, pero no milito en ninguna denominación religiosa y respeto a todo aquel que profese una fe en cualquiera de sus variantes. Creo que es tan inherente al ser humano como el propio raciocinio. Soy un hombre de fe en el hombre, porque, para mí esa palabra tiene otro sentido, no solo el que a la práctica religiosa concierne. Pero esto ya pertenece al campo de la filosofía. Y la filosofía es la ciencia que da explicaciones incomprensibles a cosas que todo el mundo comprende, así como la Lingüística nos enseña a tomar helado en barquillo sin embarrarnos los dedos.  

No te me desvíes, sigue contestando. En tus novelas siempre sale a relucir el aspecto religioso…

Efectivamente, incluso hay dos de ellas cuyo tema es netamente religioso.

Si, recuerdo: Vida, pasión y suerte y Los que deben morir

La primera es una versión (más), paralela a la que aparece en el Nuevo Testamento,  acerca de quién pudo haber sido Jesús de Nazareth; en ella se plantea la variante de que quizás hubiese sido un experimento koradiano en la Tierra. Y en la segunda, se expone un dilema: ¿qué hubiera sucedido si Saulo de Tarso, no hubiese tomado por el camino de Damasco? Sería un giro muy significativo, pues, cuando Saulo va camino a esa ciudad, se produce el milagro que lo convierte, de perseguidor de cristianos, a pilar de esta secta en formación dentro del mosaísmo. Se plantea una reconstrucción de ese hecho que aparece en la historia sagrada.  

¿Por qué te interesa escribir sobre el tema bíblico, fue acaso la Ciencia Ficción lo que te llevó a ello, o fue a consecuencia de tus estudios?

No, fue una cuestión de imaginar alrededor de hechos que me llamaron la atención en cierto momento, cuando leía textos acerca de las diferentes “historias sagradas” que ha escrito el hombre, incluyendo las mitologías. Encontré aspectos muy curiosos y comencé a imaginarme explicaciones razonables. Eso es todo.

Pero Efe, debe ser algo complicado combinar temas tan serios y profundos como es la figura de Jesús o de Saulo de Tarso (San Pablo), mentor y baluarte del cristianismo, respectivamente, y sacar a relucir aspectos humorísticos como lo haces sobre todo en la novela Vida, pasión y suerte.

Para mí no es tan complicado ver esas historias desde el lado humorístico. Lo difícil es apartarme de ese tratamiento cuando escribo sobre cualquier tema. Es como una tendencia a la que me resulta muy difícil eludir. Y tengo la experiencia de la segunda novela que te mencioné: Los que deben morir. En esta tuve que hacer un gran esfuerzo para no introducir ni un solo detalle que moviera a la risa. Sin embargo en novelas de otro corte que he escrito, el tratamiento humorístico ha sido prácticamente inevitable y muy espontáneo. Por ejemplo, en Crónicas Koradianas, el capítulo que corresponde a “Qué comedia más divina” trata el tema del surgimiento de la orden de los jesuitas (los pituitas, como aparecen allí) y de lo que narra Dante en la divina comedia. Todo eso salió, yo diría, inevitablemente.

Si fueras un escritor del siglo XV, seguramente te hubieran llevado a la hoguera por el carácter herético de tus novelas.

No lo dudes. Me hubiese visto chamuscado como puerco en púa.

¿Efe, crees que haya algún Ser supremo?

Creo que es necesario, pero no definitivamente obligatorio.  En este particular me adhiero a la opinión de Molière: “Si Dios no existiera, habría que inventarlo”.

Por otra parte, en muchos de tus libros publicados la Historia desempeña un importante papel. ¿Te complace esa combinación de lo real con lo ficticio?

En realidad, siento un gran placer a la hora de investigar el entorno en el que vaya a desarrollarse la novela. Para mí, todo ese proceso de indagación acerca de todo aquello que rodea la novela, que mueva la trama, esa búsqueda detallada se convierte en una de las grandes satisfacciones espirituales e intelectuales que me mueven a la hora de escribir. Me gusta mantener bien situado al lector dentro del entorno histórico en el que se mueven los personajes. Procuro casi siempre ser fiel en ese sentido. Por ejemplo, en mi novela inédita Recuérdame, aparece el caso del espía nazi que, en 1939, radicaba en La Habana; pues, la dirección y el nombre de la tienda de modas que utilizaba como fachada, así como el lugar donde vivía, en la calle Amargura, son exactos y reales. El lector puede llegarse hasta allí y ver esos lugares, que aun existen. No quiero decir con esto que sea requisito indispensable esa rigurosidad en una novela. Como género en sí, la novela se nutre tanto de lo real acontecido como de lo que se le ocurra imaginar al autor. Pero siempre trato de ser fiel. Hasta donde se puede, pues, en esa misma novela se habla de una cantante de boleros que no pertenece exactamente a la época en la que se la sitúo. Se trata de Blanca Rosa Gil, que en 1939 aún no había nacido.

Efe, cerraría esta entrevista con la clásica y retórica pregunta de los periodistas “Qué estás haciendo ahora” pero esa no te la voy a hacer, porque sé que me vas a responder: El ridículo. Pero yo insisto: además de eso, ¿sigues escribiendo?

Por supuesto, es algo que no puedo dejar de hacer. Últimamente he terminado: Caudillo de vodevil, novela de corte histórico basada en la vida de Narciso López. Soy, además, coautor, junto con el ingeniero Lorenzo Rosado, de la monografía: Marianao en el recuerdo, casi al publicarse por Boloña. Y para continuar con la tónica novelística, concluí muy recientemente la trilogía: Hasta que la muerte nos una, Recuérdame, y Alma y corazón. Cuyos protagonistas andan por los 17 ó 18 años y se desarrolla en mi querida Habana. Pienso que pueda que sea del agrado de la gente joven. Es una trilogía que incluye amor y aventura, tratados de una manera muy fresca y optimista. No me gusta ser trágico. En estas tres novelas, la muerte pierde su sentido funesto, hay otro tratamiento en cuanto a ese concepto fatal que de ella normalmente se tiene. Ese detalle impregna la trilogía de una visión optimista de la vida, pues no necesariamente el fin de la vida implica el fin de la existencia.

Exacto, según me comentabas, tus personajes pasan de una fase del espacio tiempo a otra. Y es precisamente por esta trilogía, aún inédita, que me da la impresión de que últimamente estás incursionando en teorías modernas, la de los mundos paralelos, por ejemplo. Pero no voy a decir más, el resto se lo dejo a los lectores.

Por: Ketty Blanco